martes, 31 de diciembre de 2013

Rojo sangre

Aquella noche en la catedral hacia mucho frío, es un edificio antiguo y la luz eléctrica no funciona tan bien después de la guerra, se han visto mejores situaciones en Notre Dame.

No voy a olvidar jamas el momento en el que vi por primera vez a ese hombre, llego buscándome, algo muy extraño tomando en cuenta que no soy mas que un sacerdote que pasa su tiempo investigando textos, al menos eso es lo que cualquiera pensaría, de alguna forma yo ya sabia porque me buscaba.

-Mi nombre es Gustav Vitra- me dijo con seriedad.

Tenia la cara de aquel que no ha dormido en semanas, pero sus ojos se veían extrañamente activos, alertas a cualquier movimiento brusco, pude notar que siempre veía hacia al fondo de mi pequeña habitación, tal vez esperando que algo entrara por la mínima ventana en la pared.

-¿Usted es el padre Lopez?- Me pregunto en mi natal español, se notaba que no era ni su idioma natal ni uno que dominara completamente.

-Si, ¿Que quiere?-

-Vengo de parte de Manuel Meireles-

Un nombre que tenia mucho tiempo sin escuchar, otro... interesado por lo antiguo, lo conocí hace mucho en la frontera de España con Portugal, mi vida ha sido lo suficientemente larga y mi curiosidad lo suficientemente grande para conocer muchas personas en muchos lugares.

-¿Y como esta el señor Meireles?-

-Muerto- me respondió fríamente.

-Dios cuide su alma- Respondí automáticamente, los mantras son algo muy poderoso cuando se repiten lo suficiente.

-Da, murió cazando, su presa, bueno usted se imaginara, en su ultimo aliento me dijo que usted le dio muy buenos consejos para la caza, consejos que le sirvieron con sus primeras tres presas, lastima que la ultima lo agarrara por sorpresa-

Como su acento no era suficiente el "Da" en vez de si me termino de delatar que su idioma, si no era ruso, se le acercaba. Encendí una vela y la puse sobre la mesa.

-Siéntese señor Vitra.-

-Spasibo, digo, gracias-

Tan pronto se sentó y la luz ilumino su cara pude darme cuenta que su palidez era casi fantasmal y que tenia muchas cicatrices acumuladas en los brazos y cuello.

-Vengo, porque a Meireles le sirvió su consejo y he escuchado que pocos saben tanto como usted sobre el tema, ¿Sabe de que hablo?-

Cada cierto tiempo vienen a preguntarme de esto, pero el tenia algo diferente, perturbante.

-Vampirismo-

-Da- Contesto.

Con el misterio de su visita resuelto, seguimos la conversación como cualquier otra.

-¿Que quiere saber?-

-Empecemos por lo local, quiero saber lo que usted sepa de los grupos franceses-

Empece a decirle todo lo que sabia de los grupos franceses, del clan Rouge que habían perfeccionado una forma de hacerse invisible en las lunas llenas, de los Sang-Bleu que por años fueron reyes de Francia y que, con lo impredecible del vampirismo, habían sido beneficiados por sus escandalosas tendencias incestuosas, desarrollando una habilidad de desarmar y armar concreto como por arte de magia, los ojos agobiados pero atentos de Vitra solo observaban, como si mirara mis palabras guardando cada una en su mente, pretendiendo guiarse de ellas como si fueran el sacramento mas sagrado.

-Volveré en unos días padre Lopez, a la misma hora, por ahora iré a dormir-

-¿Vendrá a las 12? ¿Duerme de día?-

-Da, cuando se caza se adoptan algunas costumbres de la presa- me dijo tratando de calmar una sospecha que el se imaginaba.

Pasaron los días y fielmente llego a las 12, cuando lo recibí note un gran corte en cuello, una cicatriz nueva para la colección.

-Sus consejo fueron excelente padre, solo hay un problema, los Sang-Bleu, no desarman y arman, atraviesan las paredes como fantasmas, fue una sorpresa algo desagradable, por suerte mi daga y el saber usarla me salvaron- Me dijo mientras se sentaba y el corte en su cuello se hacia mas obvio a la luz de la vela.

-No lo sabia, discúlpeme, Izvinite, ¿Así se dice no?-

-Net padre, ese es el plural de disculpa, pero esta bien, usted me dio consejos y mi daga hizo el resto-

-Señor Vitra, si me disculpa, ¿Porque no usar un arma con todas las disponibles ahora que acabo la guerra?-

-Son demasiado impredecibles, se trancan, mi daga no se tranca, es otra parte de mi brazo, una vez que doy el primero se como daré el segundo y estoy seguro de dar el ultimo- me respondió con una sonrisa arrogante.

Me pregunto por mas grupos de vampiros, esta vez de Alemania, pobre país esta destruido después de que el bestia que los lideraba decidió que un genocidio era la forma de surgir como nación, es un país separado y apenado por lo que ha hecho, perfecto para vampiros. Solo sabia de un grupo, Der Eckzahn, descubrieron una forma de hacerse pasar por vegetación y matar en los bosques sin que nadie los encuentre.

-Como sabrá, el viaje me tomara un poco mas de tiempo, pero volveré, a la misma hora.-

Y así fue, paso un mes completo, pero Vitra volvió, esta vez sin ninguna cicatriz nueva, eso no lo detuvo de corregir lo que pudo de mi ultimo concejo.

-Muy útil padre, pero ya no se convierten solo en vegetación, en esta época ya no les funciona, ahora se disfrazan, bueno, se disfrazaban de leña, que bueno que llegue cuando lo hice, estaban desarrollando algún tipo de resistencia al fuego.- me dijo de nuevo con su sonrisa burlona.

Aquella noche la electricidad funcionaba, pude ver mas a detalle las cicatrices, el señor Vitra debía haber tenido mucho tiempo cazando, pero no era tan viejo como su cuerpo cansado sugería, debe haber empezado desde muy joven.

-Bueno padre, ha llegado el momento de ocuparme de su país, ¿Es español usted da? Luego de que me encargue de eso me podra ir diciendo sobre los grupos en Noruega, en Inglaterra, en el resto de este continente ¿Le parece?-

-Bueno, pero tendrá que concentrarse, en España solo hay un grupo, solo es uno porque se encargo de acabar con los demás, una tendencia que tienen todos sus miembros, si están bien alimentados jamas te enteraras de que son vampiros, son extremadamente cultos, no son las bestias salvajes que acostumbra enfrentar, investigan, leen, forman parte de la sociedad en la que están, hasta un Papa llegaron a tener en su momento, y solo se alimentan de los que duermen, se hacen llamar los Marcano por la primera familia del grupo.-

-Bueno, eso lo hace bastante... Interesante, hasta luego padre, do svidaniya-.

