Aquella noche en la catedral hacia mucho frío, es un edificio antiguo y la luz eléctrica no funciona tan bien después de la guerra, se han visto mejores situaciones en Notre Dame.
No voy a olvidar jamas el momento en el que vi por primera vez a ese hombre, llego buscándome, algo muy extraño tomando en cuenta que no soy mas que un sacerdote que pasa su tiempo investigando textos, al menos eso es lo que cualquiera pensaría, de alguna forma yo ya sabia porque me buscaba.
-Mi nombre es Gustav Vitra- me dijo con seriedad.
Tenia la cara de aquel que no ha dormido en semanas, pero sus ojos se veían extrañamente activos, alertas a cualquier movimiento brusco, pude notar que siempre veía hacia al fondo de mi pequeña habitación, tal vez esperando que algo entrara por la mínima ventana en la pared.
-¿Usted es el padre Lopez?- Me pregunto en mi natal español, se notaba que no era ni su idioma natal ni uno que dominara completamente.
-Si, ¿Que quiere?-
-Vengo de parte de Manuel Meireles-
Un nombre que tenia mucho tiempo sin escuchar, otro... interesado por lo antiguo, lo conocí hace mucho en la frontera de España con Portugal, mi vida ha sido lo suficientemente larga y mi curiosidad lo suficientemente grande para conocer muchas personas en muchos lugares.
-¿Y como esta el señor Meireles?-
-Muerto- me respondió fríamente.
-Dios cuide su alma- Respondí automáticamente, los mantras son algo muy poderoso cuando se repiten lo suficiente.
-Da, murió cazando, su presa, bueno usted se imaginara, en su ultimo aliento me dijo que usted le dio muy buenos consejos para la caza, consejos que le sirvieron con sus primeras tres presas, lastima que la ultima lo agarrara por sorpresa-
Como su acento no era suficiente el "Da" en vez de si me termino de delatar que su idioma, si no era ruso, se le acercaba. Encendí una vela y la puse sobre la mesa.
-Siéntese señor Vitra.-
-Spasibo, digo, gracias-
Tan pronto se sentó y la luz ilumino su cara pude darme cuenta que su palidez era casi fantasmal y que tenia muchas cicatrices acumuladas en los brazos y cuello.
-Vengo, porque a Meireles le sirvió su consejo y he escuchado que pocos saben tanto como usted sobre el tema, ¿Sabe de que hablo?-
Cada cierto tiempo vienen a preguntarme de esto, pero el tenia algo diferente, perturbante.
-Vampirismo-
-Da- Contesto.
Con el misterio de su visita resuelto, seguimos la conversación como cualquier otra.
-¿Que quiere saber?-
-Empecemos por lo local, quiero saber lo que usted sepa de los grupos franceses-
Empece a decirle todo lo que sabia de los grupos franceses, del clan Rouge que habían perfeccionado una forma de hacerse invisible en las lunas llenas, de los Sang-Bleu que por años fueron reyes de Francia y que, con lo impredecible del vampirismo, habían sido beneficiados por sus escandalosas tendencias incestuosas, desarrollando una habilidad de desarmar y armar concreto como por arte de magia, los ojos agobiados pero atentos de Vitra solo observaban, como si mirara mis palabras guardando cada una en su mente, pretendiendo guiarse de ellas como si fueran el sacramento mas sagrado.
-Volveré en unos días padre Lopez, a la misma hora, por ahora iré a dormir-
-¿Vendrá a las 12? ¿Duerme de día?-
-Da, cuando se caza se adoptan algunas costumbres de la presa- me dijo tratando de calmar una sospecha que el se imaginaba.
Pasaron los días y fielmente llego a las 12, cuando lo recibí note un gran corte en cuello, una cicatriz nueva para la colección.
-Sus consejo fueron excelente padre, solo hay un problema, los Sang-Bleu, no desarman y arman, atraviesan las paredes como fantasmas, fue una sorpresa algo desagradable, por suerte mi daga y el saber usarla me salvaron- Me dijo mientras se sentaba y el corte en su cuello se hacia mas obvio a la luz de la vela.
-No lo sabia, discúlpeme, Izvinite, ¿Así se dice no?-
-Net padre, ese es el plural de disculpa, pero esta bien, usted me dio consejos y mi daga hizo el resto-
-Señor Vitra, si me disculpa, ¿Porque no usar un arma con todas las disponibles ahora que acabo la guerra?-
-Son demasiado impredecibles, se trancan, mi daga no se tranca, es otra parte de mi brazo, una vez que doy el primero se como daré el segundo y estoy seguro de dar el ultimo- me respondió con una sonrisa arrogante.
