La muerte de Marcos tomo a todos por sorpresa, todo el que lo conocía sentía un dolor indescriptible, no solo por la perdida sino por lo bizarro de la situación, Marcos era fuerte, era decidido, era una de esas personas que todos pensaban viviría hasta sus 90 y tantos años dando ordenes y direcciones, guiando a quien se lo pidiera, siendo el éxito aplastante que siempre había sido con todos.
El vuelo a Mónaco había costado bastante dinero, pero eso no le importaba a personas como Marcos. Llego a su hotel, se baño y vistió sin perder mucho tiempo y antes de la hora de haber llegado ya estaba camino a un casino.
Entro con la seguridad y la elegancia característica que tanto le había conseguido en la vida y luego de unas cuantas partidas de poker regreso a su hotel con una tal Françoise, en su cara se notaba la amargura, acaba de ganas unos cien mil euros.
-¿Y por que esa cara mon chéri?- le dijo Françoise arrastrando todas las r que pronunciaba.
-No tengo ninguna cara- le respondió Marcos.
El vuelo a Mónaco había costado bastante dinero, pero eso no le importaba a personas como Marcos. Llego a su hotel, se baño y vistió sin perder mucho tiempo y antes de la hora de haber llegado ya estaba camino a un casino.
Entro con la seguridad y la elegancia característica que tanto le había conseguido en la vida y luego de unas cuantas partidas de poker regreso a su hotel con una tal Françoise, en su cara se notaba la amargura, acaba de ganas unos cien mil euros.
-¿Y por que esa cara mon chéri?- le dijo Françoise arrastrando todas las r que pronunciaba.
-No tengo ninguna cara- le respondió Marcos.
Le quizo ocultar la amargura, ni el sabia porque, ademas era una intención inútil, buena suerte al hombre que quiera esconderle el estado de animo a una mujer que le interese.
Paso la mañana con ella, comieron en la habitación de hotel, Françoise era de esas familias adineradas francesas con un gusto por lo "exótico" y Marcos no era mas latino porque sus abuelos no eran indios.
En la tarde se despidió de ella y luego de ir a cambiarse al hotel fue a otro casino, esta vez estuvo mas tiempo, jugaba blackjack y ganaba y ganaba. Estaba harto de eso, desde muy joven había contado con una buena suerte increíble, no había decisión suya que por arriesgada no tuviera éxito.
Con unos quinientos mil euros encima se decidió a jugar una ultima mano y lo aposto todo, le entregaron sus dos cartas y cuando las volteó escuchó el sonido de una mesonera que se tropezó detrás de el y cayo al piso con una bandeja cargada de copas de vino.
-Dame otra carta- dijo Marcos sin acordarse de ver sus cartas.
Apenas le dio tiempo de ver sus cartas cuando el crupier ya estaba entregándole la otra que pidió, tenia dos reinas, Marcos noto que era casi seguro que perdería, se emocionó, por fin estaba libre, su suerte había fallado por culpa del descuido y por un segundo fue el hombre mas feliz del mundo.
-Su carta Monsieur- dijo el crupier.
La felicidad solo le duro un segundo, la carta que le habían dado era un as y Marcos acaba de ganar otra vez.
-Manda a cobrar mis fichas- Le dijo al crupier en un tono bajo y desesperanzado.
Se paro y antes de irse vio a la mesera, un Sheik árabe le estaba diciendo en cualquier cantidad de idiomas lo imbécil y descuidada que era, Marcos indignado de que trataran así a la causante de su felicidad de segundo se le paro de frente al Sheik y le dijo en su mejor francés.
-Déjala quieta, yo te pago el vino-
El sheik no dijo nada, sonrió le dio un abrazo a Marcos y una tarjeta con su teléfono y le explico que un hombre que no le teme a nada es bueno en los negocios. Y si, la suerte de Marcos era tal que ni amotinándosele a un sheik hacia un enemigo.
-¿Estas bien?- le pregunto Marcos a la mesera.
-Oui, merci beaucoup monsieur- respondió ella.
-¿Hablas español?-
-Oui Monsieur, muy poquito-
-¿Como te llamas?-
-Je m`appelle Juliette, et vous?-
Si alguien duda que prácticamente todo en francés suena hermoso solo pregúntenle el nombre a una francesa, Marcos, por supuesto, había dejado esa duda mucho tiempo atrás. Solo le dijo su nombre y le pregunto el suyo, no hacia falta de mucho mas.
-Yo me llamo Marcos-
La ayudo a recoger las copas rotas y se la llevo del casino, solo el y la dueña de su felicidad de un segundo. Era muy diferente a Françoise, para empezar no tenia ese aire pomposo de elegancia, su elegancia era simple, simple pero con mucha gracia, como algo escrito por Hemingway.
Esa noche se la llevo a los puertos y cuando Marcos fue a reservar un yate para los dos le dijeron que ya no habían disponibles, fueron a un cine pero lo estaban remodelando, finalmente fueron a un restaurante pero no consiguieron mesa donde sentarse. Marcos estaba maravillado, se la llevo a su hotel y la noche no fue lo suficientemente larga para amarla.
