El silencio es absoluto, hace rato que perdí contacto de radio, solo estoy yo y mi respiración, mi débil y monótona respiración.
Desde este punto la tierra se ve tan pacifica, tan hermosa, cúmulos de verde flotando en azul y moteado de grandes nubes blancas. Puedo ver donde es de día y en donde comienza a ser de noche, casi puedo imaginar mi casa, mi cama.
-Lo siento, nos enorgulleces-
Que irreal es esta situación, es lo ultimo que imagine cuando me gradué, aun con la particularidades de mis amaneceres estos últimos días tampoco pensé que esto sucedería.
En Centroamérica se pueden ver los ciclones, es esa época del año, que gigante me siento viendo todo desde tan lejos, la perspectiva, como juegan mis ojos a consolarme, pero me siento muy bien, estoy tranquilo, si de algo puedo arrepentirme, y es algo egocéntrico de mi parte, es que quisiera haber sido no fuente de orgullo sino esperanza, ahora con esto, esperanza es lo ultimo que haré sentir al mundo.
Una vida llena de estudios es lo que he llevado, me siento a gusto con esto, siempre me gusto estudiar, saber un poco mas, supongo que por eso me habrán elegido para el programa, ellos me advirtieron que habían riesgos, pero como no aceptar, la oportunidad de no solo saber un poco mas, sino ver un poco mas.
-Lo siento, nos enorgulleces-
Quisiera un libro en este momento, mi traje es presurizado y no voy a morir de asfixia, oxigeno tengo de sobra, al parecer mi vida va a terminar en una suerte de historia de Ray Bradbury pero sin la emoción ni la gran narrativa, quien va a escuchar mi historia como la cuento yo. Supongo que es el momento de tomar literal ese asunto de competir conmigo mismo e intentarlo unas cuantas veces, no es como si tuviera algo mas que hacer, nada mas caigo.
A ver lo intentare.
-Aquella mañana del martes Leonardo se despertó sin esperar nada de lo que pasaría-
Hmm, me parece que puede mejorar un poco, lo haré de nuevo.
-Aquella mañana Leonardo despertó sin sospechar que era su ultimo día, se había acostumbrado desde hace unos días a dormir sin gravedad, ya no le molestaba la comida deshidratada, y el comando era menos irritante-
Eso me gusta un poco mas.
-Todos los días, Leonardo entrenaba, en el espacio es muy fácil perder la forma física, todo era sin esfuerzo cuando la gravedad no esta presente, y sin esfuerzo todo tiene tendencia a hacerse menos serio. Leonardo adoraba ver por las ventanas de la nave, la tierra era hermosa, cúmulos de verde flotando en azul y moteado de grandes nubes blancas-
Volveré a la tierra y literalmente seré polvo cuando llegue, que increíble, el hombre que trato de escaparse del mundo vuelve y vuelve convertido en polvo, una ironía tan divertida y no hay nadie con quien comentarla. Bueno, por lo menos estoy disfrutando mi historia, ¿Quien dijo que ser egocéntrico no era divertido?
-Ordenes iban y venían todos los días, pero hoy incluían una caminata afuera de la nave, algo tan hermoso como peligroso, Leonardo no sabia que hoy era su ultimo día-
No, no, estoy dando el final muy temprano, tengo que aguantarlo un poco.
-Pero hoy incluían una caminata afuera de la nave, algo tan hermoso como peligroso, aun así, Leonardo no podía esperar a ver sin una ventana de por medio a el gran planeta que lo había visto nacer, y luego le había dado el combustible para irse, como padre que despide a su hijo y se lo entrega a la gran y desconocida vida-
Hace frío, pero se que es momentáneo, pronto el frío sera un dulce anhelo.
-Le decían que hacer, que tuercas apretar, que revisar y en donde buscar posible desperfectos, una vez terminado se dio la oportunidad de voltear y ver, fue solo un segundo pero fue hermoso, decidió regresar a su nave, entro de nuevo y descanso, la gran esfera verde y azul era algo con lo que soñar-
Si tan solo hubiera pasado así, que idiota siendo yo el único que sabrá la historia y la endulzo para no incomodar a nadie.
-Le decían que hacer, que tuercas apretar, que revisar y en donde buscar posible desperfectos, una vez terminado se dio la oportunidad de voltear y ver, fue solo un segundo pero fue hermoso, al siguiente segundo un resbalo en el vació del espacio fue todo lo que falto para que la gran esfera verde y azul ademas de hermosa, se convirtiera en el blanco del proyectil en el que el mismo se había convertido en su descuido-
En el momento me sentí bastante idiota, pero bueno, en estas situaciones me parece que o crees en que todo sucede por una razón o te echas a morir, y tomando en cuenta que de una u otra me voy a morir, decido creer en algo.
-Gritos en la radio era lo único que escuchaba, aparentemente en el comando estaban mas preocupados que el, claro ellos estaban sanos, pero tendrían que lidiar con los problemas mucho tiempo mas que Leonardo que en unas horas ya no tendría preocupaciones, en ese momento Leonardo se sintió suertudo. Eventualmente se calmaron, antes de perder contacto se sintieron culpables y le dijeron: Lo siento, nos enorgulleces-
Los enorgullezco, bueno, supongo que mi vida esta redimida de cada error solo por eso ¿No?, no, no lo creo, pero a ellos les dará paz creer que me hicieron sentir algún patriotismo. Patriotismo, por dios, tengo este planeta gigante frente a mi y no se donde voy a caer, tal vez mis cenizas caigan esparcidas entre todos los continentes, y piensan que puedo sentir patriotismo, deberían pensar mas en el planeta como patria que los territorios que se dividieron los poderosos cuando solo podían soñar con las estrellas.
Me pregunto si alguien me vera, ya estoy sintiendo el calor.
-Que hermosas son las estrellas- Dijo Adriana.
Daniel no dijo nada, se quedaba en el trance viendo su boca.
-¡Mira Daniel! ¡Mira!- Dijo agarrándolo de un brazo.
Levantaron la mirada y una estrella fugaz de un amarillo brillante paso sobre ellos.
-¿Que historia podría tener una estrella así?- Pregunto Daniel.