Se fue muy decidido, los días pasaron, se convirtieron en meses, un año y medio termino pasando antes de que volviera el señor Vitra, cuando entro en mi oscura habitación se le notaba lo agobiado, cansado, frustrado que estaba.

-No pude padre, no encontré ni uno solo, falle.- me dijo con desesperación en su voz.

-Siéntate Vitra, te dije que no seria fácil, tienes suerte de que no te haya pasado nada hasta estas alturas.-

Encendí la vela en la mesa, me di cuenta que estaba cabizbajo mirando la mesa, evadiendo mi cara con vergüenza, una vergüenza que mata.

-¿Como se supone que los descubriera si  su cuerpo no lleva marca del vampirismo? Yo mismo aparento uno, y ellos solo lo parecen cuando no comen, ¿Como los voy a encontrar?-

-Bueno Gustav, yo no he comido desde hace una semana-

Su cara se levanto y miro la mía que estaba iluminada por la vela, no se si fue mi palidez, los ojos rojos o quizás los colmillos, si, seguro fueron los colmillos lo que mas le sorprendió de todo. Salte sobre el, puedo asegurarles que no dio ni el primero, ni el segundo ni mucho menos el ultimo golpe.



domingo, 1 de diciembre de 2013

Suerte

La muerte de Marcos tomo a todos por sorpresa, todo el que lo conocía sentía un dolor indescriptible, no solo por la perdida sino por lo bizarro de la situación, Marcos era fuerte, era decidido, era una de esas personas que todos pensaban viviría hasta sus 90 y tantos años dando ordenes y direcciones, guiando a quien se lo pidiera, siendo el éxito aplastante que siempre había sido con todos.

El vuelo a Mónaco había costado bastante dinero, pero eso no le importaba a personas como Marcos. Llego a su hotel, se baño y vistió sin perder mucho tiempo y antes de la hora de haber llegado ya estaba camino a un casino.

Entro con la seguridad y la elegancia característica que tanto le había conseguido en la vida y luego de unas cuantas partidas de poker regreso a su hotel con una tal Françoise, en su cara se notaba la amargura, acaba de ganas unos cien mil euros.

-¿Y por que esa cara mon chéri?- le dijo Françoise arrastrando todas las r que pronunciaba.

-No tengo ninguna cara- le respondió Marcos.

Le quizo ocultar la amargura, ni el sabia porque, ademas era una intención inútil, buena suerte al hombre que quiera esconderle el estado de animo a una mujer que le interese.

Paso la mañana con ella, comieron en la habitación de hotel, Françoise era de esas familias adineradas francesas con un gusto por lo "exótico" y Marcos no era mas latino porque sus abuelos no eran indios.

En la tarde se despidió de ella y luego de ir a cambiarse al hotel fue a otro casino, esta vez estuvo mas tiempo, jugaba blackjack y ganaba y ganaba. Estaba harto de eso, desde muy joven había contado con una buena suerte increíble, no había decisión suya que por arriesgada no tuviera éxito.

Con unos quinientos mil euros encima se decidió a jugar una ultima mano y lo aposto todo, le entregaron sus dos cartas y cuando las volteó escuchó el sonido de una mesonera que se tropezó detrás de el y cayo al piso con una bandeja cargada de copas de vino.

-Dame otra carta- dijo Marcos sin acordarse de ver sus cartas.

Apenas le dio tiempo de ver sus cartas cuando el crupier ya estaba entregándole la otra que pidió, tenia dos reinas, Marcos noto que era casi seguro que perdería, se emocionó, por fin estaba libre, su suerte había fallado por culpa del descuido y por un segundo fue el hombre mas feliz del mundo.

-Su carta Monsieur- dijo el crupier.

La felicidad solo le duro un segundo, la carta que le habían dado era un as y Marcos acaba de ganar otra vez.

-Manda a cobrar mis fichas- Le dijo al crupier en un tono bajo y desesperanzado.

Se paro y antes de irse vio a la mesera, un Sheik árabe le estaba diciendo en cualquier cantidad de idiomas lo imbécil y descuidada que era, Marcos indignado de que trataran así a la causante de su felicidad de segundo se le paro de frente al Sheik y le dijo en su mejor francés.

-Déjala quieta, yo te pago el vino-

El sheik no dijo nada, sonrió le dio un abrazo a Marcos y una tarjeta con su teléfono y le explico que un hombre que no le teme a nada es bueno en los negocios. Y si, la suerte de Marcos era tal que ni amotinándosele a un sheik hacia un enemigo.

-¿Estas bien?- le pregunto Marcos a la mesera.

-Oui, merci beaucoup monsieur- respondió ella.

-¿Hablas español?-

-Oui Monsieur, muy poquito-

-¿Como te llamas?-

-Je m`appelle Juliette, et vous?-

Si alguien duda que prácticamente todo en francés suena hermoso solo pregúntenle el nombre a una francesa, Marcos, por supuesto, había dejado esa duda mucho tiempo atrás. Solo le dijo su nombre y le pregunto el suyo, no hacia falta de mucho mas.

-Yo me llamo Marcos-

La ayudo a recoger las copas rotas y se la llevo del casino, solo el y la dueña de su felicidad de un segundo. Era muy diferente a Françoise, para empezar no tenia ese aire pomposo de elegancia, su elegancia era simple, simple pero con mucha gracia, como algo escrito por Hemingway.

Esa noche se la llevo a los puertos y cuando Marcos fue a reservar un yate para los dos le dijeron que ya no habían disponibles, fueron a un cine pero lo estaban remodelando, finalmente fueron a un restaurante pero no consiguieron mesa donde sentarse. Marcos estaba maravillado, se la llevo a su hotel y la noche no fue lo suficientemente larga para amarla.

Al despertar se dio cuenta que Juliette no estaba, seguro se fue a trabajar, el sabia donde conseguirla así que no le afectaba mucho. Bajo al lobby, iría a un café a desayunar algo.

-¡Tu! ¡Homme de Merde! Todos son iguales-

-¿Françoise? ¿Que te pasa?-

-La vi saliendo en la mañana, ¡Estabas con otra!-

-Si, si lo estaba, perdón si te di la impresión equivocada, pero no quiero contigo mas que la noche que ya pasamos, digo, fue una buena noche, muchas cosas interesantes, pero mas nada que eso-

Marcos decía todo esto en calma porque estaba seguro que su suerte, como siempre, lo sacaría del problema.

-¡Marcos! no te encontraba fui a buscar desayuno- gritaba una voz muy al fondo del lobby

Françoise levanto su ceja izquierda tan alto que prácticamente se le salia de la frente y se volvía parte de su cabellera castaña. Marcos entendió que su suerte no estaba en el momento, se salio por la ventana cuando Juliette entro.

-Homme de Merde- repitio Françoise y lo siguió de una cachetada.

