El aire acondicionado de su cuarto hacía un ruido horrible
cada vez que lo prendía. Mientras funcionaba parecía que un pequeño hombre
adentro del aparato raspara con una hojilla su interior, era un ruido que con
los años se volvió común a la hora de dormir y que ya no la fastidiaba en absoluto.
El problema es que ese día no lo estaba haciendo.
Esa era sólo una de las varias cosas que la mantenían despierta esa noche, el inicio del verano en la universidad al día siguiente, y cursar anatomía general por tercera vez eran los otros protagonistas de ese periodo de insomnio tan espectacularmente oportuno.
El tiempo seguía pasando y ella miraba el techo, dibujaba figuras con su mente, buscaba formas en el grano de la madera, de vez en cuando su mente se iba por un momento en alguna memoria lejana del día que había pasado, todo esto mientras otro pequeño pedazo de su mente le recordaba que cada minuto era un minuto de sueño desperdiciado, una pequeña gota de efectividad que no estaría presente el día de mañana.
De pronto se dio cuenta que su cabeza le dolía, era leve pero poco a poco aumentaba, le recordaba a uno de esos tipos que van en sus carros con la música a todo volumen, una pequeña molestia que empieza a lo lejos y que poco a poco se va acercando, lastimando sus neuronas.
Decidió bajar a buscar una pastilla, la escalera de madera chillaba con cada paso, odiaba ese sonido; buscó su pastilla, sirvió el vaso de agua y se regresó. De nuevo el chillido de los escalones, pero había algo diferente, un ruido que no estaba allí antes, no podía decir que era con exactitud, así que decidió ignorarlo y se acostó de nuevo.
-Ahora si, a dormir- Se dijo, como tratando de convencer a alguien más.
Pensó que desde que había vuelto debía haber pasado una media hora, aunque al ver el reloj vio que sólo eran 5 minutos, la relatividad del tiempo le abofeteaba, y como toda buena bofetada, le quitó cualquier sueño que pudiera tener.
El dolor no se había ido, seguía ahí y cada vez más cercano, más encima de ella, sentía como una vena en su frente palpitaba. Le dio calor y se quitó la sabana, se sentía incomoda y se movía, le volvió a dar frio, todo en cuestión de minutos. De repente su mente empezó a divagar, pero no era en el día que pasó, no, estaba pensando en la vena en su frente, esos pequeños canales de sangre. Se asustó del palpitar, ¿Que haría si esa vena estallaba? Ella estaba sola, ahí mismo se quedaría. Se olvidó de la vena al instante, estaba sola, ¿Y si el ruido que escucho no era sólo un ruido cualquiera? ¿Y si era alguien, un ladrón? Sentía que la angustia la iba a terminar de matar si la migraña no lo hacía primero.
Se paró a revisar, sus pies moviéndose lentamente por el piso sin levantarse, el miedo de conseguir algo más que su casa vacía le distraía de la migraña. Bajó muy lentamente por la escalera, su peso casi todo sobre las barandas para no hacer ningún sonido. Llegó a la cocina, vio la sala, se asomó por la ventana que daba al patio, no había nadie, la casa estaba vacía, no había ningún ladrón.
Se calmó, y al instante volvió la vena a palpitar, marcando el ritmo de la migraña. Por un momento consideró patear un mueble sólo para que le doliera algo más que la cabeza, sentía rabia, no estaba haciendo nada productivo, seguro cuando tuviera que estudiar se dormiría sin problema.
Se resignó a no poder dormir, revisó su libreta, si no dormiría al menos adelantaría algo de estudio. Empezó por las uniones celulares y los tipos de tejidos, luego repaso el tejido epitelial, el tema que más odiaba.
Esa era sólo una de las varias cosas que la mantenían despierta esa noche, el inicio del verano en la universidad al día siguiente, y cursar anatomía general por tercera vez eran los otros protagonistas de ese periodo de insomnio tan espectacularmente oportuno.
El tiempo seguía pasando y ella miraba el techo, dibujaba figuras con su mente, buscaba formas en el grano de la madera, de vez en cuando su mente se iba por un momento en alguna memoria lejana del día que había pasado, todo esto mientras otro pequeño pedazo de su mente le recordaba que cada minuto era un minuto de sueño desperdiciado, una pequeña gota de efectividad que no estaría presente el día de mañana.
De pronto se dio cuenta que su cabeza le dolía, era leve pero poco a poco aumentaba, le recordaba a uno de esos tipos que van en sus carros con la música a todo volumen, una pequeña molestia que empieza a lo lejos y que poco a poco se va acercando, lastimando sus neuronas.