Me pregunto por mas grupos de vampiros, esta vez de Alemania, pobre país esta destruido después de que el bestia que los lideraba decidió que un genocidio era la forma de surgir como nación, es un país separado y apenado por lo que ha hecho, perfecto para vampiros. Solo sabia de un grupo, Der Eckzahn, descubrieron una forma de hacerse pasar por vegetación y matar en los bosques sin que nadie los encuentre.
-Como sabrá, el viaje me tomara un poco mas de tiempo, pero volveré, a la misma hora.-
Y así fue, paso un mes completo, pero Vitra volvió, esta vez sin ninguna cicatriz nueva, eso no lo detuvo de corregir lo que pudo de mi ultimo concejo.
-Muy útil padre, pero ya no se convierten solo en vegetación, en esta época ya no les funciona, ahora se disfrazan, bueno, se disfrazaban de leña, que bueno que llegue cuando lo hice, estaban desarrollando algún tipo de resistencia al fuego.- me dijo de nuevo con su sonrisa burlona.
Aquella noche la electricidad funcionaba, pude ver mas a detalle las cicatrices, el señor Vitra debía haber tenido mucho tiempo cazando, pero no era tan viejo como su cuerpo cansado sugería, debe haber empezado desde muy joven.
-Bueno padre, ha llegado el momento de ocuparme de su país, ¿Es español usted da? Luego de que me encargue de eso me podra ir diciendo sobre los grupos en Noruega, en Inglaterra, en el resto de este continente ¿Le parece?-
-Bueno, pero tendrá que concentrarse, en España solo hay un grupo, solo es uno porque se encargo de acabar con los demás, una tendencia que tienen todos sus miembros, si están bien alimentados jamas te enteraras de que son vampiros, son extremadamente cultos, no son las bestias salvajes que acostumbra enfrentar, investigan, leen, forman parte de la sociedad en la que están, hasta un Papa llegaron a tener en su momento, y solo se alimentan de los que duermen, se hacen llamar los Marcano por la primera familia del grupo.-
-Bueno, eso lo hace bastante... Interesante, hasta luego padre, do svidaniya-.
Se fue muy decidido, los días pasaron, se convirtieron en meses, un año y medio termino pasando antes de que volviera el señor Vitra, cuando entro en mi oscura habitación se le notaba lo agobiado, cansado, frustrado que estaba.
-No pude padre, no encontré ni uno solo, falle.- me dijo con desesperación en su voz.
-Siéntate Vitra, te dije que no seria fácil, tienes suerte de que no te haya pasado nada hasta estas alturas.-
Encendí la vela en la mesa, me di cuenta que estaba cabizbajo mirando la mesa, evadiendo mi cara con vergüenza, una vergüenza que mata.
-¿Como se supone que los descubriera si su cuerpo no lleva marca del vampirismo? Yo mismo aparento uno, y ellos solo lo parecen cuando no comen, ¿Como los voy a encontrar?-
-Bueno Gustav, yo no he comido desde hace una semana-
Su cara se levanto y miro la mía que estaba iluminada por la vela, no se si fue mi palidez, los ojos rojos o quizás los colmillos, si, seguro fueron los colmillos lo que mas le sorprendió de todo. Salte sobre el, puedo asegurarles que no dio ni el primero, ni el segundo ni mucho menos el ultimo golpe.
martes, 31 de diciembre de 2013
domingo, 1 de diciembre de 2013
Suerte
La muerte de Marcos tomo a todos por sorpresa, todo el que lo conocía sentía un dolor indescriptible, no solo por la perdida sino por lo bizarro de la situación, Marcos era fuerte, era decidido, era una de esas personas que todos pensaban viviría hasta sus 90 y tantos años dando ordenes y direcciones, guiando a quien se lo pidiera, siendo el éxito aplastante que siempre había sido con todos.
El vuelo a Mónaco había costado bastante dinero, pero eso no le importaba a personas como Marcos. Llego a su hotel, se baño y vistió sin perder mucho tiempo y antes de la hora de haber llegado ya estaba camino a un casino.
Entro con la seguridad y la elegancia característica que tanto le había conseguido en la vida y luego de unas cuantas partidas de poker regreso a su hotel con una tal Françoise, en su cara se notaba la amargura, acaba de ganas unos cien mil euros.
-¿Y por que esa cara mon chéri?- le dijo Françoise arrastrando todas las r que pronunciaba.
