jueves, 13 de marzo de 2014

Mensaje al extremista

En estos tiempos tan brutalmente literales me harté de cartas a una nación, tal vez me deje llevar demasiado por un idealismo hermoso -no me pueden culpar por imaginar un mundo mejor- pero si pueden culparme por no ver el que tengo frente a mi.

Es por esto que no le escribo al país, no le escribo al gobierno y como te puedes imaginar eso no deja mucha gente, entonces si, te estoy escribiendo a ti.

A ti que me estas leyendo se que como tu no van a haber muchos mas, quisiera preguntarte porque tienes tanto odio dentro de ti. Me imagino que respuesta me vas a dar, aunque no te escucho porque solo te escribo me lo imagino y haré mi mayor esfuerzo por acompañarte en tu sufrimiento vivo.

Porque no hay comida y hay que hacer filas largas y molestas para buscarla, porque no hay papel para que el periódico llegue, porque las medicinas no llegan y si llegan están muy caras, porque la burocracia nos presiona hasta enloquecer, porque estamos molestos, porque queremos decir lo que queremos cuando queremos y porque nos irrita a mas no poder no ser capaces de salir sin esa picazón de pensar que nos pueden matar, porque cuando nos pasa un policía por al lado tenemos tanto miedo como cuando nos pasa un motorizado.

Estamos molesto, si lo estamos, yo también lo estoy, yo quiero irme a estudiar en un país donde pueda desarrollarme como humano, donde pueda ser feliz, yo también estoy molesto pero no comparto tu odio.

No quiero vivir en un país donde este gobierno siga pero como estamos caminando tampoco quiero vivir en un mundo donde esta resistencia malsana triunfe.

En este momento me puedes insultar, puedes llamarme indiferente, poco comprometido, irresponsable, mira, por lo que me afecta puedes hasta decirme desagradecido porque hay quien se sacrifique y muera por mi.

Habiendo superado tu momento de rabia -Si es que no cerraste esto en un ataque de ira y me dejaste escribiendo solo, en cuyo caso te respeto y te suplico te cuides allá afuera- solo quiero hacerte un llamado de atención.

El país es mucho mas de lo que estamos en contra, podríamos ser mayoría, -Cosa que no sabes tu ni tampoco yo- pero aun así, una mayoría es la que nos ha dominado por ya 15 años, ¿Sinceramente crees que la respuesta a nuestros problemas es convertirnos nosotros en los opresores de turno? Porque déjame decirte que eso solo va a crear un ciclo en el que mas temprano que tarde seremos oprimidos nuevamente.

Si, nos están reprimiendo, están matando a manifestantes, no hay un simple ápice de correcto en nada de esto, pero si la alternativa es asesinar y torturar como lo hacen ellos, vayan, y de triunfar, como los héroes que serán -Porque héroes quieren ser ¿No?- tomen el ultimo sacrificio y váyanse del país que liberaron, pues no hay espacio en una civilización de progreso para asesinos y torturadores, como bien dicen ustedes mismos.

En esto ultimo pecare de extremista, pero aparentemente es el extremismo lo único que da resultado en las mentes del país, el extremismo de cualquier cosa que no sea AD ni COPEI que nos llevo a esta revolución, el extremismo de cualquier cosa que no sea Chavez que nos llevo a postular a Rosales, el extremismo que hoy nos hace gritar que tal vez la mejor solución sea matar al otro lado y empezar de nuevo -Cosa en extremo difícil si tomas en cuenta que el otro lado es el que tiene las armas-

Vivimos bajo este extremismo con la maldición de estar etiquetados, y nadie se salva de estarlo, o eres de uno o del otro, o a favor en contra, nunca tu, nunca solo un humano con errores y matices, en este país solo existimos personajes mal escritos de una película fácil de olvidar y de censura b, o somos buenos y virtuosos o somos una caricatura de maldad donde todo lo que pensemos, digamos o hagamos no solo esta errado sino ademas es nefasto.

¿Que busco con esto? Si a estas alturas aun no me has abandonado te diré.

Si es posible, quisiera que este escrito, este conjunto de letras que cualquiera podría escribir y que todos deberíamos escribir en nombre de una verdadera paz, sirviera para que el que lo lea tenga un poco mas de tolerancia con los hermanos, no solo venezolanos, sino humanos con los que convive.