Decidió bajar a buscar una pastilla, la escalera de madera chillaba con cada paso, odiaba ese sonido; buscó su pastilla, sirvió el vaso de agua y se regresó. De nuevo el chillido de los escalones, pero había algo diferente, un ruido que no estaba allí antes, no podía decir que era con exactitud, así que decidió ignorarlo y se acostó de nuevo.
-Ahora si, a dormir- Se dijo, como tratando de convencer a alguien más.
Pensó que desde que había vuelto debía haber pasado una media hora, aunque al ver el reloj vio que sólo eran 5 minutos, la relatividad del tiempo le abofeteaba, y como toda buena bofetada, le quitó cualquier sueño que pudiera tener.
El dolor no se había ido, seguía ahí y cada vez más cercano, más encima de ella, sentía como una vena en su frente palpitaba. Le dio calor y se quitó la sabana, se sentía incomoda y se movía, le volvió a dar frio, todo en cuestión de minutos. De repente su mente empezó a divagar, pero no era en el día que pasó, no, estaba pensando en la vena en su frente, esos pequeños canales de sangre. Se asustó del palpitar, ¿Que haría si esa vena estallaba? Ella estaba sola, ahí mismo se quedaría. Se olvidó de la vena al instante, estaba sola, ¿Y si el ruido que escucho no era sólo un ruido cualquiera? ¿Y si era alguien, un ladrón? Sentía que la angustia la iba a terminar de matar si la migraña no lo hacía primero.
Se paró a revisar, sus pies moviéndose lentamente por el piso sin levantarse, el miedo de conseguir algo más que su casa vacía le distraía de la migraña. Bajó muy lentamente por la escalera, su peso casi todo sobre las barandas para no hacer ningún sonido. Llegó a la cocina, vio la sala, se asomó por la ventana que daba al patio, no había nadie, la casa estaba vacía, no había ningún ladrón.
Se calmó, y al instante volvió la vena a palpitar, marcando el ritmo de la migraña. Por un momento consideró patear un mueble sólo para que le doliera algo más que la cabeza, sentía rabia, no estaba haciendo nada productivo, seguro cuando tuviera que estudiar se dormiría sin problema.
Se resignó a no poder dormir, revisó su libreta, si no dormiría al menos adelantaría algo de estudio. Empezó por las uniones celulares y los tipos de tejidos, luego repaso el tejido epitelial, el tema que más odiaba.
-¿Para qué lees algo que conoces tan bien? - Le preguntó
-No sé, sólo quiero pasar anatomía esta vez- Respondió ella.
Se acordó que estaba sola, quiso gritar pero no pudo.
-Cálmate, no te voy a hacer nada- Le dijo la voz en un tono calmado.
-¿Dónde estás? - Le preguntó a la voz, saber quién era no le importaba.
-No te preocupes, todo está bien- Respondió en su tono calmado.
-¿Qué quieres?-
-Hablar-
-¿Ah?- Preguntó.
-Que yo sólo quiera hablarte te parece una locura, pero hace un momento pensabas que la vena en tu frente podía reventar y te ibas a morir sola en tu cama, dime algo, ¿Cuál te parece más extraña?-
-Eres una persona que se metió en mi casa para hablarme, sigue siendo extraño que tu sólo quieras hablarme- Le dijo con un poco de indignación.
-Está bien, puede tener razón, pero aun así, yo sólo quiero hablarte- Dijo la voz, su tono cada vez más suave y encantador.
No entendía que estaba pasando, estaba aterrada, quería correr pero sus piernas no respondían y sus pulmones se apretaban si intentaba gritar.
-Te dije que no te iba a hacer nada, ¿Porque tienes tanto miedo? ¿Siempre eres así de desconfiada?-
-Disculpa, ¿Sabes que te metiste en mi casa?-
-Sigues con lo mismo, háblame de algo más, como por ejemplo ¿Qué tal te fue hoy?-
No sabía que hizo hoy, no podía pensarlo, no podía pensar en otra cosa que no fuera que había alguien ahí, que no se podía mover y que el aire no estaba haciendo ruido.
-Por favor, sólo cálmate y háblame, estas tan asustada que no te mueves- La voz aunque encantadora estaba obviamente irritándose.
Ella decidió respirar y tratar de relajarse, inmediatamente la angustia que tan violentamente la tenía tomada se desvaneció. Empezó a contarle una historia inventada por ella, no lo hacía por maldad o porque no quería que la voz supiera de su día, sólo no recordaba nada, decidió jugar a que era una profesora de medicina. Le contó desde su desayuno hasta su viaje mañanero en su hermoso Mustang del 69, le relató la interesante clase que dio donde cada tejido se unía a otro y bailaban en pareja frente a ella, sus misterios revelados; sobre como almorzaba con los profesores y luego iba al hospital unas horas para su consulta, y como al final volvía a su casa cansada.