-Supongo que solo la estrella lo sabia- Le dijo Adriana.
lunes, 30 de septiembre de 2013
sábado, 21 de septiembre de 2013
Historias de colores: Anaranjado
Mientras camino por el parque y escucho los pájaros cantar y las ramas moverse pienso en lo maravilloso que es estar vivo, digo, tengo el viento acompañándome, los sonidos del mundo, los rayos del sol sobre mi y a luna acompañándome. Luna es mi perra, es el ser mas fiel y cariñoso que existe, siempre me cuida y yo la cuido a ella, somos prácticamente inseparables.
Adoro el parque, aunque me haya costado acostumbrarme a caminar en su camino de piedras, es muy irregular, no me apena decir que mas de una vez me he caído caminando aquí. Camino por este parque todos los días, queda entre mi apartamento y mi trabajo y me evita cruzar muchas calles, odio cruzar calles.
Ya lo conozco de pie a cabeza, entro por la puerta este, rodeo el lago y su camino de tierra, paso al lado del parque donde las risas de los niños me hacen sonreír, llego a la zona de picnic atravesando la grama y finalmente el camino de piedra en la salida sur.
El camino de piedra se acabo y ahora camino sobre concreto, cruzo a la derecha llego a la esquina y aquí estoy, una de mis aventuras diarias, odio cruzar calles. Es tan fácil morir arrollado, admito que a pesar de ser un hombre hecho y derecho todavía siento nervios al cruzar la calle.
Llego al otro lado de la calle y camino hasta la otra esquina, cruzo a la derecha paso una tienda de música donde todos los días ponen la misma canción de los Beatles, camino un poco mas.
-Muy buenos días señor Miguel, ¿Como esta?- Me dice José, el portero del edifico donde trabajo.
José tiene una voz muy particular, es muy grave y profunda, como si hablara gruñendo, siempre me da los buenos días, es difícil perderse con una voz así saludándote en la entrada.
-Muy bien señor José, todo perfecto- Le respondo.
Entro al lobby del edificio me acerco a los ascensores y toco el botón, siempre en el ascensor que esta en la pared izquierda, solo ese me lleva a mi piso, el tercer botón de abajo para arriba, piso 6, lo toco y espero. Luna odia los ascensores, creo que la ponen nerviosa, y si, mi perra viene conmigo al trabajo, a nadie le importa que la lleve, ¿Cual es el problema con que un ingeniero de sonido lleve a su mascota al trabajo? Ninguno, exactamente.
-¿Como amaneces Miguel?- Me dice
Esa es la voz de Carla, es suave y delicada, a menos que le hagas algo para molestarla, su voz es suave pero molesta se vuelve tan delicada como una sabana hecha de lija.
-Muy bien Carla, ¿Tú?-
-Bien Miguel, todo bien- Me dice ella.
Es mentira, su voz no suena bien, pero no tengo tiempo, toco mi reloj, voy tarde.
-Todo lo bueno siempre puede ser mucho mejor- No es mucho pero es algo, tal vez le ayude.
Entro en mi cabina y Luna se echa a mi lado, en la esquina tiene su pequeña oficina propia, comida y agua, todo lo que podría necesitar.
Hoy tengo que editar, acomodar, modificar sonidos, canciones, uno que otro comercial para los clientes, esta es mi vida, los sonidos, adoro este trabajo.
Cuando era mas pequeño no le prestaba tanta atención a los sonidos, el mundo es un lugar hermoso e impresionante, tantas cosas que ver y hacer, recuerdo que iba a la playa con mis padres y me quedaba impresionado con el océano, trataba de ver mas allá de esa pequeña linea que mis papas llamaban horizonte, mi mama tenia una sombrilla gigante de color anaranjado, estaba muy pequeño, no mas de 3 años pero esa sombrilla se aparece en mi mente cada vez que hay razones para sonreír, el color anaranjado para siempre en mi memoria. Recuerdo que empece a ver el mundo de una forma distinta después de una fiebre que tuve a los 6, mi madre me enseño a apreciar y amar los sonidos, hoy en día cada vez que escucho un arpa la recuerdo.
Mezcla aquí, muevo por acá, duplico una pista, me encanta hacer esto para ganarme la vida, moviendo y modificando sonidos para que tengan el tono correcto, ese balance perfecto que el cliente busca, y lo hago todo con mi gran tablero. Muchos se quedan impresionados, no comprenden como yo puedo manejar con tanta destreza tantos botones y rueditas y niveladores, pero para mi ya es cotidiano, se que hace todos y cada uno de los botones, rueditas y niveladores de mi tablero, se que puede y que no puede hacer, eso me hace el rey perfecto del tablero, como el rey en un cuento que me leía mi padre, se llama el principito, en el había un rey que era grande y poderoso, tan poderoso que podía pedirle al sol que se ocultase o que saliera y este lo hacia, porque sabia cuando que el sol le obedecería en el momento adecuado.
Ya se hizo tarde y me voy a mi casa, Luna también quiere irse, además, ella adora el camino de regreso a casa, no se que es lo que le gusta tanto de la noche.
Llego a la recepción toco el botón del ascensor y bajo, llego a la puerta giro a la izquierda, camino hasta la esquina, a esta hora ya esta cerrada la tienda de música, pero solo debo llegar al final, me tropieso en un desnivel y caigo de frente, ya estoy acostumbrado, me paro al instante.
-¿Que le pasa a ese señor mami?- Escucho decir a un niño.
-Shhh nada nada mi amor ven- Dice su madre, algunas personas no entienden que todos podemos caernos.
Sigo caminando y llego a la esquina, como quisiera evitar esto, odio cruzar calles, de verdad, no me canso ni me cansare de repetirlo, es la peor parte de mi día.
Entro por la puerta sur del parque y empiezo mi recorrido en reversa camino de piedra, camino de grama, a esta hora no hay niños así que solo sigo y llego al camino de tierra, rodeo el lago y llegue, la puerta este, cruzo a la derecha aquí esta mi edificio, justo al lado, tengo los pasos contados.
Llego a la puerta, toco el ascensor, el cuarto botón en la columna izquierda de botones, piso 4, me bajo del ascensor, una puerta, dos puertas, me detengo, 4-B este es mi apartamento, huele a comida, abro la puerta y luna sale corriendo.