Al despertar se dio cuenta que Juliette no estaba, seguro se fue a trabajar, el sabia donde conseguirla así que no le afectaba mucho. Bajo al lobby, iría a un café a desayunar algo.
-¡Tu! ¡Homme de Merde! Todos son iguales-
-¿Françoise? ¿Que te pasa?-
-La vi saliendo en la mañana, ¡Estabas con otra!-
-Si, si lo estaba, perdón si te di la impresión equivocada, pero no quiero contigo mas que la noche que ya pasamos, digo, fue una buena noche, muchas cosas interesantes, pero mas nada que eso-
Marcos decía todo esto en calma porque estaba seguro que su suerte, como siempre, lo sacaría del problema.
-¡Marcos! no te encontraba fui a buscar desayuno- gritaba una voz muy al fondo del lobby
Françoise levanto su ceja izquierda tan alto que prácticamente se le salia de la frente y se volvía parte de su cabellera castaña. Marcos entendió que su suerte no estaba en el momento, se salio por la ventana cuando Juliette entro.
-Homme de Merde- repitio Françoise y lo siguió de una cachetada.
Salio caminando sin despeinarse con todo ese aire pomposo de elegancia que no la abandonaba nunca, Marcos por un momento trataba de imaginar una situación en donde lo perdiera pero le constaba que aun entre perversiones ella era muy elegante. Ese pensamiento hizo que se riera un poco.
-Qui-est elle?-
-Nadie importante-
Entro de nuevo en la habitación con Juliette y desayuno con ella, se le derramo el agua y se mancho la camisa de mermelada.
Antes de que Juliette se fuera le pidió su numero, su dirección, donde buscarla, le hablo de escaparse, de desvanecerse del mundo, de irse a donde nadie supiera quienes eran, no lo pensaba mucho pero eso era lo que mas le gustaba, lo arriesgado y estúpido del plan.
A Juliette no le gustaba mucho la idea, pero eso no iba a detener a Marcos de tratar de vendérsela de cualquier forma que se le ocurriese, finalmente ella se fue a trabajar, antes de que se fuera Marcos le susurro al oído una promesa, de esas que no se hacen todo el tiempo.
Esa noche Marcos fue de nuevo al casino donde trabajaba Juliette, jugaba a la ruleta y bebía vino con el Sheik, este le hablaba de historias de su familia de una cantidad excesiva de primos que tenia. Juliette lo veía pero no se acercaba, el se hacia el que no se daba cuenta y seguía bebiendo y perdiendo dinero, su suerte se hacia cada vez un poco peor.
Juliette termino su turno e iba saliendo del casino, agarro un taxi y se fue a su casa, frente a su edificio estaba sentado Marcos, una botella de vino en su mano, dos boletos de avión en la otra.
Juliette empaco ropa, quería llevarse fotos pero Marcos no la dejo, tenían que dejar todo de su vida atrás, había algo de este hombre que no conocía que le encantaba, este hombre tan descuidado y con una muy aparente mala suerte.
-¿Estas lista?-
-Oui-
Tomaron un taxi al hotel, ella se quedo esperando mientras el buscaba su maleta, entro a su cuarto vació el armario y cerro su maleta. Escucho como se abría la puerta del baño.
-Adieu Marcos-
Para cuando vio quien lo decía ya le habían disparado dos veces en el pecho, vio como se iba del cuarto pomposa y elegante, había tirado una vela en la alfombra, el cuarto se incendiaba.
Se arrastro hacia la puerta, trato de pararse pero no podía respirar, se desmayo.
-Que tristeza esto-
-Si, supongo que nadie sabe cuando llega su tiempo-
El ataúd era de ébano con detalles en plata, el Sheik no se ahorro ningún costo en el funeral, le tenia mucho cariño, conocidos y amigos consolaban a la viuda y le juraban su apoyo incondicional para lo que sea que necesitase, sus hijos los veían y evitaban que hablaran mucho con su madre.
-¿De que murió?- Le preguntaron a uno de sus hijos.
-Unas balas en su pecho, una llego al corazón, trataron de salvarlo pero no soporto la operación-
-¿Le dispararon?-
-Si, hace unos 20 años, cuando conoció a mamá, nunca nos contaba el cuento completo, nunca nos dijo quien fue, solo nos decía que esas dos balas eran lo mas elegante que le había pasado-
Nunca mas había jugado en un casino, después de salvarse no quiso dejar mas nada a la suerte y para no verse tentado se llevo a Juliette, sus negocios con el Sheik fueron lucrativos, y lo mejor era que no necesitaba suerte para no tener miedo y ser el, en efecto la insoportable buena suerte que lo acompaño por tanto tiempo se fue desvaneciendo, 20 años después se podría decir que fue la falta de suerte lo que lo mato.
No le importaba, ni la elegancia ni la suerte le hicieron falta, era feliz.
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