Salio caminando sin despeinarse con todo ese aire pomposo de elegancia que no la abandonaba nunca, Marcos por un momento trataba de imaginar una situación en donde lo perdiera pero le constaba que aun entre perversiones ella era muy elegante. Ese pensamiento hizo que se riera un poco.

-Qui-est elle?-

-Nadie importante-

Entro de nuevo en la habitación con Juliette y desayuno con ella, se le derramo el agua y se mancho la camisa de mermelada.

Antes de que Juliette se fuera le pidió su numero, su dirección, donde buscarla, le hablo de escaparse, de desvanecerse del mundo, de irse a donde nadie supiera quienes eran, no lo pensaba mucho pero eso era lo que mas le gustaba, lo arriesgado y estúpido del plan.

A Juliette no le gustaba mucho la idea, pero eso no iba a detener a Marcos de tratar de vendérsela de cualquier forma que se le ocurriese, finalmente ella se fue a trabajar, antes de que se fuera Marcos le susurro al oído una promesa, de esas que no se hacen todo el tiempo.

Esa noche Marcos fue de nuevo al casino donde trabajaba Juliette, jugaba a la ruleta y bebía vino con el Sheik, este le hablaba de historias de su familia de una cantidad excesiva de primos que tenia. Juliette lo veía pero no se acercaba, el se hacia el que no se daba cuenta y seguía bebiendo y perdiendo dinero, su suerte se hacia cada vez un poco peor.

Juliette termino su turno e iba saliendo del casino, agarro un taxi y se fue a su casa, frente a su edificio estaba sentado Marcos, una botella de vino en su mano, dos boletos de avión en la otra.

Juliette empaco ropa, quería llevarse fotos pero Marcos no la dejo, tenían que dejar todo de su vida atrás, había algo de este hombre que no conocía que le encantaba, este hombre tan descuidado y con una muy aparente mala suerte.

-¿Estas lista?-

-Oui-

Tomaron un taxi al hotel, ella se quedo esperando mientras el buscaba su maleta, entro a su cuarto vació el armario y cerro su maleta. Escucho como se abría la puerta del baño.

-Adieu Marcos-

Para cuando vio quien lo decía ya le habían disparado dos veces en el pecho, vio como se iba del cuarto pomposa y elegante, había tirado una vela en la alfombra, el cuarto se incendiaba.

Se arrastro hacia la puerta, trato de pararse pero no podía respirar, se desmayo.

-Que tristeza esto-

-Si, supongo que nadie sabe cuando llega su tiempo-

El ataúd era de ébano con detalles en plata, el Sheik no se ahorro ningún costo en el funeral, le tenia mucho cariño, conocidos y amigos consolaban a la viuda y le juraban su apoyo incondicional para lo que sea que necesitase, sus hijos los veían y evitaban que hablaran mucho con su madre.

-¿De que murió?- Le preguntaron a uno de sus hijos.

-Unas balas en su pecho, una llego al corazón, trataron de salvarlo pero no soporto la operación-

-¿Le dispararon?-

-Si, hace unos 20 años, cuando conoció a mamá, nunca nos contaba el cuento completo, nunca nos dijo quien fue, solo nos decía que esas dos balas eran lo mas elegante que le había pasado-

Nunca mas había jugado en un casino, después de salvarse no quiso dejar mas nada a la suerte y para no verse tentado se llevo a Juliette, sus negocios con el Sheik fueron lucrativos, y lo mejor era que no necesitaba suerte para no tener miedo y ser el, en efecto la insoportable buena suerte que lo acompaño por tanto tiempo se fue desvaneciendo, 20 años después se podría decir que fue la falta de suerte lo que lo mato.

No le importaba, ni la elegancia ni la suerte le hicieron falta, era feliz.






lunes, 25 de noviembre de 2013

Detrás de la linea amarilla

Simón se despertó una mañana lluviosa de noviembre con un solo pensamiento y una imagen de linea amarilla que no dejaba de darle vueltas a su cabeza.

Desde la ventana del apartamento veía Sabana Grande y toda la gente que la recorría, desde ahí parecía un festival de paraguas baratos de metro con pequeñas motas de colores de quienes se trajeron el suyo del extranjero o de una tienda exageradamente costosa del Tolón.

Abrió la nevera y se sirvió agua.

-¡Simón!- gritaron del otro lado de la puerta.

Le dio mucho fastidio ir, pero le daba mas fastidio que siguiera gritando así que fue a ver quien era.

-Quien- Dijo en un tono desganado.

-¡Lucia!- grito de nuevo, mas alto que al principio.

Abrió la puerta y ahí estaba ella, con una sonrisa de oreja a oreja y que orejas tenia, aunque hacia todo lo posible por esconderlas, no lo lograba. Lucia vivía en el piso de arriba y siempre se conseguía por casualidad con Simón.

Simón pensaba que era casualidad, y Lucia estaba segura que el pensaba eso, la verdad por otra parte, era que Lucia estaba locamente enamorada de el desde que tenia unos 15 y ya a sus 23 y con unos 8 años de reunir valor quería decírselo, lo había visto cuando se mudo por primera vez, un universitario interesante que no hablaba con nadie, que se sentaba en la entrada del edificio a solo ver mientras fumaba, solo fumaba malboro rojo y eso siempre le pareció atractivo aunque ella no pudiera aguantar ni una bocanada de ese humo.

La primera vez que le hablo estaba llegando y se le cayo un libro del bolso, por casualidad el lo vio y se lo dio, hablaron por horas aquel día sobre el y sus deseos, ella solo escuchaba y lo veía como quien ve un paisaje hermoso y le busca significados inútilmente.

Desde entonces le cocinaba de vez en cuando y bajaba a su apartamento porque sabia que el casi nunca comía, veía las películas extrañas que el veía y hasta gusto le agarro a su "Extravagancia sofisticada", en lo que cumplió los 18 empezó a ir con el a presentaciones de bandas, a teatros, a cualquier cantidad de músicos argentinos que llegaran al país, cabe mencionar que tenia una tendencia a "conseguirse" en bares con el. Le presento todos sus novios y hasta salio con unos cuantos de sus amigos, y les juro un odio secreto a todas las que se acercaban a el. Todo esto bajo el anonimato de un amor no confeso.

Para los que no saben lo que es aguantarse un amor desmedido y no decir nada, les invito a beberse dos botellas de sagrada familia y luego no actuar ebrio, en fin, es particularmente difícil si no tienes la resistencia adecuada.

Simón por su parte ya contaba con unos 28 y nunca le había prestado mucha atención a Lucia mas de la amistad que tenían, no por maldad o descuido, su falta de atención solo se puede atribuir a que como no se ama mucho a si mismo no es capaz de notar quien lo ama a el, sabe que ella lo quiere y sabe que el le tiene cariño a ella, pero eso es todo. Solo aun estando acompañado, esa era la historia de su vida.

-Hola Lucy como estas- dijo en el tono mas monótono que jamas haya existido.