Si sientes que tu lugar es en una barricada y es tu lucha, vívela, pero no maldigas al que no este de acuerdo contigo, si ves a alguien del otro bando no le grites que se muera, intenta hablarle, y si no quieren pues que no lo hagan, pero no caigan en el juego del odio.

Ya no hay izquierda ni derecha en este país, estamos sufriendo todos, lo decimos una buena parte de nosotros, no ayudes al sufrimiento con ese odio, si luchar debes lucha, pero hazlo por un objetivo claro, no lo hagas por lastimar al otro.

Mientras la lucha sea por herir al contrario, nuestro castigo es y sera repetir esto, una y otra vez.

domingo, 9 de marzo de 2014

El príncipe guerrero

Luciano creció sin tener una idea de donde venia, y realmente muy poco le importaba.

Deben haber otros con una infancia menos mimada que la de Luciano, pero lo dudo mucho, el sabia que el reino donde lo criaron no era el suyo, y mientras crecía fue notando que era muy rico, mas adelante también se dio cuenta de que a pesar de sus riquezas, no tenia ninguna posición social, ninguna seguridad, la paranoia poco a poco se apropio de el cuando entendió que la lealtad no podía ser comprada del todo, su único y mayor atributo de importancia -Por triste que sea- era su oro, y haría todo lo posible para mantenerlo y, de ser posible, aumentarlo.

En el mundo hay y habrán muchas personas avariciosas, esto no es siempre del todo malo, pero Luciano era una de esas personas particulares que solo quería más por tener más, y así como era, no le importaba en lo mas mínimo a quien atropellaba para aumentar sus riquezas.

Con este objetivo de siempre tener mas oro, Luciano había, desde muy joven, contratado mercenarios que quemaran y atacaran granjas y villas, para que cuando sus habitantes las dejaran comprarlas a un precio menor y luego venderlas a un precio mucho mayor una vez que estos ataque misteriosamente desistían. Luciano se regia por un sistema para generar riquezas al que llamaremos cariñosamente "Capitalismo Sociopático" una suerte de el fin justifica los medios donde, siempre y cuando el fin tenga oro, los muertos en el camino lo valen.

Desde hace mas de un año Luciano tenia el ojo puesto en un viñedo que se encontraba entre una montaña alta y nevada y una costa soleada, en este viñedo ya no se hacia vino, porque se descubrió que había una forma de sacarle más oro a la propiedad plantando flores de nube. Una planta muy particular, era en zonas muy especificas que florecía, y con un proceso no muy complicado podía crearse tela a partir de ellas, algo muy provechoso en las manos adecuadas.

Como era tan lucrativo, estaba bien vigilado y no bastarían unos cuantos mercenarios para cerrar el negocio, por eso Luciano había contratado a un ejercito entero, uno con muy buena reputación, el mejor del continente y como era de esperarse, no salio barato.

Por esto su sorpresa al despertarse y no ver el dragón de oro con detalles en joyas que le había prometido a Lucia, la jefa de aquel ejercito.

-¡Mi dragón!-

Rápidamente agarro la espada que estaba en la pared y se lanzo contra el ladrón que se había escondido detrás de una vitrina de vidrio en el reflejo de supervivencia mas inútil jamas demostrado por un humano.

Lorenzo tenia en su mano un escudo para defenderse de la espada de este hombre, que era, por raro que fuera, muy parecido a el.

La pelea entre Lorenzo y Luciano no fue una de golpes certeros y bloqueos heroicos, ninguno dio un golpe critico y pueden tener por seguro que en ningún momento hubo un momento sorprendente. Ninguno de los dos sabia como, Luciano en algún momento había entrenado con la espada pero no era capaz de golpear con ella de alguna forma que bajar su valor de mercado, así que casi no lo hacia, mientras que Lorenzo se movía lentamente hacia la escalera manteniendo el escudo entre el y el hombre con la espada, cosa que realmente es lo mas importante que se debe hacer con un escudo.

