La responsabilidad
Desde que soy niño se me ha recordado incesantemente lo importante de las responsabilidades, son parte integral de la libertad, esta, a pesar de ser pintada como un ideal casi salido de un libro sobre anarquía donde todos hacen lo que quieren y a quien quieren en el momento que lo quieren, es un balance ideal de derechos y comodidades frente a una serie de deberes que de no ser cumplidos vendrán a buscarte cual sabueso del infierno pues tu libertad se acaba en el momento que tu falta de compromiso con la responsabilidad afecta la libertad de otro ser.
Habiendo salido de ese pequeño trance moralista regreso a mi punto, las responsabilidades son esas obligaciones que en su mayoría se nos son impuestas, pues si, nosotros no elegimos en que familia nacemos, ni elegimos como se nos cría, no elegimos el idioma que hablamos ni el país en el que nacemos y en algunos casos contados ya en esta época no se elige ni la profesión que se desempeñara.
Aceptables e inaceptables.
En la mayoría de estos casos estas responsabilidades impuestas son aceptables, uno aprende a amar a la familia que se le eligió o se le deja, aprovecha los beneficios que pueda obtener de su crianza o se repudia hasta en el ultimo caso se puede dejar la profesión impuesta, pues si es cierto que las responsabilidades fueron impuestas en nuestra condición de seres libres podemos decidir repudiar dicha responsabilidad si los derechos obtenidos no muestran un balance adecuado. Al contrario de esto hay responsabilidades impuestas que son en su esencia inaceptables, en estos prácticamente 15 años de revolución que he vivido se me ha impuesto una responsabilidad monumental por el grupo que, con ideologías torcidas, gobiernan en mi país. Pues se me impuso la responsabilidad de elegir partida en un territorio agudamente parcializado políticamente.
El hombre sin pertenencia.
No queda mal recordar a quien se tome el tiempo de leer esto que cuando empezó la mal llamada revolución yo solo contaba con 6 años, pero recuerdo y nunca olvidare que desde el principio la polarización se sentía, al menos en mi mundo; aunque este fuera el mundo reducido de un niño de 6 años que poco sabe del mundo que lo rodea, como si fuera algo natural recuerdo los comentario que hacia uno de mis compañeros.
-Mi mama dice que el presidente es un ladrón- Comentario que en mi mente pintaba la imagen caricaturesca del ahora difunto presidente vestido de negro con un pasamontañas entrando sin permiso por la ventana de alguien. Fue así como creciendo vi con mis propios ojos el odio de una parte por la otra y la pequeña pero siempre uniforme migración anual de la parte revolucionaria a la otra ,que llamaremos los contrarios. Esta migración se daba sin excusa y aquellos que migraban siempre miraban hacia atrás y a su asociación con una mezcla de nostalgia por lo que pudo ser y repugnancia propia por haber creído que podía ser.
Pude ver como mi familia afectos al sistema fueron abusados por los contrarios en cada oportunidad, de forma tan grave que hasta un cambio de escuela me toco ver por los ideales políticos de mi familia, hasta que un día decepcionados ellos mismo se convirtieron en contrarios, el tiempo y un evento tanto doloroso como indignante los llevo a cambiar. Me refiero a ellos como distintos a mi no porque piense algo malo de ellos, sino por la diferencia clave entre mi familia y yo, si bien ellos eligieron un partido y luego eligieron otro en su condición de seres libres, yo que crecí observando no elegí y aun me cuesta la elección. Lo que he vivido en estos tiempos me han llevado a una suerte de nihilismo político en donde poco espero de quien este en el poder.
No me siento parte del pueblo que defiende este gobierno, y no me siento parte de los contrarios, en efecto no siento que pertenezco, estoy atrapado en un desacuerdo perpetuo, no tengo pertenencia.
Una ayuda siempre sera bien agradecida, algún consejo, alguna opción que me ayude a pertenecer me encuentro en un estado lamentable, los afectos al gobierno tienen "patria", los contrarios tienen "esperanza" ¿Y yo? Yo solo tengo palabras.