A Lucia ese tono no le importa, Simón para ella es la belleza y todo lo interesante hecho un solo ser humano, como un regalo del cielo, y uno que ella en particular quería que la notara.

-¡Bien! ¿Que estas haciendo? ¿Estas escribiendo? Me encanta como escribes-

-No Lucy no estoy escribiendo ahorita-

-¿Quieres hacer algo? Podemos salir por ahí- le dijo mientras lo miraba con esos ojos pequeños que tenia.

-Esta lloviendo-

-Yo tengo un paraguas bien grande-

-¿Y que vamos a hacer?-

-No se, pero algo podemos encontrar tu y yo-

Hizo gran énfasis en tu y yo, y en su mente lo repitió unas 5 veces mas.

-No Lucia... Hoy no quiero nada- Le respondió en seco.

La negativa no le dolió tanto como el Lucia sin diminutivo, al Cesar lo que es del Cesar y Simón nunca seria de ella.

Derrotada como estaba se fue, con sus ojitos apagados y con las energías en otro lado.

Simón cerro la puerta y se volvió a la ventana a ver Sabana Grande, si se sentía triste no lo sabia, estaba en neutro, vaciado de emoción, solo había lugar para la linea amarilla que le marcaba la linea de llegada.

Se vistió y se fue, por las escaleras porque el ascensor paso sin pararse, creyó escuchar un llanto dentro pero no le hizo caso.

Llego a la entrada, recordaba sentarse mucho tiempo ahí a ver la gente pasar y pensar en que escribir, hacia ya mucho tiempo de eso, tenia un año sin publicar nada, no le iba mal en la vida, pero su soledad se volvió una linea amarilla, la soledad del que no sabe que esta acompañado.

Prendió el cigarrillo y siguió caminando mirando al piso, había dejado de llover y el sol levanto un vapor que solo se hizo peor con la cantidad de personas que estaban en el boulevard.

Llego a la estación de metro y empezó a bajar, el olor a concreto prefabricado y orine lo recibían como a su casa.

Acababa de irse un tren y estaba vacía la estación, ahí estaba la linea amarilla, la dulce meta, el final, se quedo viéndola un segundo buscándole sentido pero no podía, escuchaba algo que no lo dejaba, un sollozo.

Se giro para ver y del otro lado de la vía estaba Lucia con un pie en el aire.

-Que casualidad tan grande- Pensó para si mismo.

Pero esta vez vio un poco mas allá, pensó en todos los almuerzos todas las veces que se la consiguió en un bar pensó en aquella vez que saliendo borracho de unos chinos lo robaron y milagrosamente estaba ella para llevárselo a su casa después de que lo dejaron tirado en la cera, se acordó de aquel libro que se le caía a una niña de 15 que luego le sacaba conversación por horas.  

Lo pensó todo y mientras lo pensaba había cruzado la linea y había saltado a donde estaba ella, la muy impulsiva se había lanzado y ni siquiera venia un tren a llevársela.

En sus ojitos solo había sorpresa, Simón la agarro por la cintura y la devolvió al lado seguro de la linea amarilla, luego se preparo para subir como con un significado nuevo, un lado de la meta nuevo, no era final era el fin de una vuelta, sentía una emoción indescriptible, también sintió 750 voltios atravesando su cuerpo cuando en su euforia no vio donde pisaba.

Lucia salto sobre el y por lo que solo puede ser una inmensurable suerte no se electrocuto también. Dos señores le ayudaron a sacarlo y se quedo con el abrazándolo hasta que llegara la ambulancia, todavía no entendía que había pasado.

Simón estaba mas allá que aquí, le dolía todo y olía a quemado pero estaba feliz, no estaba solo.

viernes, 18 de octubre de 2013

La canción de Natalia

Me desperté esa mañana y ya tenia la idea dentro de mi mente, no se quien es, no la conozco, no se donde vive, pero eso no me detuvo.

Cuando el letargo de la mañana había pasado ya era mas que una idea, era un amor, la veo cada vez que siento que lo necesito, cada vez que lo deseo, no se donde vive pero se donde encontrarla.

 Todos y cada uno de los días después de esa mañana esperaba al momento en el que pudiera verla, se que ella sabia, ella sabia porque yo lo sabia.

Mi amor por ella suena como una canción, pero no solo una canción, algunos días la emoción de verla me saca el rock n´roll mas alegre, otros días el no saber donde vive me lleva al blues, pero sea triste o feliz, cada vez que la veo y suena su canción, es la canción mas hermosa del mundo.

Su boca, sus ojos, su cabello, toda ella es hermosa, si pudiera tenerla a mi lado nada le pasaría, seria el orgulloso responsable de cuidar esa belleza, si estuviera dentro de mi poder nada le faltaría, ella lo sabe, lo sabe porque yo lo se.

Desde aquel día que me desperté con la idea de una canción no dejo de verla, solo olvidarme de la pastillita gris es suficiente, en un momento aparece, ella sabe que me encanta verla, lo sabe porque yo lo se.

No se como se llama, pero le diré Natalia, me encanta la canción de Natalia.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Historias de colores: Amarillo

El silencio es absoluto, hace rato que perdí contacto de radio, solo estoy yo y mi respiración, mi débil y monótona respiración.

Desde este punto la tierra se ve tan pacifica, tan hermosa, cúmulos de verde flotando en azul y moteado de grandes nubes blancas. Puedo ver donde es de día y en donde comienza a ser de noche, casi puedo imaginar mi casa, mi cama.

-Lo siento, nos enorgulleces-

Que irreal es esta situación, es lo ultimo que imagine cuando me gradué, aun con la particularidades de mis amaneceres estos últimos días tampoco pensé que esto sucedería.

En Centroamérica se pueden ver los ciclones, es esa época del año, que gigante me siento viendo todo desde tan lejos, la perspectiva, como juegan mis ojos a consolarme, pero me siento muy bien, estoy tranquilo, si de algo puedo arrepentirme, y es algo egocéntrico de mi parte, es que quisiera haber sido no fuente de orgullo sino esperanza, ahora con esto, esperanza es lo ultimo que haré sentir al mundo.

Una vida llena de estudios es lo que he llevado, me siento a gusto con esto, siempre me gusto estudiar, saber un poco mas, supongo que por eso me habrán elegido para el programa, ellos me advirtieron que habían riesgos, pero como no aceptar, la oportunidad de no solo saber un poco mas, sino ver un poco mas.

-Lo siento, nos enorgulleces-

Quisiera un libro en este momento, mi traje es presurizado y no voy a morir de asfixia, oxigeno tengo de sobra, al parecer mi vida va a terminar en una suerte de historia de Ray Bradbury pero sin la emoción ni la gran narrativa, quien va a escuchar mi historia como la cuento yo. Supongo que es el momento de tomar literal ese asunto de competir conmigo mismo e intentarlo unas cuantas veces, no es como si tuviera algo mas que hacer, nada mas caigo.