Luciano entendió que no el solo no iba a poder detenerlo, y después de su ira inicial lo primero que se le ocurrió fue negociar, le contó al ladrón lo importante que era el dragón, que era la paga para el ejercito de Lucia, que no se lo podía llevar, pero después de un rato la negociación se acabo cuando Luciano recordó que tenia guardias a su servicio.

-¡Ayuda! ¡Guardias!-

Lorenzo no era ningún guerrero, acelero su paso y llego al segundo piso y se monto sobre la ventana, era una caída considerable, pero sabia que iba a tener que saltar si quería escaparse, el hombre de la torre seguía gritando por los guardias y llego al segundo piso con dos de ellos acompañándole.

El príncipe aun no había saltado, para aquellos que no han saltado de un segundo piso, no es una decisión que se toma a la ligera ni con mucha velocidad, pero una que Lorenzo tomo de todas formas para no convertirse en el príncipe difunto.

Se pego contra la copa de un árbol y cayó directo en un cumulo de paja, se fue corriendo tan rápido como pudo con sus bolsillos haciendo ruido de tanto oro que llevaba.

No pudieron alcanzarlo los guardias, Lorenzo salio de aquel pueblo exitoso y con dos certezas, no debía volver jamás a ese reino, y tenia que evitar a toda costa a la tal Lucia y a su ejercito.

Estaba muy agradecido con su suerte, no tuvo que probar suerte con el papel de guerrero, triunfante el príncipe se fue a disfrutar de sus ganancias después de un trabajo bien hecho.

sábado, 8 de marzo de 2014

Para ellas

Me tomo el momento para escribir sobre ti, mi madre, porque sin ti no fuera y por ti soy, porque con besos y regaños vi a donde ir, por saber que no hay mas bella que tú, por salvarme de mi mas de una vez, por casi nunca equivocarte (Aunque yo te diga que no).

Me tomo el momento para escribir sobre ustedes, mis amigas, porque sin ustedes la locura me había llevado hace rato, por enseñarme a ver mas allá de una cara bonita, porque la cerveza no sabe igual sin ustedes, por los chinos, por los libros, por quererme como yo las quiero.

Me tomo el momento para escribir sobre ustedes, las que ame, porque sin ustedes no aprendo a quererme yo, por darme el amor que me dieron, por enseñarme a amar sin amarrar, por los días de pasión y los besos de ternura, por los atardeceres en el malecón, las noches de confort y música para volar, por las escapadas al cafetal y por adornar mi vida con su ser, por enseñarme que es el amor después del amor.

Me tomo el momento para escribir sobre ti, la que me enamora, porque sin ti no escribiría este pedazo esperando que lo leas, no tendría curvas que admirar ni ojos que mirar; no tendría una voz que anhelar, por darme una emoción mas, por darme ganas para amar.

Me tomo el momento para escribir sobre ellas, porque no tendría prácticamente nada de que escribir, no habría seductoras villanas, labios de carmín, tacones lejanos, pasiones sin fin.

Porque en lo que se refiere a la Biblia, aun sin paraíso a Adán le salió mucho mejor el trato que a Abraham, porque un paraíso sin ustedes no es paraíso, porque son madre, musa, amiga, amante y demás.

En fin, porque las amo a todas, mujeres, las que fueron, son y seran, como ustedes, deberían haber muchas más.

viernes, 7 de marzo de 2014

El príncipe ladrón

Pasaron unos 10 años cuando Lorenzo llego a dar con un pequeño reino junto al mar, ahí había un hombre que según los rumores, vivía en una gran torre, y era uno de los hombres mas ricos del continente.

Era un reino extraño, eso lo noto el príncipe desde que llego, resulta que el antiguo rey de aquel territorio disfrutaba mucho la bebida y la fiesta, y en un ataque de estupidez -Y con ayuda de un sirviente ligeramente psicótico- decidió decretar que estaba prohibido prohibir en el reino. No vivió mucho para ver como funcionaba aquello para el, pues al decretarlo un cierto sirviente decidió clavarle una navaja en la garganta y como nada estaba prohibido, nadie hizo nada para detenerlo.

Así que este reino no tenia rey, tenia muchos herederos que, por miedo a compartir destino con el antiguo rey liberal, no aceptaban el cargo. Entre todo esto se encontraba este personaje misterioso, tenia una de las mas grandes riquezas existentes, pero como vivía en un reino donde todo era legal, vivía en una total y absoluta paranoia.