Al terminar se sentía mucho mejor, el roce de la sabana le dio cosquillas en la pierna, se sentó bien, escuchaba a lo lejos el sonido del aire acondicionado, su cabeza ya no dolía.
-¿Ves lo bien que te hace hablar?- Le dijo la voz más encantadora que nunca.
-Sí, pero ahora voy a estar trasnochada mañana, no dormí nada- Le respondió.
Se sentía muy cansada, escuchó el largo suspiro de la voz que le hablaba.
-Anda, duérmete entonces-
Escuchó como abrió la puerta y la cerro detrás de él, finalmente se durmió.
Afuera de la habitación el doctor León tomaba notas, la profesora recordaba claramente su antigua rutina, pero todavía no lograba sacarla de su trastorno. Había sufrido un brote psicótico a causa del estrés. Era cruel e irónico ver a una señora de esa edad, una doctora brillante además, reducida a una fantasía donde todavía era estudiante.
-No sé, sólo quiero pasar anatomía esta vez- Respondió ella.
Se acordó que estaba sola, quiso gritar pero no pudo.
-Cálmate, no te voy a hacer nada- Le dijo la voz en un tono calmado.
-¿Dónde estás? - Le preguntó a la voz, saber quién era no le importaba.
-No te preocupes, todo está bien- Respondió en su tono calmado.
-¿Qué quieres?-
-Hablar-
-¿Ah?- Preguntó.
-Que yo sólo quiera hablarte te parece una locura, pero hace un momento pensabas que la vena en tu frente podía reventar y te ibas a morir sola en tu cama, dime algo, ¿Cuál te parece más extraña?-
-Eres una persona que se metió en mi casa para hablarme, sigue siendo extraño que tu sólo quieras hablarme- Le dijo con un poco de indignación.
-Está bien, puede tener razón, pero aun así, yo sólo quiero hablarte- Dijo la voz, su tono cada vez más suave y encantador.
No entendía que estaba pasando, estaba aterrada, quería correr pero sus piernas no respondían y sus pulmones se apretaban si intentaba gritar.
-Te dije que no te iba a hacer nada, ¿Porque tienes tanto miedo? ¿Siempre eres así de desconfiada?-
-Disculpa, ¿Sabes que te metiste en mi casa?-
-Sigues con lo mismo, háblame de algo más, como por ejemplo ¿Qué tal te fue hoy?-
No sabía que hizo hoy, no podía pensarlo, no podía pensar en otra cosa que no fuera que había alguien ahí, que no se podía mover y que el aire no estaba haciendo ruido.
-Por favor, sólo cálmate y háblame, estas tan asustada que no te mueves- La voz aunque encantadora estaba obviamente irritándose.
Ella decidió respirar y tratar de relajarse, inmediatamente la angustia que tan violentamente la tenía tomada se desvaneció. Empezó a contarle una historia inventada por ella, no lo hacía por maldad o porque no quería que la voz supiera de su día, sólo no recordaba nada, decidió jugar a que era una profesora de medicina. Le contó desde su desayuno hasta su viaje mañanero en su hermoso Mustang del 69, le relató la interesante clase que dio donde cada tejido se unía a otro y bailaban en pareja frente a ella, sus misterios revelados; sobre como almorzaba con los profesores y luego iba al hospital unas horas para su consulta, y como al final volvía a su casa cansada.
Al terminar se sentía mucho mejor, el roce de la sabana le dio cosquillas en la pierna, se sentó bien, escuchaba a lo lejos el sonido del aire acondicionado, su cabeza ya no dolía.
-¿Ves lo bien que te hace hablar?- Le dijo la voz más encantadora que nunca.
-Sí, pero ahora voy a estar trasnochada mañana, no dormí nada- Le respondió.
Se sentía muy cansada, escuchó el largo suspiro de la voz que le hablaba.
-Anda, duérmete entonces-
Escuchó como abrió la puerta y la cerro detrás de él, finalmente se durmió.
Afuera de la habitación el doctor León tomaba notas, la profesora recordaba claramente su antigua rutina, pero todavía no lograba sacarla de su trastorno. Había sufrido un brote psicótico a causa del estrés. Era cruel e irónico ver a una señora de esa edad, una doctora brillante además, reducida a una fantasía donde todavía era estudiante.
La paciente sale de su fantasía brevemente si interrumpo el
sonido del aire acondicionado defectuoso que grabé cuando visité su casa. La
rutina de su locura se deteriora poco a poco y la migraña ataca rápidamente. Indudablemente
hablar la calma, pero no es una solución permanente al problema. A pesar
de los tratamientos la doctora sigue atrapada en alguna mañana cualquiera de
sus días de estudiante, se necesita más estudio.
-Volveré a intentarlo mañana- Pensó el doctor para sí.
-Volveré a intentarlo mañana- Pensó el doctor para sí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario