domingo, 1 de junio de 2014

El viaje parte II: La ida

El mar es hermoso, grande, misterioso, como un gran ente infinito que nos observa, burlándose de nuestra ignorancia.

Luego de recordar quien era y alejarme de la playa me encontré en este malecón, sentado frente al mar. Escucho las olas y me quedo como si estuviera en un sueño.

Luego de un rato -No se cuanto, el tiempo se me hace difícil últimamente- se me sentó al lado una mujer, una muy hermosa cabe mencionar, tenia un vestido largo negro y llevaba el pelo suelto, largo hasta la cintura -Como virgen de pueblo dirían algunos- y solo se quedo ahí, alternándose entre verme a mi y ver el mar.

A mi me encantaba pasar horas sentado en el malecón viendo el mar, me traía recuerdos. Viejos noviazgos, días de playa, noches de besos o simplemente momentos con el mar, pensando en sabrá Dios que cosas.

Y ahora estoy aquí de nuevo, y con una hermosa mujer, que bella es de verdad. 

-Si soy bastante hermosa- 

Fue lo primero que me dijo, nunca fui muy aficionado de la modestia pero si me tomo por sorpresa.

-Puedo ver como me miras, espero no te haya parecido grosero como lo dije-

-No, para nada-

No hablo mucho con la gente que apenas estoy conociendo, es después que quieren que me calle.

Pero con ella no necesitaba familiaridad, la conozco desde que tengo uso de razón, solo no la había notado, soy bueno ignorando lo que no quiero ver. Cuando la veo a la cara lo noto, a ella le pasa mucho, la ignoran hasta que esta frente a la gente y les habla a la cara.

Es lo que pasa con ella, nadie quiere verla hasta el último momento y cuando la ven un poco antes se asustan y se ponen existencialistas por alguna razón que ella no entiende. Es como es, pero ella no esta feliz con eso, se nota en su cara pálida y en sus ojos negros, esta triste.

-¿Nos vamos?- me dice suavemente

No me pregunta porque tenga opción, creo que lo hace solo por educación. ¿Como decirle que no? Menos ahora, que la tengo en frente y tengo esos ojos azabache que me miran tristes, resignados a lo suyo.

Asiento con la cabeza y bajamos por el malecón.

El cielo esta nublado pero el mar tranquilo; cae una pequeña llovizna; el viento hace que su vestido se mueva con el aire y su cabello negro baile frente a mi. En la costa hay un bote pequeño y unos remos, no hay mas nadie cerca, solo los dos.

Me monto en el bote y le doy la mano para ayudarla.

-Gracias, no son muchos los que me ayudan-

Le creo, sus brazos están marcados por los remos, supongo que es natural que algunos  le obliguen a ella a remar por ellos para irse, pero yo no lo haré, me parece de mal gusto, y bueno, siempre me ha costado decirle que no a una mujer.

Empece a remar mar adentro, el aire frío me pegaba en la nuca mientras la veía frente a mi, esta recostada del borde, una mano le guinda y toca el mar, como probando el agua antes de bañarse.

-¿Cuanto tiempo llevas en esto?- le pregunte, me pareció justo que me hablara si yo era el que remaba

-Más tiempo del que puedes imaginarte, ustedes creen que son los primeros, todos juran que lo son, pero como tu han habido miles de millones mas, unos mejores que otros, ustedes no son tan malos-

-¿No somos tan malos?-

-Algunos son groseros y me hacen trabajar mucho, también han inventado cosas que los aleja mas de mi y se quedan en esa playa donde nadie sabe quien es, yo no soy mala ¿Sabes? solo hago lo que tengo que hacer-

-¿Y que es lo que tienes que hacer?-

-Llevarlos-

Todo tiene algo de sentido ahora -Al menos para mi- Se le nota en la voz el resentimiento, aunque dice que no somos tan malos, no puedo imaginar quien sería peor.

-Y, ¿Nunca has querido dejar de hacerlo?- le digo

-¿Que cosa?-

-Esto que haces-

-No puedo hacerlo, no esta bien-  me dice y me ve a la cara sonrojándose como una niña pequeña cuando se le dice una grosería que esta prohibida.

-¿Lo has intentado?-

-Bueno... no, no lo he hecho-

Basta un solo humano para sembrarle a alguien como ella esa idea en la cabeza.

Me dan ganas de dejar el bote, de volver a tierra y recriminar a todos por odiarla, ¿Cuantos no han dejado de disfrutar algo por miedo a ella? ¿Cuantos no habrán dejado de vivir solo por evitarla? Hay quien la busca, quien se entrega de lleno a ella, pero muchas veces es egoísmo, son pocos los que quieren algo de ella, y yo... yo soy otro mas que la evitado, pero conociéndola ahora quisiera defenderla, por inútil que fuera.

Ella solo hace lo que tiene que hacer, sin maldad ni prejuicio, pero supongo que es así como debe ser.

-Llegamos ¿No?- le pregunto, solo por buscar conversación, yo sé que llegamos

-Si, aquí estamos, ¿Alguna otra cosa antes de que te vayas?- me dice con su cara llena de nostalgia

-Dos cosas-

-A ver dime-

-¿Porque siempre estas tan triste?-

-Te va a dar risa, yo siempre he estado en esto, desde hace mucho tiempo... pero aun así no me gustan las despedidas-

Posiblemente lo mas irónico que he escuchado en mi vida -o muerte- no puedo evitar reírme cuando lo escucho. Ella soltó una pequeña risa también, se ve muy rara, se nota que ríe poco.

-¿Lo segundo?-

-Algún día intenta lo que te dije- respondí mientras con una mano tomaba su cuello y la besaba

Su sorpresa se fue rápido y le abrió paso a una sonrisa apenada, creo haber escuchado un lo intentaré susurrado, pero no estoy seguro.

¿Que mejor despedida que una muerte que susurra mientras ríe?

 Y así tan fugaz como ese beso me acabé yo.