El blanco era obvio, iba a robar al hombre de la torre, como hacerlo, bueno ese ya era otro detalle. Con los años robando Lorenzo había aprendido a analizar debilidades en vigilancia, ventanas para entrar, paredes que trepar, posibles vías de escape, todo con solo sentarse a observar el lugar que pretendía robar.

Eran muchos los guardias en la entrada principal así que tendría que entrar por el patio trasero, el muro no se veía particularmente alto, podía treparse, aun asi no era lo suficiente bajo el muro para poder ver hacia adentro así que tendría que buscar donde se guardaba el oro una vez dentro. Solo tenia que concretar como y cuando entrar.

Paso una semana evaluando posibilidades, y en esa semana pudo notar una particularidad en la torre en el centro de toda la propiedad. Durante el día parecía que no hubiera vida en ella pero tan pronto oscurecía todas las ventanas abrían y luces de muchas velas alumbraban un cuarto en el primer piso de la torre, el que tenia una ventana al patio trasero.

Al principio no tenia muy claro que significado tenia esto, así que por precaución se tomo una semana extra para buscar cuanto información pudiera al respecto, pero en el pueblo parecía que nadie podía ayudarle, en el castillo del reino, donde la mayoría de los herederos al trono vivían en un encierro absoluto, solo podían decirle que el hombre era tan rico como exclusivo -Y el hombre era obscenamente rico- así que nunca salia de su torre.

Lorenzo pensó que no iba a conseguir nada, hasta que un día saliendo de la taberna local vio a un viejo vagabundo tirado en la esquina y, acordándose de su tiempo de pedigüeño, le dio unas monedas y se lo llevo a darle algo de comer.

Era un hombre pequeño y muy viejo, y veía a Lorenzo en los ojos como si lo conociera pero sin saber de donde.

El señor comía mientras le contaba a Lorenzo la historia de como termino en ese estado -Los ancianos parecen disfrutar como beneficio de su edad, el derecho implícito de contarle su historia de vida a quien lo escuche- y Lorenzo, tal vez por distraerse, lo escuchaba.

-Yo era un gran contador años atrás, esos eran los tiempos, el contador real, por desgracia el rey que le ponía el adjetivo real a mi nombre decidió matarse por una sirviente y separar todo entre sus herederos, ese rey era un imbécil-

Lorenzo reconocía la historia, la contaban mucho en el reino de donde venia, recordaba en su infancia a cierto dueño de una perfumería que lo contaba entre sollozos y con mucha pasión.

-Decidí llevarme a uno de los herederos, era el contador ¿No?-

Lorenzo asentía calladamente.

-Me lleve a quien heredo la fortuna de aquel rey suicida, y me lo lleve rápidamente de ahí, era obvio que con todas las propiedades separadas los impuestos subirían y pronto tratarían de quitarle las riquezas al niño, así que me lo traje a este reino, veras el antiguo rey de acá era muy amigo mio, y extremadamente liberal, así que nunca me cobro ni un centavo en impuestos, por desgracia en este continente parece que los reyes son cada vez mas idiotas y terminan matándose por sus propias decisiones... Bueno no se puede esperar mucho de reyes que tienen unas tres generaciones casándose entre familia-

A estas alturas Lorenzo ya se había dado cuenta de su suerte, dio con probablemente el único ser en este reino que sabia quien era el hombre en la torre.

-Con el tiempo las riquezas del niño se expandieron y expandieron, pero me di cuenta que el no era muy normal, a todos nos gusta el oro, queremos lujos, comprar cosas, tener cierto estatus social, pero el... Ese niño solo quería tener mas oro por tenerlo, al pasar los años se ponía más y más paranoico, se mudo del tope de la torre al primer piso solo para poder vigilar sus riquezas, empezó a dormir durante los días para vigilar de noche el por su ventana, eventualmente me saco de la propiedad y me dejo en la calle convencido de que quería robarle todo-

Eso era, el dueño de la riqueza vivía en el primer piso de la torre y por eso estaba encendida de noche, no era muy común que viviera allí, generalmente los ricos viven en el tope de las torres, con las escaleras en espiral al sentido del reloj de forma que sea mas fácil para un diestro defender desde el tope al invasor.

