sábado, 21 de septiembre de 2013

Historias de colores: Anaranjado

Mientras camino por el parque y escucho los pájaros cantar y las ramas moverse pienso en lo maravilloso que es estar vivo, digo, tengo el viento acompañándome, los sonidos del mundo, los rayos del sol sobre mi y a luna acompañándome. Luna es mi perra, es el ser mas fiel y cariñoso que existe, siempre me cuida y yo la cuido a ella, somos prácticamente inseparables.

Adoro el parque, aunque me haya costado acostumbrarme a caminar en su camino de piedras, es muy irregular, no me apena decir que mas de una vez me he caído caminando aquí. Camino por este parque todos los días, queda entre mi apartamento y mi trabajo y me evita cruzar muchas calles, odio cruzar calles.

Ya lo conozco de pie a cabeza, entro por la puerta este, rodeo el lago y su camino de tierra, paso al lado del parque donde las risas de los niños me hacen sonreír, llego a la zona de picnic atravesando la grama y finalmente el camino de piedra en la salida sur.

El camino de piedra se acabo y ahora camino sobre concreto, cruzo a la derecha llego a la esquina y aquí estoy, una de mis aventuras diarias, odio cruzar calles. Es tan fácil morir arrollado, admito que a pesar de ser un hombre hecho y derecho todavía siento nervios al cruzar la calle.

Llego al otro lado de la calle y camino hasta la otra esquina, cruzo a la derecha paso una tienda de música donde todos los días ponen la misma canción de los Beatles, camino un poco mas.

-Muy buenos días señor Miguel, ¿Como esta?- Me dice José, el portero del edifico donde trabajo.

José tiene una voz muy particular, es muy grave y profunda, como si hablara gruñendo, siempre me da los buenos días, es difícil perderse con una voz así saludándote en la entrada.

-Muy bien señor José, todo perfecto- Le respondo.

Entro al lobby del edificio me acerco a los ascensores y toco el botón, siempre en el ascensor que esta en la pared izquierda, solo ese me lleva a mi piso, el tercer botón de abajo para arriba, piso 6, lo toco y espero. Luna odia los ascensores, creo que la ponen nerviosa, y si, mi perra viene conmigo al trabajo, a nadie le importa que la lleve, ¿Cual es el problema con que un ingeniero de sonido lleve a su mascota al trabajo? Ninguno, exactamente.

-¿Como amaneces Miguel?- Me dice

Esa es la voz de Carla, es suave y delicada, a menos que le hagas algo para molestarla, su voz es suave pero molesta se vuelve tan delicada como una sabana hecha de lija.

-Muy bien Carla, ¿Tú?-

-Bien Miguel, todo bien- Me dice ella.

Es mentira, su voz no suena bien, pero no tengo tiempo, toco mi reloj, voy tarde.

-Todo lo bueno siempre puede ser mucho mejor- No es mucho pero es algo, tal vez le ayude.

Entro en mi cabina y Luna se echa a mi lado, en la esquina tiene su pequeña oficina propia, comida y agua, todo lo que podría necesitar.

Hoy tengo que editar, acomodar, modificar sonidos, canciones, uno que otro comercial para los clientes, esta es mi vida, los sonidos, adoro este trabajo.

Cuando era mas pequeño no le prestaba tanta atención a los sonidos, el mundo es un lugar hermoso e impresionante, tantas cosas que ver y hacer, recuerdo que iba a la playa con mis padres y me quedaba impresionado con el océano, trataba de ver mas allá de esa pequeña linea que mis papas llamaban horizonte, mi mama tenia una sombrilla gigante de color anaranjado, estaba muy pequeño, no mas de 3 años pero esa sombrilla se aparece en mi mente cada vez que hay razones para sonreír, el color anaranjado para siempre en mi memoria. Recuerdo que empece a ver el mundo de una forma distinta después de una fiebre que tuve a los 6, mi madre me enseño a apreciar y amar los sonidos, hoy en día cada vez que escucho un arpa la recuerdo.

Mezcla aquí, muevo por acá, duplico una pista, me encanta hacer esto para ganarme la vida, moviendo y modificando sonidos para que tengan el tono correcto, ese balance perfecto que el cliente busca, y lo hago todo con mi gran tablero. Muchos se quedan impresionados, no comprenden como yo puedo manejar con tanta destreza tantos botones y rueditas y niveladores, pero para mi ya es cotidiano, se que hace todos y cada uno de los botones, rueditas y niveladores de mi tablero, se que puede y que no puede hacer, eso me hace el rey perfecto del tablero, como el rey en un cuento que me leía mi padre, se llama el principito, en el había un rey que era grande y poderoso, tan poderoso que podía pedirle al sol que se ocultase o que saliera y este lo hacia, porque sabia cuando que el sol le obedecería en el momento adecuado.

Ya se hizo tarde y me voy a mi casa, Luna también quiere irse, además, ella adora el camino de regreso a casa, no se que es lo que le gusta tanto de la noche.

Llego a la recepción toco el botón del ascensor y bajo, llego a la puerta giro a la izquierda, camino hasta la esquina, a esta hora ya esta cerrada la tienda de música, pero solo debo llegar al final, me tropieso en un desnivel y caigo de frente, ya estoy acostumbrado, me paro al instante.

-¿Que le pasa a ese señor mami?- Escucho decir a un niño.

-Shhh nada nada mi amor ven-  Dice su madre, algunas personas no entienden que todos podemos caernos.

Sigo caminando y llego a la esquina, como quisiera evitar esto, odio cruzar calles, de verdad, no me canso ni me cansare de repetirlo, es la peor parte de mi día.

Entro por la puerta sur del parque y empiezo mi recorrido en reversa camino de piedra, camino de grama, a esta hora no hay niños así que solo sigo y llego al camino de tierra, rodeo el lago y llegue, la puerta este, cruzo a la derecha aquí esta mi edificio, justo al lado, tengo los pasos contados.

Llego a la puerta, toco el ascensor, el cuarto botón en la columna izquierda de botones, piso 4, me bajo del ascensor, una puerta, dos puertas, me detengo, 4-B este es mi apartamento, huele a comida, abro la puerta y luna sale corriendo.

-¡Luna!-

Es la voz de mi hija. Abro los brazos y ella viene y me abraza.

-¿Como estas corazón? ¿Como esta la universidad?-

-Todo muy bien papa-

Se oye muy feliz, que felicidad mas grande puede haber que la de un hijo feliz.

Entro en la cocina y abrazo a mi esposa, mi casa es como mi tablero, se donde esta todo.

Los sonidos de felicidad y el olor a comida haciéndose, estoy muy feliz.

Realmente es maravilloso estar vivo, hasta alguien ciego como yo puede verlo, la sombrilla anaranjada esta marcada en mi mente.


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