A ver lo intentare.

-Aquella mañana del martes Leonardo se despertó sin esperar nada de lo que pasaría-

Hmm, me parece que puede mejorar un poco, lo haré de nuevo.

-Aquella mañana Leonardo despertó sin sospechar que era su ultimo día, se había acostumbrado desde hace unos días a dormir sin gravedad, ya no le molestaba la comida deshidratada, y el comando era menos irritante-

Eso me gusta un poco mas.

-Todos los días, Leonardo entrenaba, en el espacio es muy fácil perder la forma física, todo era sin esfuerzo cuando la gravedad no esta presente, y sin esfuerzo todo tiene tendencia a hacerse menos serio. Leonardo adoraba ver por las ventanas de la nave, la tierra era hermosa, cúmulos de verde flotando en azul y moteado de grandes nubes blancas-

Volveré a la tierra y literalmente seré polvo cuando llegue, que increíble, el hombre que trato de escaparse del mundo vuelve y vuelve convertido en polvo, una ironía tan divertida y no hay nadie con quien comentarla. Bueno, por lo menos estoy disfrutando mi historia, ¿Quien dijo que ser egocéntrico no era divertido?

-Ordenes iban y venían todos los días, pero hoy incluían una caminata afuera de la nave, algo tan hermoso como peligroso, Leonardo no sabia que hoy era su ultimo día-

No, no, estoy dando el final muy temprano, tengo que aguantarlo un poco.

-Pero hoy incluían una caminata afuera de la nave, algo tan hermoso como peligroso, aun así, Leonardo no podía esperar a ver sin una ventana de por medio a el gran planeta que lo había visto nacer, y luego le había dado el combustible para irse, como padre que despide a su hijo y se lo entrega a la gran y desconocida vida-

Hace frío, pero se que es momentáneo, pronto el frío sera un dulce anhelo.

-Le decían que hacer, que tuercas apretar, que revisar y en donde buscar posible desperfectos, una vez terminado se dio la oportunidad de voltear y ver, fue solo un segundo pero fue hermoso, decidió regresar a su nave, entro de nuevo y descanso, la gran esfera verde y azul era algo con lo que soñar-

Si tan solo hubiera pasado así, que idiota siendo yo el único que sabrá la historia y la endulzo para no incomodar a nadie.

-Le decían que hacer, que tuercas apretar, que revisar y en donde buscar posible desperfectos, una vez terminado se dio la oportunidad de voltear y ver, fue solo un segundo pero fue hermoso, al siguiente segundo un resbalo en el vació del espacio fue todo lo que falto para que la gran esfera verde y azul ademas de hermosa, se convirtiera en el blanco del proyectil en el que el mismo se había convertido en su descuido-

En el momento me sentí bastante idiota, pero bueno, en estas situaciones me parece que o crees en que todo sucede por una razón o te echas a morir, y tomando en cuenta que de una u otra me voy a morir, decido creer en algo.

-Gritos en la radio era lo único que escuchaba, aparentemente en el comando estaban mas preocupados que el, claro ellos estaban sanos, pero tendrían que lidiar con los problemas mucho tiempo mas que Leonardo que en unas horas ya no tendría preocupaciones, en ese momento Leonardo se sintió suertudo. Eventualmente se calmaron, antes de perder contacto se sintieron culpables y le dijeron: Lo siento, nos enorgulleces-

Los enorgullezco, bueno, supongo que mi vida esta redimida de cada error solo por eso ¿No?, no, no lo creo, pero a ellos les dará paz creer que me hicieron sentir algún patriotismo. Patriotismo, por dios, tengo este planeta gigante frente a mi y no se donde voy a caer, tal vez mis cenizas caigan esparcidas entre todos los continentes, y piensan que puedo sentir patriotismo, deberían pensar mas en el planeta como patria que los territorios que se dividieron los poderosos cuando solo podían soñar con las estrellas.

Me pregunto si alguien me vera, ya estoy sintiendo el calor.

-Que hermosas son las estrellas- Dijo Adriana.

Daniel no dijo nada, se quedaba en el trance viendo su boca.

-¡Mira Daniel! ¡Mira!- Dijo agarrándolo de un brazo.

Levantaron la mirada y una estrella fugaz de un amarillo brillante paso sobre ellos.

-¿Que historia podría tener una estrella así?- Pregunto Daniel.

-Supongo que solo la estrella lo sabia- Le dijo Adriana.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Historias de colores: Anaranjado

Mientras camino por el parque y escucho los pájaros cantar y las ramas moverse pienso en lo maravilloso que es estar vivo, digo, tengo el viento acompañándome, los sonidos del mundo, los rayos del sol sobre mi y a luna acompañándome. Luna es mi perra, es el ser mas fiel y cariñoso que existe, siempre me cuida y yo la cuido a ella, somos prácticamente inseparables.

Adoro el parque, aunque me haya costado acostumbrarme a caminar en su camino de piedras, es muy irregular, no me apena decir que mas de una vez me he caído caminando aquí. Camino por este parque todos los días, queda entre mi apartamento y mi trabajo y me evita cruzar muchas calles, odio cruzar calles.

Ya lo conozco de pie a cabeza, entro por la puerta este, rodeo el lago y su camino de tierra, paso al lado del parque donde las risas de los niños me hacen sonreír, llego a la zona de picnic atravesando la grama y finalmente el camino de piedra en la salida sur.

El camino de piedra se acabo y ahora camino sobre concreto, cruzo a la derecha llego a la esquina y aquí estoy, una de mis aventuras diarias, odio cruzar calles. Es tan fácil morir arrollado, admito que a pesar de ser un hombre hecho y derecho todavía siento nervios al cruzar la calle.

Llego al otro lado de la calle y camino hasta la otra esquina, cruzo a la derecha paso una tienda de música donde todos los días ponen la misma canción de los Beatles, camino un poco mas.

-Muy buenos días señor Miguel, ¿Como esta?- Me dice José, el portero del edifico donde trabajo.

José tiene una voz muy particular, es muy grave y profunda, como si hablara gruñendo, siempre me da los buenos días, es difícil perderse con una voz así saludándote en la entrada.

-Muy bien señor José, todo perfecto- Le respondo.

Entro al lobby del edificio me acerco a los ascensores y toco el botón, siempre en el ascensor que esta en la pared izquierda, solo ese me lleva a mi piso, el tercer botón de abajo para arriba, piso 6, lo toco y espero. Luna odia los ascensores, creo que la ponen nerviosa, y si, mi perra viene conmigo al trabajo, a nadie le importa que la lleve, ¿Cual es el problema con que un ingeniero de sonido lleve a su mascota al trabajo? Ninguno, exactamente.

-¿Como amaneces Miguel?- Me dice

Esa es la voz de Carla, es suave y delicada, a menos que le hagas algo para molestarla, su voz es suave pero molesta se vuelve tan delicada como una sabana hecha de lija.

