lunes, 25 de noviembre de 2013

Detrás de la linea amarilla

Simón se despertó una mañana lluviosa de noviembre con un solo pensamiento y una imagen de linea amarilla que no dejaba de darle vueltas a su cabeza.

Desde la ventana del apartamento veía Sabana Grande y toda la gente que la recorría, desde ahí parecía un festival de paraguas baratos de metro con pequeñas motas de colores de quienes se trajeron el suyo del extranjero o de una tienda exageradamente costosa del Tolón.

Abrió la nevera y se sirvió agua.

-¡Simón!- gritaron del otro lado de la puerta.

Le dio mucho fastidio ir, pero le daba mas fastidio que siguiera gritando así que fue a ver quien era.

-Quien- Dijo en un tono desganado.

-¡Lucia!- grito de nuevo, mas alto que al principio.

Abrió la puerta y ahí estaba ella, con una sonrisa de oreja a oreja y que orejas tenia, aunque hacia todo lo posible por esconderlas, no lo lograba. Lucia vivía en el piso de arriba y siempre se conseguía por casualidad con Simón.

Simón pensaba que era casualidad, y Lucia estaba segura que el pensaba eso, la verdad por otra parte, era que Lucia estaba locamente enamorada de el desde que tenia unos 15 y ya a sus 23 y con unos 8 años de reunir valor quería decírselo, lo había visto cuando se mudo por primera vez, un universitario interesante que no hablaba con nadie, que se sentaba en la entrada del edificio a solo ver mientras fumaba, solo fumaba malboro rojo y eso siempre le pareció atractivo aunque ella no pudiera aguantar ni una bocanada de ese humo.

La primera vez que le hablo estaba llegando y se le cayo un libro del bolso, por casualidad el lo vio y se lo dio, hablaron por horas aquel día sobre el y sus deseos, ella solo escuchaba y lo veía como quien ve un paisaje hermoso y le busca significados inútilmente.

Desde entonces le cocinaba de vez en cuando y bajaba a su apartamento porque sabia que el casi nunca comía, veía las películas extrañas que el veía y hasta gusto le agarro a su "Extravagancia sofisticada", en lo que cumplió los 18 empezó a ir con el a presentaciones de bandas, a teatros, a cualquier cantidad de músicos argentinos que llegaran al país, cabe mencionar que tenia una tendencia a "conseguirse" en bares con el. Le presento todos sus novios y hasta salio con unos cuantos de sus amigos, y les juro un odio secreto a todas las que se acercaban a el. Todo esto bajo el anonimato de un amor no confeso.

Para los que no saben lo que es aguantarse un amor desmedido y no decir nada, les invito a beberse dos botellas de sagrada familia y luego no actuar ebrio, en fin, es particularmente difícil si no tienes la resistencia adecuada.

Simón por su parte ya contaba con unos 28 y nunca le había prestado mucha atención a Lucia mas de la amistad que tenían, no por maldad o descuido, su falta de atención solo se puede atribuir a que como no se ama mucho a si mismo no es capaz de notar quien lo ama a el, sabe que ella lo quiere y sabe que el le tiene cariño a ella, pero eso es todo. Solo aun estando acompañado, esa era la historia de su vida.

-Hola Lucy como estas- dijo en el tono mas monótono que jamas haya existido.

A Lucia ese tono no le importa, Simón para ella es la belleza y todo lo interesante hecho un solo ser humano, como un regalo del cielo, y uno que ella en particular quería que la notara.

-¡Bien! ¿Que estas haciendo? ¿Estas escribiendo? Me encanta como escribes-

-No Lucy no estoy escribiendo ahorita-

-¿Quieres hacer algo? Podemos salir por ahí- le dijo mientras lo miraba con esos ojos pequeños que tenia.

-Esta lloviendo-

-Yo tengo un paraguas bien grande-

-¿Y que vamos a hacer?-

-No se, pero algo podemos encontrar tu y yo-

Hizo gran énfasis en tu y yo, y en su mente lo repitió unas 5 veces mas.

-No Lucia... Hoy no quiero nada- Le respondió en seco.

La negativa no le dolió tanto como el Lucia sin diminutivo, al Cesar lo que es del Cesar y Simón nunca seria de ella.

Derrotada como estaba se fue, con sus ojitos apagados y con las energías en otro lado.

Simón cerro la puerta y se volvió a la ventana a ver Sabana Grande, si se sentía triste no lo sabia, estaba en neutro, vaciado de emoción, solo había lugar para la linea amarilla que le marcaba la linea de llegada.

Se vistió y se fue, por las escaleras porque el ascensor paso sin pararse, creyó escuchar un llanto dentro pero no le hizo caso.

Llego a la entrada, recordaba sentarse mucho tiempo ahí a ver la gente pasar y pensar en que escribir, hacia ya mucho tiempo de eso, tenia un año sin publicar nada, no le iba mal en la vida, pero su soledad se volvió una linea amarilla, la soledad del que no sabe que esta acompañado.

Prendió el cigarrillo y siguió caminando mirando al piso, había dejado de llover y el sol levanto un vapor que solo se hizo peor con la cantidad de personas que estaban en el boulevard.

Llego a la estación de metro y empezó a bajar, el olor a concreto prefabricado y orine lo recibían como a su casa.

Acababa de irse un tren y estaba vacía la estación, ahí estaba la linea amarilla, la dulce meta, el final, se quedo viéndola un segundo buscándole sentido pero no podía, escuchaba algo que no lo dejaba, un sollozo.

Se giro para ver y del otro lado de la vía estaba Lucia con un pie en el aire.

-Que casualidad tan grande- Pensó para si mismo.

Pero esta vez vio un poco mas allá, pensó en todos los almuerzos todas las veces que se la consiguió en un bar pensó en aquella vez que saliendo borracho de unos chinos lo robaron y milagrosamente estaba ella para llevárselo a su casa después de que lo dejaron tirado en la cera, se acordó de aquel libro que se le caía a una niña de 15 que luego le sacaba conversación por horas.  

Lo pensó todo y mientras lo pensaba había cruzado la linea y había saltado a donde estaba ella, la muy impulsiva se había lanzado y ni siquiera venia un tren a llevársela.

En sus ojitos solo había sorpresa, Simón la agarro por la cintura y la devolvió al lado seguro de la linea amarilla, luego se preparo para subir como con un significado nuevo, un lado de la meta nuevo, no era final era el fin de una vuelta, sentía una emoción indescriptible, también sintió 750 voltios atravesando su cuerpo cuando en su euforia no vio donde pisaba.

Lucia salto sobre el y por lo que solo puede ser una inmensurable suerte no se electrocuto también. Dos señores le ayudaron a sacarlo y se quedo con el abrazándolo hasta que llegara la ambulancia, todavía no entendía que había pasado.

Simón estaba mas allá que aquí, le dolía todo y olía a quemado pero estaba feliz, no estaba solo.

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