-No tengo ninguna cara- le respondió Marcos.
El vuelo a Mónaco había costado bastante dinero, pero eso no le importaba a personas como Marcos. Llego a su hotel, se baño y vistió sin perder mucho tiempo y antes de la hora de haber llegado ya estaba camino a un casino.
Entro con la seguridad y la elegancia característica que tanto le había conseguido en la vida y luego de unas cuantas partidas de poker regreso a su hotel con una tal Françoise, en su cara se notaba la amargura, acaba de ganas unos cien mil euros.
-¿Y por que esa cara mon chéri?- le dijo Françoise arrastrando todas las r que pronunciaba.
-No tengo ninguna cara- le respondió Marcos.
Le quizo ocultar la amargura, ni el sabia porque, ademas era una intención inútil, buena suerte al hombre que quiera esconderle el estado de animo a una mujer que le interese.
Paso la mañana con ella, comieron en la habitación de hotel, Françoise era de esas familias adineradas francesas con un gusto por lo "exótico" y Marcos no era mas latino porque sus abuelos no eran indios.
En la tarde se despidió de ella y luego de ir a cambiarse al hotel fue a otro casino, esta vez estuvo mas tiempo, jugaba blackjack y ganaba y ganaba. Estaba harto de eso, desde muy joven había contado con una buena suerte increíble, no había decisión suya que por arriesgada no tuviera éxito.
Con unos quinientos mil euros encima se decidió a jugar una ultima mano y lo aposto todo, le entregaron sus dos cartas y cuando las volteó escuchó el sonido de una mesonera que se tropezó detrás de el y cayo al piso con una bandeja cargada de copas de vino.
-Dame otra carta- dijo Marcos sin acordarse de ver sus cartas.
Apenas le dio tiempo de ver sus cartas cuando el crupier ya estaba entregándole la otra que pidió, tenia dos reinas, Marcos noto que era casi seguro que perdería, se emocionó, por fin estaba libre, su suerte había fallado por culpa del descuido y por un segundo fue el hombre mas feliz del mundo.
-Su carta Monsieur- dijo el crupier.
La felicidad solo le duro un segundo, la carta que le habían dado era un as y Marcos acaba de ganar otra vez.
-Manda a cobrar mis fichas- Le dijo al crupier en un tono bajo y desesperanzado.
Se paro y antes de irse vio a la mesera, un Sheik árabe le estaba diciendo en cualquier cantidad de idiomas lo imbécil y descuidada que era, Marcos indignado de que trataran así a la causante de su felicidad de segundo se le paro de frente al Sheik y le dijo en su mejor francés.
-Déjala quieta, yo te pago el vino-
El sheik no dijo nada, sonrió le dio un abrazo a Marcos y una tarjeta con su teléfono y le explico que un hombre que no le teme a nada es bueno en los negocios. Y si, la suerte de Marcos era tal que ni amotinándosele a un sheik hacia un enemigo.
-¿Estas bien?- le pregunto Marcos a la mesera.
-Oui, merci beaucoup monsieur- respondió ella.
-¿Hablas español?-
-Oui Monsieur, muy poquito-
-¿Como te llamas?-
-Je m`appelle Juliette, et vous?-
Si alguien duda que prácticamente todo en francés suena hermoso solo pregúntenle el nombre a una francesa, Marcos, por supuesto, había dejado esa duda mucho tiempo atrás. Solo le dijo su nombre y le pregunto el suyo, no hacia falta de mucho mas.
-Yo me llamo Marcos-
La ayudo a recoger las copas rotas y se la llevo del casino, solo el y la dueña de su felicidad de un segundo. Era muy diferente a Françoise, para empezar no tenia ese aire pomposo de elegancia, su elegancia era simple, simple pero con mucha gracia, como algo escrito por Hemingway.
Esa noche se la llevo a los puertos y cuando Marcos fue a reservar un yate para los dos le dijeron que ya no habían disponibles, fueron a un cine pero lo estaban remodelando, finalmente fueron a un restaurante pero no consiguieron mesa donde sentarse. Marcos estaba maravillado, se la llevo a su hotel y la noche no fue lo suficientemente larga para amarla.
Al despertar se dio cuenta que Juliette no estaba, seguro se fue a trabajar, el sabia donde conseguirla así que no le afectaba mucho. Bajo al lobby, iría a un café a desayunar algo.