-Muy bien Carla, ¿Tú?-

-Bien Miguel, todo bien- Me dice ella.

Es mentira, su voz no suena bien, pero no tengo tiempo, toco mi reloj, voy tarde.

-Todo lo bueno siempre puede ser mucho mejor- No es mucho pero es algo, tal vez le ayude.

Entro en mi cabina y Luna se echa a mi lado, en la esquina tiene su pequeña oficina propia, comida y agua, todo lo que podría necesitar.

Hoy tengo que editar, acomodar, modificar sonidos, canciones, uno que otro comercial para los clientes, esta es mi vida, los sonidos, adoro este trabajo.

Cuando era mas pequeño no le prestaba tanta atención a los sonidos, el mundo es un lugar hermoso e impresionante, tantas cosas que ver y hacer, recuerdo que iba a la playa con mis padres y me quedaba impresionado con el océano, trataba de ver mas allá de esa pequeña linea que mis papas llamaban horizonte, mi mama tenia una sombrilla gigante de color anaranjado, estaba muy pequeño, no mas de 3 años pero esa sombrilla se aparece en mi mente cada vez que hay razones para sonreír, el color anaranjado para siempre en mi memoria. Recuerdo que empece a ver el mundo de una forma distinta después de una fiebre que tuve a los 6, mi madre me enseño a apreciar y amar los sonidos, hoy en día cada vez que escucho un arpa la recuerdo.

Mezcla aquí, muevo por acá, duplico una pista, me encanta hacer esto para ganarme la vida, moviendo y modificando sonidos para que tengan el tono correcto, ese balance perfecto que el cliente busca, y lo hago todo con mi gran tablero. Muchos se quedan impresionados, no comprenden como yo puedo manejar con tanta destreza tantos botones y rueditas y niveladores, pero para mi ya es cotidiano, se que hace todos y cada uno de los botones, rueditas y niveladores de mi tablero, se que puede y que no puede hacer, eso me hace el rey perfecto del tablero, como el rey en un cuento que me leía mi padre, se llama el principito, en el había un rey que era grande y poderoso, tan poderoso que podía pedirle al sol que se ocultase o que saliera y este lo hacia, porque sabia cuando que el sol le obedecería en el momento adecuado.

Ya se hizo tarde y me voy a mi casa, Luna también quiere irse, además, ella adora el camino de regreso a casa, no se que es lo que le gusta tanto de la noche.

Llego a la recepción toco el botón del ascensor y bajo, llego a la puerta giro a la izquierda, camino hasta la esquina, a esta hora ya esta cerrada la tienda de música, pero solo debo llegar al final, me tropieso en un desnivel y caigo de frente, ya estoy acostumbrado, me paro al instante.

-¿Que le pasa a ese señor mami?- Escucho decir a un niño.

-Shhh nada nada mi amor ven-  Dice su madre, algunas personas no entienden que todos podemos caernos.

Sigo caminando y llego a la esquina, como quisiera evitar esto, odio cruzar calles, de verdad, no me canso ni me cansare de repetirlo, es la peor parte de mi día.

Entro por la puerta sur del parque y empiezo mi recorrido en reversa camino de piedra, camino de grama, a esta hora no hay niños así que solo sigo y llego al camino de tierra, rodeo el lago y llegue, la puerta este, cruzo a la derecha aquí esta mi edificio, justo al lado, tengo los pasos contados.

Llego a la puerta, toco el ascensor, el cuarto botón en la columna izquierda de botones, piso 4, me bajo del ascensor, una puerta, dos puertas, me detengo, 4-B este es mi apartamento, huele a comida, abro la puerta y luna sale corriendo.

-¡Luna!-

Es la voz de mi hija. Abro los brazos y ella viene y me abraza.

-¿Como estas corazón? ¿Como esta la universidad?-

-Todo muy bien papa-

Se oye muy feliz, que felicidad mas grande puede haber que la de un hijo feliz.

Entro en la cocina y abrazo a mi esposa, mi casa es como mi tablero, se donde esta todo.

Los sonidos de felicidad y el olor a comida haciéndose, estoy muy feliz.

Realmente es maravilloso estar vivo, hasta alguien ciego como yo puede verlo, la sombrilla anaranjada esta marcada en mi mente.


viernes, 20 de septiembre de 2013

Historias de colores: Azul

Me despierto con un calor infernal, estoy bañado en sudor y la corriente de aire que entra por la ventana solo cumple para que no me asfixie, de refrescante tiene lo que yo de calvo.

-Quédate quieto fastidioso- Me dice Raquel adormecida. 

Ella tiene el sueño muy ligero, excesivamente ligero, realmente tan ligero que seguramente se despierta a cada rato solo con el rose de la sabana contra su cuerpo. En cambio yo duermo como una piedra, una vez que caigo por completo es como si ya no estuviera ahí, solo queda un cuerpo que respira, por esto que me haya despertado me parece tan extraño.

-Ven, ya duérmete- Me dice mas dormida que despierta, tanto que a penas la entiendo.

Raquel me abraza y utiliza mi pecho de almohada, logro que me dejara de mover, efectivamente ya no puedo hacerlo, muero del calor, daría lo que fuera por un poco de brisa.

-Hace mucho calor Raque- Le digo.

Raque... Ademas de poco creativo es un poco idiota pensar que quitarle una letra a un nombre califica como apodo, pero así es como me gusta decirle, la conocí en un autobús, yo leía un libro que me habían prestado y ella, siendo de las pocas personas que he visto que conocen al autor de dicho libro, salto a la oportunidad de comentarme que pensaba de el.

-¿Te gusta Kundera?- Me dijo sobre mi hombro.

-¿Ah?- Fue lo único que pude responder, a veces simplemente soy así de encantador.

Me voltee, a verla, ¿Alguna vez se han tratado de voltear a ver quien va sentado detrás de uno en un autobús? definitivamente hay cosas mas cómodas en la vida, pero volviendo a ella, era hermosa, tenia unos ojos azul brillante que me miraban con una emoción comparable a lo que se siente cuando te consigues con alguien que tienes tiempo queriendo ver. No la detalle mucho mas en el momento, estaba muy ocupado en sus ojos, me encantan los ojos hermosos.

-Si, me gusta- Le dije en lo que sus ojos le permitieron a mi cerebro decirle a mi boca que dejara de solo estar abierta y empezara a dejarme hablar.

-¡A mi tambien!- Dijo muy emocionada, creo que se arrepintió de decirlo así, a los lados de sus hermosos ojos sus cachetes tomaban un tono rojo.

Me enderece en mi asiento solo para voltearme de nuevo, pero el autobús se detuvo y termine resbalando del asiento y cayendo de lleno en el piso, la señora sentada a mi lado intento aguantar la carcajada pero fallo estrepitosamente, a veces soy torpe, bueno, muchas veces lo soy, digamos que es parte de mi encanto y así me ahorro la pena.