Se notaba que a este hombre no le importaba en lo mas mínimo el estatus, el viejo contador tenia razón, solo quería oro por tener más oro, era el blanco perfecto para Lorenzo, rico y lo suficientemente desagradable como para no tener remordimientos.

-Pero no todo me ha ido mal desde que me boto, por un tiempo trabaje en la... ¿A donde te vas?-

No dijo una sola palabra, se paro y salio del local, al anciano no le causo tanta molestia de todas formas, todavía tenia un plato de comida por terminar.

Ya sabia por donde, como y cuando entrar, ahora solo necesitaba una vía de escape, pero después de tanto tiempo en ese pueblo y con necesidad de un poco de aventura decidió averiguarlo una vez adentro de la torre, por si acaso había puesto paja al rededor de los muros en caso de tener que saltar.

Tan pronto el sol se levanto aquella mañana Lorenzo empezó a trepar las paredes del patio trasero, entre los jardines se puso a buscar, usando la ventana del primer piso como referencia, el lugar donde podía estar el oro, pero solo veía 2 pozos de agua.

Quien lo diria, los guardias -Que generalmente no son la parte mas colaborativa en un robo- le dieron la respuestas, tres veces sacaron agua de uno de los pozos pero no se acercaron al segundo, era todo lo que el príncipe necesitaba para decidir, espero a que nadie viera y salto al pozo.

Como era de esperarlo, el pozo estaba seco, pero para nada vacío. Por suerte después de años de saltar de muros Lorenzo tenia una idea muy clara de como aterrizar sin romperse una pierna.

Metió cuanto oro pudo en su bolso y se dirigió a una puerta que estaba allí. Subió por las escaleras, unas escaleras de espiral, estaba en la torre.

Llego al primer piso y algo llamo su atención -Su atención de ladrón- al lado de la cama del misterioso dueño de la torre había un pedestal y encima de este un dragón de oro con detalles en jade y zafiro, era demasiado atractivo como para no llevárselo, al menos para Lorenzo, cuidadosamente lo tomo y lo guardo y mientras se acercaba a la escalera noto las espadas de adorno en las paredes y los escudos en vitrinas, tantas cosas que robar y tan poco espacio.

La distracción solo le hizo mayor la sorpresa cuando desde la cama escucho un grito.

-¡Mi dragón!-

Como reflejo, se escondió detras de una vitrina, no había notado al hombre en la cama, ahora que estaba de pie pudo verlo mas a detalle, fue grande su sorpresa ver que estaba robando a alguien idéntico a el.

Mas sorprendente fue la espada con detalles en diamantes con la que lo estaba amenazando ahora, rápidamente Lorenzo tomo un escudo de la vitrina para defenderse, si quería escapar, al príncipe ladrón le tocaría convertirse en un príncipe guerrero.


jueves, 6 de marzo de 2014

El príncipe vagabundo

Esta es la historia continuada del sexto príncipe, aquel que por mal calculo de su padre suicida, quedo sin nada y viviendo en la parte pobre de la capital con la pequeña y tímida nodriza que fue la única que lo quiso criar.

Los años pasaban y la nodriza por mucho que trabajaba no tenia mucho dinero para alimentar a un niño en crecimiento, le había puesto Lorenzo como su difunto padre -Ella no era muy creativa- pero jamas le había dicho de donde venia, es mas, cuando el pequeño Lorenzo le preguntaba sobre sus verdaderos padres, la tímida mujer simplemente se iba caminando, no por maldad, sino por nerviosismo, su respuesta cuando algo le incomodaba era huir, cabe mencionar que muchas cosas le incomodaban a ella.

Esta respuesta solo le sirvió mientras el príncipe era bebe, cuando este aprendió a caminar -En parte por tratar de alcanzarla cuando ella se iba- la nodriza decidió cerrarle puertas, luego de que el infante aprendiera a abrirlas y hasta a forzar cerraduras a la mujer no le quedo mas nada que correr para huir, lo que a su vez resulto en que el niño aprendiera a correr y con mucha rapidez.