-¡Tu! ¡Homme de Merde! Todos son iguales-
-¿Françoise? ¿Que te pasa?-
-La vi saliendo en la mañana, ¡Estabas con otra!-
-Si, si lo estaba, perdón si te di la impresión equivocada, pero no quiero contigo mas que la noche que ya pasamos, digo, fue una buena noche, muchas cosas interesantes, pero mas nada que eso-
Marcos decía todo esto en calma porque estaba seguro que su suerte, como siempre, lo sacaría del problema.
-¡Marcos! no te encontraba fui a buscar desayuno- gritaba una voz muy al fondo del lobby
Françoise levanto su ceja izquierda tan alto que prácticamente se le salia de la frente y se volvía parte de su cabellera castaña. Marcos entendió que su suerte no estaba en el momento, se salio por la ventana cuando Juliette entro.
-Homme de Merde- repitio Françoise y lo siguió de una cachetada.
Salio caminando sin despeinarse con todo ese aire pomposo de elegancia que no la abandonaba nunca, Marcos por un momento trataba de imaginar una situación en donde lo perdiera pero le constaba que aun entre perversiones ella era muy elegante. Ese pensamiento hizo que se riera un poco.
-Qui-est elle?-
-Nadie importante-
Entro de nuevo en la habitación con Juliette y desayuno con ella, se le derramo el agua y se mancho la camisa de mermelada.
Antes de que Juliette se fuera le pidió su numero, su dirección, donde buscarla, le hablo de escaparse, de desvanecerse del mundo, de irse a donde nadie supiera quienes eran, no lo pensaba mucho pero eso era lo que mas le gustaba, lo arriesgado y estúpido del plan.
A Juliette no le gustaba mucho la idea, pero eso no iba a detener a Marcos de tratar de vendérsela de cualquier forma que se le ocurriese, finalmente ella se fue a trabajar, antes de que se fuera Marcos le susurro al oído una promesa, de esas que no se hacen todo el tiempo.
Esa noche Marcos fue de nuevo al casino donde trabajaba Juliette, jugaba a la ruleta y bebía vino con el Sheik, este le hablaba de historias de su familia de una cantidad excesiva de primos que tenia. Juliette lo veía pero no se acercaba, el se hacia el que no se daba cuenta y seguía bebiendo y perdiendo dinero, su suerte se hacia cada vez un poco peor.
Juliette termino su turno e iba saliendo del casino, agarro un taxi y se fue a su casa, frente a su edificio estaba sentado Marcos, una botella de vino en su mano, dos boletos de avión en la otra.
Juliette empaco ropa, quería llevarse fotos pero Marcos no la dejo, tenían que dejar todo de su vida atrás, había algo de este hombre que no conocía que le encantaba, este hombre tan descuidado y con una muy aparente mala suerte.
-¿Estas lista?-
-Oui-
Tomaron un taxi al hotel, ella se quedo esperando mientras el buscaba su maleta, entro a su cuarto vació el armario y cerro su maleta. Escucho como se abría la puerta del baño.
-Adieu Marcos-
Para cuando vio quien lo decía ya le habían disparado dos veces en el pecho, vio como se iba del cuarto pomposa y elegante, había tirado una vela en la alfombra, el cuarto se incendiaba.
Se arrastro hacia la puerta, trato de pararse pero no podía respirar, se desmayo.
-Que tristeza esto-
-Si, supongo que nadie sabe cuando llega su tiempo-
El ataúd era de ébano con detalles en plata, el Sheik no se ahorro ningún costo en el funeral, le tenia mucho cariño, conocidos y amigos consolaban a la viuda y le juraban su apoyo incondicional para lo que sea que necesitase, sus hijos los veían y evitaban que hablaran mucho con su madre.
-¿De que murió?- Le preguntaron a uno de sus hijos.
-Unas balas en su pecho, una llego al corazón, trataron de salvarlo pero no soporto la operación-
-¿Le dispararon?-
-Si, hace unos 20 años, cuando conoció a mamá, nunca nos contaba el cuento completo, nunca nos dijo quien fue, solo nos decía que esas dos balas eran lo mas elegante que le había pasado-
Nunca mas había jugado en un casino, después de salvarse no quiso dejar mas nada a la suerte y para no verse tentado se llevo a Juliette, sus negocios con el Sheik fueron lucrativos, y lo mejor era que no necesitaba suerte para no tener miedo y ser el, en efecto la insoportable buena suerte que lo acompaño por tanto tiempo se fue desvaneciendo, 20 años después se podría decir que fue la falta de suerte lo que lo mato.
No le importaba, ni la elegancia ni la suerte le hicieron falta, era feliz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)