Ella se rió junto con la señora que ya se había parado y bajado del autobús, aun se reía a todo pulmón.

-¿Estas bien?- Me pregunto mientras se sentaba a mi lado.

-Si, todo bien, no paso nada- Le dije en el tono mas grave que pude producir, no se porque hice eso, me arrepentí de inmediato, tosí hace un lado tratando de pasarlo por algo en mi garganta, y si, también me arrepentí de hacer eso, cuando unos ojos así se te sientan al lado la mayoría de las cosas que haces son producto de un nerviosismo idiota. No tenia razón alguna para pensar que le interesaría de alguna forma romántica a ella, pero uno al fin tiene su orgullo y lo primero que pensé fue en tratar de conquistar a la portadora de esos zafiros brillantes.

De vuelta en el infierno insoportable de la habitación tengo a Raquel con su cabeza sobre mi pecho, lentamente trato de moverla y acostarla en la almohada, lastimosamente esa torpeza encantadora mía hace que se me resbale de los brazos e inmediatamente se despierta. Abrió los ojos y se me quedo viendo, para alguien con el sueño ligero el reflejo de caída debe ser equivalente a una cachetada, abrió la boca para decir algo.

-¿Que te pas...-

Antes de que termine me lanzo sobre ella a besarle, esta vez no me arrepiento, no todo lo que viene del nerviosismo es estúpido. En lo que menos pienso ella me besa a mi y ahora es toda ella la que esta sobre mi, tengo muchísimo calor, el que haya dicho que nadie se muere de amor nunca considero muerte por sofocamiento amoroso.

Aquel día en el autobús, terminamos hablando de cualquier cantidad de cosas, de autores y otros artistas, de cosas que nos gustaban, de nuestras familias, de todo, menos de nuestros números de teléfono. Eso me pego como una piedra a la cabeza pero ya era demasiado tarde. Otra cosa que note en el momento que se bajo del autobús es que yo debía haberme bajado hace unas cuantas estaciones, muchas estaciones en realidad, algunos pensaran que es lindo, esos algunos seguramente no han estado en el pueblo de Baruta a las once y media de la noche cuando lo único que tenían que hacer era bajarse en Las Mercedes.

En mi cuarto tengo a Raquel sobre mi, y mientras me besa empiezo a reírme, ella deja de besarme y me ve con una mezcla de intriga e indignación. 

-¿De que te ríes?- Me pregunta en un tono severo.

Yo le cuento sobre el autobús y las paradas, y como lo acabo de recordar. La historia no le llama mucho la atención, se le nota en la cara, no la culpo esta a punto de amanecer y tenemos razones para estar cansados. Ella tiene esta expresión que siempre hace cuando no le interesa algo, un pequeño arqueo del borde izquierdo de su labio y su ceja izquierda levantada, se nota muchísimo, pero a mi me funciona así que no digo nada, eso si tiene ella, es transparente aun cuando no trata de serlo, supongo que todos tenemos nuestros encantos particulares.

Luego del primer día de verla aquel libro de Kundera iba conmigo a todos lados, tenia esta idea de que eso me ayudaría a conseguirla, pero irónicamente no la volví a conseguir hasta que devolví el libro a quien me lo presto. Me la conseguí en un bar, estaba bebiéndose uno de esos tragos de colores brillantes diseñado para que las mujeres beban y su buen juicio se vaya mas rápido que la integridad de algunos políticos, bueno, de los políticos en general. 

-¿Te gusta Kundera?- Le digo sobre su hombro, en el momento parecía una buena idea.

Se volteo como preparada para pegarme y huir, afortunadamente me reconoció.

-¡Hola!- Me dijo antes de abrazarme.

-Hola- Le respondí de nuevo en un tono grave, no tengo remedio.

-¿Que haces aquí?- Me pregunto.

Luche contra cada fibra de mi cuerpo para no dar una respuesta sarcástica, no era por mal, es solo la costumbre.

-Aquí, con unos amigos- Le dije mientras señalaba a una mesa con cuatro personas que no conocía para nada.

La verdad es que estaba solo bebiendo, a ver que conseguía, pero esa realidad era un poco deprimente, a veces hace falta maquillar un poco las cosas.

-¿Quieres irte a otro lado?- Le dije, lo directo e incomodo de la pregunta solo se me hizo aparente al decirla.

-Bueno- Me respondió mientras me miraba con esos ojos.

Me tomo del brazo y me llevo a otro lado, creo que quería que le dijera exactamente eso, no seria la primera vez que creo que le digo algo a una mujer por mi propia iniciativa y resulta que dicha mujer lo tenia planeado.

Su mano esta en mi pecho y ella esta de nuevo dormida, se despierta tanto que dormirse le resulta sencillo, veo sus ojos cerrados mientras acaricio su cabello, no puedo ver el azul de sus ojos pero a estas alturas, el azul lo llevo en el corazón. Tengo demasiado calor.

Aquella noche terminamos en mi apartamento, digamos que fue una buena noche, una que le abrió la puerta a muchas otras, poco a poco la conocí mas y mas, me di cuenta que sus preciosos ojos eran solo la entrada a lo maravilloso que era ella, aquella mujer con la que los besos y las calenturas venían junto a horas de conversaciones geniales, una mujer que mas allá de ser el objeto de mi deseo era un foco de interés. 

-Duérmete Roberto- Murmura ella.

El calor me derrota, vuelvo a caer como piedra en mis sueños, volteo a verla nuevamente, el azul lo llevo en el alma.


Esta pequeño principio de historia esta escrita en memoria a Roberto, no te conocí ni te conoceré, pero en donde estés espero encuentres paz, y que tu padre la consiga también.



sábado, 14 de septiembre de 2013

Un lugar

-Vayamos a un lugar donde podamos estar solos, vayamos juntos a un lugar que solo tu y yo conozcamos-

Estas fueron las palabras que quedaron marcadas en la memoria de Sofía, esa oración , era lo que recordaba cada vez que alguien mencionaba su nombre, cada vez que alguien contaba algo que tuviera que ver con el. Todos los días pensaba en el y cada vez que lo hacia su voz sonaba en su memoria repitiéndolo una y otra vez, lo extrañaba terriblemente.

Era muy difícil para ella estar sin el, y aunque la vida no termino y ella ponía buena cara y seguía, en sus momentos de soledad lo recordaba, de nuevo esa oración la perseguía.

Décadas de matrimonio y muchos viajes tuvieron, pero ella no conseguía entender porque nunca la llevo a un lugar que solo ellos conocieran, tuvieron hijos muy jóvenes pero aun cuando crecieron no lo hicieron. En el momento no lo pensó, solo este ultimo año, solo después de su muerte fue que ella volvió a recordar, y a desear entender, a desear haber preguntado.