La nodriza, por necesidad de comida, había vendido, primero su techo, y luego sus paredes, de forma que a ella y al príncipe solo les quedaba una cuadro de piso que llamar casa, lo cual puede ser muy inconveniente por aquello de las lluvias, pero ellos sobrevivían, con lo poco que tenían.

El reino por su parte cada día iba peor, el rey era solo un niño, y las decisiones por lo tanto las tomaba el consejo real, uno bastante corrupto por cierto, esto era solo uno de los muchos males, pues el antiguo rey en su ultimo acto, dejo a un reino que tenia un rey, pero que no tenia ejercito para defenderse, no tenia riquezas con las que ayudar al pueblo, no tenia tierras a las que sacarle provecho y ni siquiera tenia establos para el transporte del mandatario.

Por falta de un rey adulto y riquezas había fuerte corrupción y fuertes impuestos, por falta de ejercito las invasiones de piratas en las costas y mercenarios en las tierras eran cada vez mas común, por falta de tierras no había muchas formas de amasar riquezas para el pobre rey, así que, en definitiva, el difunto Lorenzo I en nombre del amor dejo mal parado a todo el reino.

Un buen día un colector de impuestos llego al cuadrito de suelo que la nodriza y el joven Lorenzo llamaban hogar, el hombre decía que le debían mucho dinero a la corona y por lo tanto le quitarían el terreno. La nodriza, naturalmente, reacciono huyendo, corrió tan rápido como pudo y el príncipe jamas la volvió a ver. 

El niño, sin hogar, sin nodriza y sin comida se dio cuenta que, luego de ciertos días, el hambre puede ser realmente molesta, así que decidió, como buen niño, buscar un adulto que le diera algo de comer.

Camino por la capital y vio al carnicero y se le acerco con la timidez que tanto le había visto a la nodriza.

-Señor, ¿Me podría dar algo para comer?-

El carnicero ya lo había visto hace días y se notaba el hambre en la cara del niño, así que lo vio, tomo un profundo respiro y con una sonrisa le dijo.

-Vete de aquí antes de que te de unos golpes ¿Si?-

Lorenzo obedeció y se alejo rápidamente de ahí. Después de un rato dio con el mercado de verduras, donde una señora se le acerco y muy cariñosamente le dijo al oído.

-Corazón, si te veo agarrando algo, te mato-

El joven de nuevo obedeció, y un poco perturbado por lo pasivo-agresivo del pueblo decidió sentarse en una esquina a pedir limosna, el día paso lentamente y de poco en poco algo de dinero reunió. Recién llegada la noche se le acerco un hombre con un plato de comida, se le sentó al lado y se lo dio a Lorenzo.

Con el hambre que tenia no lo pensó dos veces, acababa de terminar el plato cuando se dio cuenta que el hombre con un cuchillo en la mano le estaba quitando el dinero que había reunido.

-Esta esquina en la que estas es la mía, y si te vuelvo a ver acá, bueno, solo imagínate lo que te puede llegar a pasar-

Era lo ultimo que necesitaba, por un momento canalizo a la nodriza que lo crió y decidió correr, correr fuera de la capital, irse lo mas lejos posible de ese pueblo de personas amargas y grises, corrió hasta que las piernas no dieron mas, para ese entonces ya estaba en medio de un bosque en las afueras de la ciudad, ahí al aire se echo a dormir -Para el no era nada extraño dormir al aire, por aquello de que su hogar no tenia ni paredes ni techo- y al despertar a la mañana siguiente decidió seguir alejándose de aquella ciudad.

Pasaron días y el hambre de nuevo acechaba al pequeño, lo ultimo que había comido era una ardilla que cometió el error de querer jugar con un niño que tenia días sin comer, por suerte a lo lejos escucho voces y cuidadosamente se acerco al lugar de donde provenían.

Era un campamento de leñadores, en medio de ellos una fogata con un gran pedazo de carne, el olor era hipnotizante para el pequeño vagabundo, el hambre lo torturaba, pero sabia -O pensaba que sabia por experiencias pasadas- que si se acercaba a pedir un poco lo que menos podía pasar era que le ofrecieran golpes de nuevo.

No, nunca más se arriesgaría a que lo amenazaran de nuevo solo por tratar de ser amable, en ese momento decidió que la única forma de comer esa noche, era robarse ese pedazo de carne que se cocinaba en la fogata.