-¡Luna!-
Es la voz de mi hija. Abro los brazos y ella viene y me abraza.
-¿Como estas corazón? ¿Como esta la universidad?-
-Todo muy bien papa-
Se oye muy feliz, que felicidad mas grande puede haber que la de un hijo feliz.
Entro en la cocina y abrazo a mi esposa, mi casa es como mi tablero, se donde esta todo.
Los sonidos de felicidad y el olor a comida haciéndose, estoy muy feliz.
Realmente es maravilloso estar vivo, hasta alguien ciego como yo puede verlo, la sombrilla anaranjada esta marcada en mi mente.
Adoro el parque, aunque me haya costado acostumbrarme a caminar en su camino de piedras, es muy irregular, no me apena decir que mas de una vez me he caído caminando aquí. Camino por este parque todos los días, queda entre mi apartamento y mi trabajo y me evita cruzar muchas calles, odio cruzar calles.
Ya lo conozco de pie a cabeza, entro por la puerta este, rodeo el lago y su camino de tierra, paso al lado del parque donde las risas de los niños me hacen sonreír, llego a la zona de picnic atravesando la grama y finalmente el camino de piedra en la salida sur.
El camino de piedra se acabo y ahora camino sobre concreto, cruzo a la derecha llego a la esquina y aquí estoy, una de mis aventuras diarias, odio cruzar calles. Es tan fácil morir arrollado, admito que a pesar de ser un hombre hecho y derecho todavía siento nervios al cruzar la calle.
Llego al otro lado de la calle y camino hasta la otra esquina, cruzo a la derecha paso una tienda de música donde todos los días ponen la misma canción de los Beatles, camino un poco mas.
-Muy buenos días señor Miguel, ¿Como esta?- Me dice José, el portero del edifico donde trabajo.
José tiene una voz muy particular, es muy grave y profunda, como si hablara gruñendo, siempre me da los buenos días, es difícil perderse con una voz así saludándote en la entrada.
-Muy bien señor José, todo perfecto- Le respondo.
Entro al lobby del edificio me acerco a los ascensores y toco el botón, siempre en el ascensor que esta en la pared izquierda, solo ese me lleva a mi piso, el tercer botón de abajo para arriba, piso 6, lo toco y espero. Luna odia los ascensores, creo que la ponen nerviosa, y si, mi perra viene conmigo al trabajo, a nadie le importa que la lleve, ¿Cual es el problema con que un ingeniero de sonido lleve a su mascota al trabajo? Ninguno, exactamente.
-¿Como amaneces Miguel?- Me dice
Esa es la voz de Carla, es suave y delicada, a menos que le hagas algo para molestarla, su voz es suave pero molesta se vuelve tan delicada como una sabana hecha de lija.
-Muy bien Carla, ¿Tú?-
-Bien Miguel, todo bien- Me dice ella.
Es mentira, su voz no suena bien, pero no tengo tiempo, toco mi reloj, voy tarde.
-Todo lo bueno siempre puede ser mucho mejor- No es mucho pero es algo, tal vez le ayude.
Entro en mi cabina y Luna se echa a mi lado, en la esquina tiene su pequeña oficina propia, comida y agua, todo lo que podría necesitar.
Hoy tengo que editar, acomodar, modificar sonidos, canciones, uno que otro comercial para los clientes, esta es mi vida, los sonidos, adoro este trabajo.
Cuando era mas pequeño no le prestaba tanta atención a los sonidos, el mundo es un lugar hermoso e impresionante, tantas cosas que ver y hacer, recuerdo que iba a la playa con mis padres y me quedaba impresionado con el océano, trataba de ver mas allá de esa pequeña linea que mis papas llamaban horizonte, mi mama tenia una sombrilla gigante de color anaranjado, estaba muy pequeño, no mas de 3 años pero esa sombrilla se aparece en mi mente cada vez que hay razones para sonreír, el color anaranjado para siempre en mi memoria. Recuerdo que empece a ver el mundo de una forma distinta después de una fiebre que tuve a los 6, mi madre me enseño a apreciar y amar los sonidos, hoy en día cada vez que escucho un arpa la recuerdo.
Mezcla aquí, muevo por acá, duplico una pista, me encanta hacer esto para ganarme la vida, moviendo y modificando sonidos para que tengan el tono correcto, ese balance perfecto que el cliente busca, y lo hago todo con mi gran tablero. Muchos se quedan impresionados, no comprenden como yo puedo manejar con tanta destreza tantos botones y rueditas y niveladores, pero para mi ya es cotidiano, se que hace todos y cada uno de los botones, rueditas y niveladores de mi tablero, se que puede y que no puede hacer, eso me hace el rey perfecto del tablero, como el rey en un cuento que me leía mi padre, se llama el principito, en el había un rey que era grande y poderoso, tan poderoso que podía pedirle al sol que se ocultase o que saliera y este lo hacia, porque sabia cuando que el sol le obedecería en el momento adecuado.
Ya se hizo tarde y me voy a mi casa, Luna también quiere irse, además, ella adora el camino de regreso a casa, no se que es lo que le gusta tanto de la noche.
Llego a la recepción toco el botón del ascensor y bajo, llego a la puerta giro a la izquierda, camino hasta la esquina, a esta hora ya esta cerrada la tienda de música, pero solo debo llegar al final, me tropieso en un desnivel y caigo de frente, ya estoy acostumbrado, me paro al instante.
-¿Que le pasa a ese señor mami?- Escucho decir a un niño.
-Shhh nada nada mi amor ven- Dice su madre, algunas personas no entienden que todos podemos caernos.
Sigo caminando y llego a la esquina, como quisiera evitar esto, odio cruzar calles, de verdad, no me canso ni me cansare de repetirlo, es la peor parte de mi día.
Entro por la puerta sur del parque y empiezo mi recorrido en reversa camino de piedra, camino de grama, a esta hora no hay niños así que solo sigo y llego al camino de tierra, rodeo el lago y llegue, la puerta este, cruzo a la derecha aquí esta mi edificio, justo al lado, tengo los pasos contados.
Llego a la puerta, toco el ascensor, el cuarto botón en la columna izquierda de botones, piso 4, me bajo del ascensor, una puerta, dos puertas, me detengo, 4-B este es mi apartamento, huele a comida, abro la puerta y luna sale corriendo.
-¡Luna!-
Es la voz de mi hija. Abro los brazos y ella viene y me abraza.
-¿Como estas corazón? ¿Como esta la universidad?-
-Todo muy bien papa-
Se oye muy feliz, que felicidad mas grande puede haber que la de un hijo feliz.
Entro en la cocina y abrazo a mi esposa, mi casa es como mi tablero, se donde esta todo.
Los sonidos de felicidad y el olor a comida haciéndose, estoy muy feliz.
Realmente es maravilloso estar vivo, hasta alguien ciego como yo puede verlo, la sombrilla anaranjada esta marcada en mi mente.
viernes, 20 de septiembre de 2013
Historias de colores: Azul
Me despierto con un calor infernal, estoy bañado en sudor y la corriente de aire que entra por la ventana solo cumple para que no me asfixie, de refrescante tiene lo que yo de calvo.
-Duérmete Roberto- Murmura ella.
Esta pequeño principio de historia esta escrita en memoria a Roberto, no te conocí ni te conoceré, pero en donde estés espero encuentres paz, y que tu padre la consiga también.
-Quédate quieto fastidioso- Me dice Raquel adormecida.
Ella tiene el sueño muy ligero, excesivamente ligero, realmente tan ligero que seguramente se despierta a cada rato solo con el rose de la sabana contra su cuerpo. En cambio yo duermo como una piedra, una vez que caigo por completo es como si ya no estuviera ahí, solo queda un cuerpo que respira, por esto que me haya despertado me parece tan extraño.
-Ven, ya duérmete- Me dice mas dormida que despierta, tanto que a penas la entiendo.
Raquel me abraza y utiliza mi pecho de almohada, logro que me dejara de mover, efectivamente ya no puedo hacerlo, muero del calor, daría lo que fuera por un poco de brisa.
-Hace mucho calor Raque- Le digo.
Raque... Ademas de poco creativo es un poco idiota pensar que quitarle una letra a un nombre califica como apodo, pero así es como me gusta decirle, la conocí en un autobús, yo leía un libro que me habían prestado y ella, siendo de las pocas personas que he visto que conocen al autor de dicho libro, salto a la oportunidad de comentarme que pensaba de el.
-¿Te gusta Kundera?- Me dijo sobre mi hombro.
-¿Ah?- Fue lo único que pude responder, a veces simplemente soy así de encantador.
Me voltee, a verla, ¿Alguna vez se han tratado de voltear a ver quien va sentado detrás de uno en un autobús? definitivamente hay cosas mas cómodas en la vida, pero volviendo a ella, era hermosa, tenia unos ojos azul brillante que me miraban con una emoción comparable a lo que se siente cuando te consigues con alguien que tienes tiempo queriendo ver. No la detalle mucho mas en el momento, estaba muy ocupado en sus ojos, me encantan los ojos hermosos.
-Si, me gusta- Le dije en lo que sus ojos le permitieron a mi cerebro decirle a mi boca que dejara de solo estar abierta y empezara a dejarme hablar.
-¡A mi tambien!- Dijo muy emocionada, creo que se arrepintió de decirlo así, a los lados de sus hermosos ojos sus cachetes tomaban un tono rojo.
Me enderece en mi asiento solo para voltearme de nuevo, pero el autobús se detuvo y termine resbalando del asiento y cayendo de lleno en el piso, la señora sentada a mi lado intento aguantar la carcajada pero fallo estrepitosamente, a veces soy torpe, bueno, muchas veces lo soy, digamos que es parte de mi encanto y así me ahorro la pena.
Ella se rió junto con la señora que ya se había parado y bajado del autobús, aun se reía a todo pulmón.
-¿Estas bien?- Me pregunto mientras se sentaba a mi lado.
-Si, todo bien, no paso nada- Le dije en el tono mas grave que pude producir, no se porque hice eso, me arrepentí de inmediato, tosí hace un lado tratando de pasarlo por algo en mi garganta, y si, también me arrepentí de hacer eso, cuando unos ojos así se te sientan al lado la mayoría de las cosas que haces son producto de un nerviosismo idiota. No tenia razón alguna para pensar que le interesaría de alguna forma romántica a ella, pero uno al fin tiene su orgullo y lo primero que pensé fue en tratar de conquistar a la portadora de esos zafiros brillantes.
De vuelta en el infierno insoportable de la habitación tengo a Raquel con su cabeza sobre mi pecho, lentamente trato de moverla y acostarla en la almohada, lastimosamente esa torpeza encantadora mía hace que se me resbale de los brazos e inmediatamente se despierta. Abrió los ojos y se me quedo viendo, para alguien con el sueño ligero el reflejo de caída debe ser equivalente a una cachetada, abrió la boca para decir algo.
-¿Que te pas...-
Antes de que termine me lanzo sobre ella a besarle, esta vez no me arrepiento, no todo lo que viene del nerviosismo es estúpido. En lo que menos pienso ella me besa a mi y ahora es toda ella la que esta sobre mi, tengo muchísimo calor, el que haya dicho que nadie se muere de amor nunca considero muerte por sofocamiento amoroso.
Aquel día en el autobús, terminamos hablando de cualquier cantidad de cosas, de autores y otros artistas, de cosas que nos gustaban, de nuestras familias, de todo, menos de nuestros números de teléfono. Eso me pego como una piedra a la cabeza pero ya era demasiado tarde. Otra cosa que note en el momento que se bajo del autobús es que yo debía haberme bajado hace unas cuantas estaciones, muchas estaciones en realidad, algunos pensaran que es lindo, esos algunos seguramente no han estado en el pueblo de Baruta a las once y media de la noche cuando lo único que tenían que hacer era bajarse en Las Mercedes.
En mi cuarto tengo a Raquel sobre mi, y mientras me besa empiezo a reírme, ella deja de besarme y me ve con una mezcla de intriga e indignación.
-¿De que te ríes?- Me pregunta en un tono severo.
Yo le cuento sobre el autobús y las paradas, y como lo acabo de recordar. La historia no le llama mucho la atención, se le nota en la cara, no la culpo esta a punto de amanecer y tenemos razones para estar cansados. Ella tiene esta expresión que siempre hace cuando no le interesa algo, un pequeño arqueo del borde izquierdo de su labio y su ceja izquierda levantada, se nota muchísimo, pero a mi me funciona así que no digo nada, eso si tiene ella, es transparente aun cuando no trata de serlo, supongo que todos tenemos nuestros encantos particulares.
Luego del primer día de verla aquel libro de Kundera iba conmigo a todos lados, tenia esta idea de que eso me ayudaría a conseguirla, pero irónicamente no la volví a conseguir hasta que devolví el libro a quien me lo presto. Me la conseguí en un bar, estaba bebiéndose uno de esos tragos de colores brillantes diseñado para que las mujeres beban y su buen juicio se vaya mas rápido que la integridad de algunos políticos, bueno, de los políticos en general.
-¿Te gusta Kundera?- Le digo sobre su hombro, en el momento parecía una buena idea.
Se volteo como preparada para pegarme y huir, afortunadamente me reconoció.
-¡Hola!- Me dijo antes de abrazarme.
-Hola- Le respondí de nuevo en un tono grave, no tengo remedio.
-¿Que haces aquí?- Me pregunto.
Luche contra cada fibra de mi cuerpo para no dar una respuesta sarcástica, no era por mal, es solo la costumbre.
-Aquí, con unos amigos- Le dije mientras señalaba a una mesa con cuatro personas que no conocía para nada.
La verdad es que estaba solo bebiendo, a ver que conseguía, pero esa realidad era un poco deprimente, a veces hace falta maquillar un poco las cosas.
-¿Quieres irte a otro lado?- Le dije, lo directo e incomodo de la pregunta solo se me hizo aparente al decirla.
-Bueno- Me respondió mientras me miraba con esos ojos.
Me tomo del brazo y me llevo a otro lado, creo que quería que le dijera exactamente eso, no seria la primera vez que creo que le digo algo a una mujer por mi propia iniciativa y resulta que dicha mujer lo tenia planeado.
Su mano esta en mi pecho y ella esta de nuevo dormida, se despierta tanto que dormirse le resulta sencillo, veo sus ojos cerrados mientras acaricio su cabello, no puedo ver el azul de sus ojos pero a estas alturas, el azul lo llevo en el corazón. Tengo demasiado calor.
Aquella noche terminamos en mi apartamento, digamos que fue una buena noche, una que le abrió la puerta a muchas otras, poco a poco la conocí mas y mas, me di cuenta que sus preciosos ojos eran solo la entrada a lo maravilloso que era ella, aquella mujer con la que los besos y las calenturas venían junto a horas de conversaciones geniales, una mujer que mas allá de ser el objeto de mi deseo era un foco de interés.
-Duérmete Roberto- Murmura ella.
El calor me derrota, vuelvo a caer como piedra en mis sueños, volteo a verla nuevamente, el azul lo llevo en el alma.
Esta pequeño principio de historia esta escrita en memoria a Roberto, no te conocí ni te conoceré, pero en donde estés espero encuentres paz, y que tu padre la consiga también.
sábado, 14 de septiembre de 2013
Un lugar
-Vayamos a un lugar donde podamos estar solos, vayamos juntos a un lugar que solo tu y yo conozcamos-
y destapar el cielo.
Porque cada día es un comienzo nuevo.
Porque ésta es la hora y el mejor momento.
Estas fueron las palabras que quedaron marcadas en la memoria de Sofía, esa oración , era lo que recordaba cada vez que alguien mencionaba su nombre, cada vez que alguien contaba algo que tuviera que ver con el. Todos los días pensaba en el y cada vez que lo hacia su voz sonaba en su memoria repitiéndolo una y otra vez, lo extrañaba terriblemente.
Era muy difícil para ella estar sin el, y aunque la vida no termino y ella ponía buena cara y seguía, en sus momentos de soledad lo recordaba, de nuevo esa oración la perseguía.
Décadas de matrimonio y muchos viajes tuvieron, pero ella no conseguía entender porque nunca la llevo a un lugar que solo ellos conocieran, tuvieron hijos muy jóvenes pero aun cuando crecieron no lo hicieron. En el momento no lo pensó, solo este ultimo año, solo después de su muerte fue que ella volvió a recordar, y a desear entender, a desear haber preguntado.
Hay que entender que Sofía adoraba inmensamente a Carlos, y el a ella, era un amor como debía ser, un amor en extremo real, un amor que en buenas y malas se hacia presente y vivo, no era un flujo intenso e interminable de pasión, era mas profundo, iba mas allá.
-¡Mamá!, vamos, tenemos que ir al banco- Le gritaba desde la cocina Ana.
Ana era la mayor de 5 hijos de Sofía y Carlos, si bien su amor era mas profundo que una simple fuente de pasión no se podría decir que esta no estuvo presente en todos sus años juntos, esto era sobretodo una fuente de molestia e inquietud para los padres de Sofía, pero eso es otra historia.
-Ya voy, estoy bajando- Le respondió en un tono angustiado.
Odiaba que la apuraran, lo toleraba porque era su hija, y aun así le desagradaba, Ana siempre había sido así, desde pequeña todo fue una carrera, una competencia, amaba a su hija pero no podía evitar pensar que era un ejemplo viviente de una personalidad tipo A tratando de dominar todo a su alrededor.
-Vamos mamá que es tarde ya, hay que ir al banco a ver que dejo papa en esa dichosa cajita de deposito-
La angustia de Sofía se transformo en ansiedad, la caja, al fin podría ver que tenia, desde que murió Carlos han tratado de ver sus contenidos, pero entre problemas sucesorales y parte de la familia Carlos que decidieron intervenir esperando encontrar objetos de valor en ella hicieron que les tomara todo un año poder abrirla, por suerte ya estaba resuelto todo.
Se montaron en el carro, Sofía no manejaba, nunca le gusto. Ana, quien tenia un par de niños pequeños aprovechaba que hoy estaba sola para poner la música que quisiera al volumen que quisiera y esto, para Sofía, significaba escuchar un sin fin de canciones que variaban desde un Gustavo Cerati que desde que despertó no dejaba de escribir canciones hasta los Rolling Stones que de alguna forma sobrenatural seguían vivos a pesar de tocar casi los 100, esta música no le molestaba, le recordaba mucho a Carlos. El amaba a esos artistas y ella con el tiempo había aprendido a quererlos también. Nunca olvidaba que cuando Carlos aprendió a tocar guitarra lo primero que hizo fue aparecer en su cuarto cantándole "Me quedo aqui" cantaba horrible, y no tocaba muy bien, pero como le gustaba ese hombre desafinado.