Trepo un árbol -Cosa que había aprendido a hacer durante la persecución de la ardilla antes mencionada- y se sentó en una rama a planear el robo, y a esperar que la carne se cocinara un poco más.

Eventualmente movieron de la carne de la fogata y la pusieron en una mesa de madera, un pequeño momento de descuido del que la cortaría basto para Lorenzo que salto de su rama, cayó en la mesa y corrió con el pedazo de carne en sus manos. Trataron de alcanzarlo, pero los leñadores no habían tenido una nodriza como la del príncipe para aprender a correr así de rápido.

Esa noche el pequeño príncipe vagabundo no solo comió como no comía desde que tenia memoria, sino que además dejo atrás su etapa de vagabundo para convertirse en ladrón, desde aquel día fuera, o no fuera suyo, el joven Lorenzo tomaría cosas para el, tal como las ultimas palabras del padre que no conoció dictaban.

Esta nueva política de vida llevaría al príncipe por diversos reinos a lo largo del continente, con el tiempo se convirtió en un excelente ladrón, uno metódico y calculador.

Aun así Lorenzo siempre tenia un pesar en su mente, podía robar casi cualquier cosa que quisiera, pero no sabia de donde venia y mucho menos hacia a donde es que iba.

El príncipe ladrón seguiría su camino hasta que algo lo detuviera.


miércoles, 5 de marzo de 2014

El sexto príncipe

Lorenzo I era rey de un pequeño reino en lo que hoy en día es España, su reino no era nada particularmente interesante, había una pequeña capital, unas cuantas granjas, una plaza central y una taberna en cada poblado, nada fuera de lo normal en ese reino, pero quien se queja si tiene comida y bebida cuando lo quiere.

El rey había heredado de su padre todo lo que necesitaba para gobernar, grandes riquezas, un gran ejercito, un castillo hermoso y bien construido, hasta un pequeño viñedo en la frontera del reino. Pero esto a Lorenzo no le causaba ni gracia ni tristeza, el rey gris le decían, un hombre al que todo le daba igual.

El reino, que en un intento de solidaridad a su rey, era igual de gris y aburrido, tuvo un momento de emoción cuando una tarde de Abril el rey recibió una visita de duque de un reino vecino y se enamoro de una de sus sirvientas, la cual, cabe mencionar, acepto muy gustosamente el afecto que el mandatario le daba.

¡Escándalo en el pequeño reino gris!, el rey enamorado y a punto de casarse con una sirvienta.

-Tiene poca clase- decía la esposa del dueño de la taberna.

-No sabe usar los cubiertos- decía la jefa de sirvientas del castillo.

-Pero tiene excelente gusto en hombres- decía en voz baja el siempre particular dueño de la tienda de perfumes.

Pronto estuvieron casados, el rey, como todo hombre con bolsillos profundos y amor desmedido, la baño en joyas y vestidos, y la sirvienta, como toda mujer no muy enamorada pero convencida con la profundidad de bolsillos de su amado, mantenía al rey en un estricto régimen de palabras dulces, miradas profundas y noches salvajes.

El pueblo con el tiempo volvió a su estado gris e indiferente, después de un tiempo deja de divertir llamar zorra sin clase a la reina, y rumores sobre un posible ojo de vidrio o un sexto dedo en su pie izquierdo murieron rápidamente ya que el rey en su amor loco y febril por su reina acostumbraba caminar con ella por la capital para que todos la vieran. Pasaría un año exactamente para que el reino tuviera una distracción nueva, una que cambiaría a todo el reino a lo ancho y largo.

La reina estaba embarazada, y su barriga, si bien se supone que sea grande por el pequeño príncipe, era exageradamente grande.

-Una barriga horrenda- decían las señoras en el mercado de verduras de la capital.

-Esta ladeada hacia la izquierda- comentaba una de las nodrizas en los cuartos de las sirvientas.

-Pero que dicha poder quedar en estado y crear vida-  decía el dueño de la perfumería a un carnicero que lo veía muy extrañado.

Cuentan que cuando fue a dar a luz la reina, el trabajo de parto duro hasta mes y medio, y cuando termino el rey tenia no solo uno, sino seis herederos, primero cuatro varones, luego una hembra y de ultimo otro varón.