-¿Estas emocionada? Deberías estarlo, bastante costo conseguir abrir la bendita caja, vamos a ver que dejo papá allí, me emociona un poco pensar que podemos conseguir, ¿Que puede ser tan importante como para que lo guardara y solo nos enteráramos después de que se muriera?- Decía Ana a 5 palabras por segundo, tomando pequeños espacios para tomar aire y seguir hablando, que pulmones tenia ella.
-Si, si estoy emocionada mi amor- Le respondió suavemente.
Ana no la escucho, seguía hablándole, preguntándose cosas, se supone que hablaba con ella pero la mayoría de las cosas se las respondía ella sola, hacia teorías y las desarmaba de nuevo, se le ocurrían posibilidades solo para desacreditarlas cuando otra se le apareciera. Igual a su padre, hablaban y hablaban, Sofía no podía evitar querer que Ana la acompañara, se sentía un poco culpable, no quería que sus demás hijos pensaran que tenia algún favoritismo, pero ella era la mas parecida a Carlos y se lo recordaba en cada pequeña manía que compartiera con su difunto padre.
-Aja, aquí estamos, vamos mamá- Dijo Ana la ansiedad se sentía en su voz.
Entraron al banco, hacia frió pero el corazón acelerado de Sofía no le dejaba sentir mas nada que la emoción de abrir la caja.
-Buenas tardes, ¿Puedo ayudarla?- Le pregunto un empleado del banco.
Iba a responder pero salto Ana primero.
-Si, vinimos a abrir la caja yo llame vamos rápido por favor, es la caja numero 020411-
-Eh, muy buen, ya las llevo- Respondió intimidado el hombre.
Entraron en un pequeño cuarto y a los cinco minutos otro empleado del banco les entrego una pequeña caja, que luego abrió con una llave de bronce que parecía tener al menos unas cuantas décadas.
En la caja estaba una hoja de papel doblada en un cuadrado casi perfecto y fotos viejas.
Le dio las fotos a Ana y agarro el papel, al desdoblarlo consiguió que eran dos hojas de papel escritas a mano, se sentó y empezó a leer.
Mi amor te escribo esta carta para que sepas que aunque no estoy no me he ido, si me permites un momento de egoísmo te quisiera decir que me alegra que fui yo el que se fue primero, tu siempre fuiste mas fuerte y a mi me hubiera dolido mucho vivir en un mundo sin tus ojos acompañándome, durante nuestros años te escribí y te dije muchas cosas, pero en mi ausencia quiero que al leer este poema recuerdes que a ti te queda camino y que nunca estas sola, Benedetti lo dijo muy bien.
El resto de la primera hoja estaba escrita en verso, la letra de Carlos que generalmente era aparatosa y descuidada se hizo mas fina, buscando forzar una letra delicada aunque desafortunadamente fallando en lograrlo.
No te rindas,
aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros
y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda,
y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas, quitar los cerrojos, abandonar las murallas
que te protegieron. vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa,
ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento, aún hay
fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.
Porque ésta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás sola.
Porque yo te quiero.
Continuo en la siguiente hoja.
Dile a las niñas cuanto las quiero, son pedacitos de ti que ame casi tanto como a ti, (la parte de casi tanto como a ti puedes omitirla cuando se lo digas).
Esta carta te la escribo porque por mucho que quiera no puedo controlar que va a pasar, es una carta para que recuerdes todo nuestro amor, es una carta que deberias guardar y leer cuando te sientas sola, porque yo estaré ahí cada vez que la leas. Esta carta es solo para ti, y solo debes leerla tu, cada vez que la leas te iras a otro lugar, a un lugar donde solo estemos tu y yo, un lugar que solo tu y yo sabemos donde queda.
Te amo como a la vida misma.
Cerro la carta y respiro.
-¿Que dice mamá?- Pregunto Ana.
-Es para mi corazón, solo yo debo leerlo, palabras de tu padre- Le respondió.
No dijo mas nada.
Esa noche antes de dormir Sofía leyó de nuevo la carta.
-Vayamos a un lugar donde podamos estar solos, vayamos juntos a un lugar que solo tu y yo conozcamos-
-Voy contigo bebe- Le respondió ella.
viernes, 13 de septiembre de 2013
Delirios
El aire acondicionado de su cuarto hacía un ruido horrible
cada vez que lo prendía. Mientras funcionaba parecía que un pequeño hombre
adentro del aparato raspara con una hojilla su interior, era un ruido que con
los años se volvió común a la hora de dormir y que ya no la fastidiaba en absoluto.
El problema es que ese día no lo estaba haciendo.
Esa era sólo una de las varias cosas que la mantenían despierta esa noche, el inicio del verano en la universidad al día siguiente, y cursar anatomía general por tercera vez eran los otros protagonistas de ese periodo de insomnio tan espectacularmente oportuno.
El tiempo seguía pasando y ella miraba el techo, dibujaba figuras con su mente, buscaba formas en el grano de la madera, de vez en cuando su mente se iba por un momento en alguna memoria lejana del día que había pasado, todo esto mientras otro pequeño pedazo de su mente le recordaba que cada minuto era un minuto de sueño desperdiciado, una pequeña gota de efectividad que no estaría presente el día de mañana.
De pronto se dio cuenta que su cabeza le dolía, era leve pero poco a poco aumentaba, le recordaba a uno de esos tipos que van en sus carros con la música a todo volumen, una pequeña molestia que empieza a lo lejos y que poco a poco se va acercando, lastimando sus neuronas.
Decidió bajar a buscar una pastilla, la escalera de madera chillaba con cada paso, odiaba ese sonido; buscó su pastilla, sirvió el vaso de agua y se regresó. De nuevo el chillido de los escalones, pero había algo diferente, un ruido que no estaba allí antes, no podía decir que era con exactitud, así que decidió ignorarlo y se acostó de nuevo.
-Ahora si, a dormir- Se dijo, como tratando de convencer a alguien más.