Con todo dicho y hecho la reina muy exhausta tomo una profunda bocanada de aire y muy apropiadamente dijo:

-Uff, ya termine-

Muy apropiadamente porque al decirlo cayó muerta al instante, en efecto había terminado.

El rey estaba inconsolable, tan inconsolable que se fue de inmediato a su habitación y dejo a las nodrizas con los pequeños herederos, aun sin nombrar.

Al día siguiente el rey decidió dar un discurso al pueblo de la capital, sentó a sus herederos en pequeñas sillas para bebes reales -Reales de realeza porque no había duda de que realmente fueran sillas- en el balcón del castillo que daba a la plaza y se apoyo de la baranda para hablar.

-Como podrán ver, mi reina, la madre de estos pequeños herederos, murió en trabajo de parto-

-Una desgracia verdadera, era una mujer encantadora- le decía la esposa del dueño de la taberna a una mujer a su lado

-Era muy amable con todas nosotras- le comentaba la jefa de las sirvientas a una de las nodrizas

-Oh... pobre rey se ve... tan solo- decía entre sollozos el dueño de la perfumería mientras abrazaba al muy incomodo carnicero

Les hablo hoy para que sepan, que como los antiguos reyes, elegí acompañar a mi reina a la tumba.

Todo el pueblo quedo muy impresionado por estas palabras, sobretodo los historiadores que, a pesar de años de estudiar y escribir lo que pasaba, nunca habían escuchado de estos reyes que se mataban al morir su cónyuge, bueno, tal ves la mayor sorpresa la llevo el dueño de la perfumería que al escuchar las palabras colapso de la pura impresión.

A continuación el rey, que a estas alturas en su tristeza y desesperación no tenia muy presente, ni lo mejor para sus hijos, ni para el reino, le repartió la herencia a sus pequeños.

-¡Al primogénito, mi titulo, el sera el nuevo rey!-

Una nodriza levanto al niño para que lo viera el pueblo y este, aun sorprendidos, gritaron su apoyo.

-¡Al segundo mis tierras y al tercero mis riquezas, al cuarto los establos reales!-

De nuevo el pueblo aprobó con gritos y silbidos, solo el tesorero del reino noto que podría ser problemática la repartición y al instante decidió acercarse al tercer heredero en busca de trabajo.

-¡Y a mi única hija, mis ejércitos!-

El pueblo a estas alturas ya solo aprobaban ciegamente a lo que dijera su rey, no se imaginaban que habiendo dicho esto iba a sacar una daga y se la clavaría en el corazón. Hubo un silencio sorprendido en todo el público presente, y el dueño de la perfumería que acaba de volver en sí se desmayo de nuevo.

En toda la sorpresa de la situación, una de las nodrizas, la mas tímida de todas se acerco al rey y le dijo:

-Su majestad, se le olvido su ultimo hijo, a el no le ha dejado nada-

-Cierto- dijo el rey

Trato de pensar en que dejarle, pero es terriblemente difícil concentrarse cuando se tiene una daga clavada en el corazón, finalmente se dio cuenta que no quedaba nada mas para dar.

-Debió haber tomado algo para el-

Esas fueron las ultimas palabras del rey Lorenzo I, un poco injusta la noción de que un recién nacido deba o si quiera pueda tomar algo, pero fueron palabras que concuerdan con la vida que llevaría este sexto heredero, fuera o no de el, este sexto príncipe tomaría lo que quisiera y lo haría propio.

Al primer príncipe lo acogió el concejo real, al segundo se lo llevo la jefa de las nodrizas a un viñedo que ahora era de el, el tercero fue encomendado al tesorero real quien desapareció con dinero y príncipe al día siguiente, el cuarto al administrador de los establos a las afueras de la capital, a la quinta, la única niña se la llevo el general del ejercito a una de las barracas fronterizas donde seria criada, y al sexto príncipe... Al sexto príncipe se lo llevo la pequeña nodriza tímida a su casa en la parte pobre de la capital.

Así comenzaba la vida del sexto príncipe, y la decaída del pequeño reino, que ahora tenia un rey nuevo sin riquezas ni tierras, sin ejercito para defenderse y sin caballos para moverse.