Pensó que desde que había vuelto debía haber pasado una media hora, aunque al ver el reloj vio que sólo eran 5 minutos, la relatividad del tiempo le abofeteaba, y como toda buena bofetada, le quitó cualquier sueño que pudiera tener.
El dolor no se había ido, seguía ahí y cada vez más cercano, más encima de ella, sentía como una vena en su frente palpitaba. Le dio calor y se quitó la sabana, se sentía incomoda y se movía, le volvió a dar frio, todo en cuestión de minutos. De repente su mente empezó a divagar, pero no era en el día que pasó, no, estaba pensando en la vena en su frente, esos pequeños canales de sangre. Se asustó del palpitar, ¿Que haría si esa vena estallaba? Ella estaba sola, ahí mismo se quedaría. Se olvidó de la vena al instante, estaba sola, ¿Y si el ruido que escucho no era sólo un ruido cualquiera? ¿Y si era alguien, un ladrón? Sentía que la angustia la iba a terminar de matar si la migraña no lo hacía primero.
Se paró a revisar, sus pies moviéndose lentamente por el piso sin levantarse, el miedo de conseguir algo más que su casa vacía le distraía de la migraña. Bajó muy lentamente por la escalera, su peso casi todo sobre las barandas para no hacer ningún sonido. Llegó a la cocina, vio la sala, se asomó por la ventana que daba al patio, no había nadie, la casa estaba vacía, no había ningún ladrón.
Se calmó, y al instante volvió la vena a palpitar, marcando el ritmo de la migraña. Por un momento consideró patear un mueble sólo para que le doliera algo más que la cabeza, sentía rabia, no estaba haciendo nada productivo, seguro cuando tuviera que estudiar se dormiría sin problema.
Se resignó a no poder dormir, revisó su libreta, si no dormiría al menos adelantaría algo de estudio. Empezó por las uniones celulares y los tipos de tejidos, luego repaso el tejido epitelial, el tema que más odiaba.
Esa era sólo una de las varias cosas que la mantenían despierta esa noche, el inicio del verano en la universidad al día siguiente, y cursar anatomía general por tercera vez eran los otros protagonistas de ese periodo de insomnio tan espectacularmente oportuno.
El tiempo seguía pasando y ella miraba el techo, dibujaba figuras con su mente, buscaba formas en el grano de la madera, de vez en cuando su mente se iba por un momento en alguna memoria lejana del día que había pasado, todo esto mientras otro pequeño pedazo de su mente le recordaba que cada minuto era un minuto de sueño desperdiciado, una pequeña gota de efectividad que no estaría presente el día de mañana.
De pronto se dio cuenta que su cabeza le dolía, era leve pero poco a poco aumentaba, le recordaba a uno de esos tipos que van en sus carros con la música a todo volumen, una pequeña molestia que empieza a lo lejos y que poco a poco se va acercando, lastimando sus neuronas.
Decidió bajar a buscar una pastilla, la escalera de madera chillaba con cada paso, odiaba ese sonido; buscó su pastilla, sirvió el vaso de agua y se regresó. De nuevo el chillido de los escalones, pero había algo diferente, un ruido que no estaba allí antes, no podía decir que era con exactitud, así que decidió ignorarlo y se acostó de nuevo.
-Ahora si, a dormir- Se dijo, como tratando de convencer a alguien más.
Pensó que desde que había vuelto debía haber pasado una media hora, aunque al ver el reloj vio que sólo eran 5 minutos, la relatividad del tiempo le abofeteaba, y como toda buena bofetada, le quitó cualquier sueño que pudiera tener.
El dolor no se había ido, seguía ahí y cada vez más cercano, más encima de ella, sentía como una vena en su frente palpitaba. Le dio calor y se quitó la sabana, se sentía incomoda y se movía, le volvió a dar frio, todo en cuestión de minutos. De repente su mente empezó a divagar, pero no era en el día que pasó, no, estaba pensando en la vena en su frente, esos pequeños canales de sangre. Se asustó del palpitar, ¿Que haría si esa vena estallaba? Ella estaba sola, ahí mismo se quedaría. Se olvidó de la vena al instante, estaba sola, ¿Y si el ruido que escucho no era sólo un ruido cualquiera? ¿Y si era alguien, un ladrón? Sentía que la angustia la iba a terminar de matar si la migraña no lo hacía primero.
Se paró a revisar, sus pies moviéndose lentamente por el piso sin levantarse, el miedo de conseguir algo más que su casa vacía le distraía de la migraña. Bajó muy lentamente por la escalera, su peso casi todo sobre las barandas para no hacer ningún sonido. Llegó a la cocina, vio la sala, se asomó por la ventana que daba al patio, no había nadie, la casa estaba vacía, no había ningún ladrón.
Se calmó, y al instante volvió la vena a palpitar, marcando el ritmo de la migraña. Por un momento consideró patear un mueble sólo para que le doliera algo más que la cabeza, sentía rabia, no estaba haciendo nada productivo, seguro cuando tuviera que estudiar se dormiría sin problema.
Se resignó a no poder dormir, revisó su libreta, si no dormiría al menos adelantaría algo de estudio. Empezó por las uniones celulares y los tipos de tejidos, luego repaso el tejido epitelial, el tema que más odiaba.
-¿Para qué lees algo que conoces tan bien? - Le preguntó
-No sé, sólo quiero pasar anatomía esta vez- Respondió ella.
Se acordó que estaba sola, quiso gritar pero no pudo.
-Cálmate, no te voy a hacer nada- Le dijo la voz en un tono calmado.
-¿Dónde estás? - Le preguntó a la voz, saber quién era no le importaba.
-No te preocupes, todo está bien- Respondió en su tono calmado.
-¿Qué quieres?-
-Hablar-
-¿Ah?- Preguntó.
-Que yo sólo quiera hablarte te parece una locura, pero hace un momento pensabas que la vena en tu frente podía reventar y te ibas a morir sola en tu cama, dime algo, ¿Cuál te parece más extraña?-
-Eres una persona que se metió en mi casa para hablarme, sigue siendo extraño que tu sólo quieras hablarme- Le dijo con un poco de indignación.
-Está bien, puede tener razón, pero aun así, yo sólo quiero hablarte- Dijo la voz, su tono cada vez más suave y encantador.
No entendía que estaba pasando, estaba aterrada, quería correr pero sus piernas no respondían y sus pulmones se apretaban si intentaba gritar.
-Te dije que no te iba a hacer nada, ¿Porque tienes tanto miedo? ¿Siempre eres así de desconfiada?-
-Disculpa, ¿Sabes que te metiste en mi casa?-
-Sigues con lo mismo, háblame de algo más, como por ejemplo ¿Qué tal te fue hoy?-
No sabía que hizo hoy, no podía pensarlo, no podía pensar en otra cosa que no fuera que había alguien ahí, que no se podía mover y que el aire no estaba haciendo ruido.
-Por favor, sólo cálmate y háblame, estas tan asustada que no te mueves- La voz aunque encantadora estaba obviamente irritándose.
Ella decidió respirar y tratar de relajarse, inmediatamente la angustia que tan violentamente la tenía tomada se desvaneció. Empezó a contarle una historia inventada por ella, no lo hacía por maldad o porque no quería que la voz supiera de su día, sólo no recordaba nada, decidió jugar a que era una profesora de medicina. Le contó desde su desayuno hasta su viaje mañanero en su hermoso Mustang del 69, le relató la interesante clase que dio donde cada tejido se unía a otro y bailaban en pareja frente a ella, sus misterios revelados; sobre como almorzaba con los profesores y luego iba al hospital unas horas para su consulta, y como al final volvía a su casa cansada.
Al terminar se sentía mucho mejor, el roce de la sabana le dio cosquillas en la pierna, se sentó bien, escuchaba a lo lejos el sonido del aire acondicionado, su cabeza ya no dolía.
-¿Ves lo bien que te hace hablar?- Le dijo la voz más encantadora que nunca.
-Sí, pero ahora voy a estar trasnochada mañana, no dormí nada- Le respondió.
Se sentía muy cansada, escuchó el largo suspiro de la voz que le hablaba.
-Anda, duérmete entonces-
Escuchó como abrió la puerta y la cerro detrás de él, finalmente se durmió.
Afuera de la habitación el doctor León tomaba notas, la profesora recordaba claramente su antigua rutina, pero todavía no lograba sacarla de su trastorno. Había sufrido un brote psicótico a causa del estrés. Era cruel e irónico ver a una señora de esa edad, una doctora brillante además, reducida a una fantasía donde todavía era estudiante.
-No sé, sólo quiero pasar anatomía esta vez- Respondió ella.
Se acordó que estaba sola, quiso gritar pero no pudo.
-Cálmate, no te voy a hacer nada- Le dijo la voz en un tono calmado.
-¿Dónde estás? - Le preguntó a la voz, saber quién era no le importaba.
-No te preocupes, todo está bien- Respondió en su tono calmado.
-¿Qué quieres?-
-Hablar-
-¿Ah?- Preguntó.
-Que yo sólo quiera hablarte te parece una locura, pero hace un momento pensabas que la vena en tu frente podía reventar y te ibas a morir sola en tu cama, dime algo, ¿Cuál te parece más extraña?-
-Eres una persona que se metió en mi casa para hablarme, sigue siendo extraño que tu sólo quieras hablarme- Le dijo con un poco de indignación.
-Está bien, puede tener razón, pero aun así, yo sólo quiero hablarte- Dijo la voz, su tono cada vez más suave y encantador.
No entendía que estaba pasando, estaba aterrada, quería correr pero sus piernas no respondían y sus pulmones se apretaban si intentaba gritar.
-Te dije que no te iba a hacer nada, ¿Porque tienes tanto miedo? ¿Siempre eres así de desconfiada?-
-Disculpa, ¿Sabes que te metiste en mi casa?-
-Sigues con lo mismo, háblame de algo más, como por ejemplo ¿Qué tal te fue hoy?-
No sabía que hizo hoy, no podía pensarlo, no podía pensar en otra cosa que no fuera que había alguien ahí, que no se podía mover y que el aire no estaba haciendo ruido.
-Por favor, sólo cálmate y háblame, estas tan asustada que no te mueves- La voz aunque encantadora estaba obviamente irritándose.
Ella decidió respirar y tratar de relajarse, inmediatamente la angustia que tan violentamente la tenía tomada se desvaneció. Empezó a contarle una historia inventada por ella, no lo hacía por maldad o porque no quería que la voz supiera de su día, sólo no recordaba nada, decidió jugar a que era una profesora de medicina. Le contó desde su desayuno hasta su viaje mañanero en su hermoso Mustang del 69, le relató la interesante clase que dio donde cada tejido se unía a otro y bailaban en pareja frente a ella, sus misterios revelados; sobre como almorzaba con los profesores y luego iba al hospital unas horas para su consulta, y como al final volvía a su casa cansada.
Al terminar se sentía mucho mejor, el roce de la sabana le dio cosquillas en la pierna, se sentó bien, escuchaba a lo lejos el sonido del aire acondicionado, su cabeza ya no dolía.
-¿Ves lo bien que te hace hablar?- Le dijo la voz más encantadora que nunca.
-Sí, pero ahora voy a estar trasnochada mañana, no dormí nada- Le respondió.
Se sentía muy cansada, escuchó el largo suspiro de la voz que le hablaba.
-Anda, duérmete entonces-
Escuchó como abrió la puerta y la cerro detrás de él, finalmente se durmió.
Afuera de la habitación el doctor León tomaba notas, la profesora recordaba claramente su antigua rutina, pero todavía no lograba sacarla de su trastorno. Había sufrido un brote psicótico a causa del estrés. Era cruel e irónico ver a una señora de esa edad, una doctora brillante además, reducida a una fantasía donde todavía era estudiante.
La paciente sale de su fantasía brevemente si interrumpo el
sonido del aire acondicionado defectuoso que grabé cuando visité su casa. La
rutina de su locura se deteriora poco a poco y la migraña ataca rápidamente. Indudablemente
hablar la calma, pero no es una solución permanente al problema. A pesar
de los tratamientos la doctora sigue atrapada en alguna mañana cualquiera de
sus días de estudiante, se necesita más estudio.
-Volveré a intentarlo mañana- Pensó el doctor para sí.
-Volveré a intentarlo mañana- Pensó el doctor para sí.
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