Hay que entender que Sofía adoraba inmensamente a Carlos, y el a ella, era un amor como debía ser, un amor en extremo real, un amor que en buenas y malas se hacia presente y vivo, no era un flujo intenso e interminable de pasión, era mas profundo, iba mas allá.

-¡Mamá!, vamos, tenemos que ir al banco- Le gritaba desde la cocina Ana.

Ana era la mayor de 5 hijos de Sofía y Carlos, si bien su amor era mas profundo que una simple fuente de pasión no se podría decir que esta no estuvo presente en todos sus años juntos, esto era sobretodo una fuente de molestia e inquietud para los padres de Sofía, pero eso es otra historia.

-Ya voy, estoy bajando- Le respondió en un tono angustiado.

Odiaba que la apuraran, lo toleraba porque era su hija, y aun así le desagradaba, Ana siempre había sido así, desde pequeña todo fue una carrera, una competencia, amaba a su hija pero no podía evitar pensar que era un ejemplo viviente de una personalidad tipo A tratando de dominar todo a su alrededor.

-Vamos mamá que es tarde ya, hay que ir al banco a ver que dejo papa en esa dichosa cajita de deposito- 

La angustia de Sofía se transformo en ansiedad, la caja, al fin podría ver que tenia, desde que murió Carlos han tratado de ver sus contenidos, pero entre problemas sucesorales y parte de la familia Carlos que decidieron intervenir esperando encontrar objetos de valor en ella hicieron que les tomara todo un año poder abrirla, por suerte ya estaba resuelto todo.

Se montaron en el carro, Sofía no manejaba, nunca le gusto. Ana, quien tenia un par de niños pequeños aprovechaba que hoy estaba sola para poner la música que quisiera al volumen que quisiera y esto, para Sofía, significaba escuchar un sin fin de canciones que variaban desde un Gustavo Cerati que desde que despertó no dejaba de escribir canciones hasta los Rolling Stones que de alguna forma sobrenatural seguían vivos a pesar de tocar casi los 100, esta música no le molestaba, le recordaba mucho a Carlos. El amaba a esos artistas y ella con el tiempo había aprendido a quererlos también. Nunca olvidaba que cuando Carlos aprendió a tocar guitarra lo primero que hizo fue aparecer en su cuarto cantándole "Me quedo aqui" cantaba horrible, y no tocaba muy bien, pero como le gustaba ese hombre desafinado.

-¿Estas emocionada? Deberías estarlo, bastante costo conseguir abrir la bendita caja, vamos a ver que dejo papá allí, me emociona un poco pensar que podemos conseguir, ¿Que puede ser tan importante como para que lo guardara y solo nos enteráramos después de que se muriera?- Decía Ana a 5 palabras por segundo, tomando pequeños espacios para tomar aire y seguir hablando, que pulmones tenia ella.

-Si, si estoy emocionada mi amor- Le respondió suavemente.

Ana no la escucho, seguía hablándole, preguntándose cosas, se supone que hablaba con ella pero la mayoría de las cosas se las respondía ella sola, hacia teorías y las desarmaba de nuevo, se le ocurrían posibilidades solo para desacreditarlas cuando otra se le apareciera. Igual a su padre, hablaban y hablaban, Sofía no podía evitar querer que Ana la acompañara, se sentía un poco culpable, no quería que sus demás hijos pensaran que tenia algún favoritismo, pero ella era la mas parecida a Carlos y se lo recordaba en cada pequeña manía que compartiera con su difunto padre.

-Aja, aquí estamos, vamos mamá- Dijo Ana la ansiedad se sentía en su voz.

Entraron al banco, hacia frió pero el corazón acelerado de Sofía no le dejaba sentir mas nada que la emoción de abrir la caja.

-Buenas tardes, ¿Puedo ayudarla?- Le pregunto un empleado del banco.

Iba a responder pero salto Ana primero.

-Si, vinimos a abrir la caja yo llame vamos rápido por favor, es la caja numero 020411-

-Eh, muy buen, ya las llevo- Respondió intimidado el hombre.

Entraron en un pequeño cuarto y a los cinco minutos otro empleado del banco les entrego una pequeña caja, que luego abrió con una llave de bronce que parecía tener al menos unas cuantas décadas.

En la caja estaba una hoja de papel doblada en un cuadrado casi perfecto y fotos viejas. 

Le dio las fotos a Ana y agarro el papel, al desdoblarlo consiguió que eran dos hojas de papel escritas a mano, se sentó y empezó a leer.

Mi amor te escribo esta carta para que sepas que aunque no estoy no me he ido, si me permites un momento de egoísmo te quisiera decir que me alegra que fui yo el que se fue primero, tu siempre fuiste mas fuerte y a mi me hubiera dolido mucho vivir en un mundo sin tus ojos acompañándome, durante nuestros años te escribí y te dije muchas cosas, pero en mi ausencia quiero que al leer este poema recuerdes que a ti te queda camino y que nunca estas sola, Benedetti lo dijo muy bien.

El resto de la primera hoja estaba escrita en verso, la letra de Carlos que generalmente era aparatosa y descuidada se hizo mas fina, buscando forzar una letra delicada aunque desafortunadamente fallando en lograrlo.

No te rindas,
aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros

y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda,
y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas, quitar los cerrojos, abandonar las murallas
que te protegieron. vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa,
ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento, aún hay
fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.
Porque cada día es un comienzo nuevo.

Porque ésta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás sola.
Porque yo te quiero.
  
Continuo en la siguiente hoja.

Dile a las niñas cuanto las quiero, son pedacitos de ti que ame casi tanto como a ti, (la parte de casi tanto como a ti puedes omitirla cuando se lo digas).

Esta carta te la escribo porque por mucho que quiera no puedo controlar que va a pasar, es una carta para que recuerdes todo nuestro amor, es una carta que deberias guardar y leer cuando te sientas sola, porque yo estaré ahí cada vez que la leas. Esta carta es solo para ti, y solo debes leerla tu, cada vez que la leas te iras a otro lugar, a un lugar donde solo estemos tu y yo, un lugar que solo tu y yo sabemos donde queda.

Te amo como a la vida misma.

Cerro la carta y respiro.

-¿Que dice mamá?- Pregunto Ana.

-Es para mi corazón, solo yo debo leerlo, palabras de tu padre- Le respondió.

No dijo mas nada.

Esa noche antes de dormir Sofía leyó de nuevo la carta.

-Vayamos a un lugar donde podamos estar solos, vayamos juntos a un lugar que solo tu y yo conozcamos-

-Voy contigo bebe- Le respondió ella.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Delirios

El aire acondicionado de su cuarto hacía un ruido horrible cada vez que lo prendía. Mientras funcionaba parecía que un pequeño hombre adentro del aparato raspara con una hojilla su interior, era un ruido que con los años se volvió común a la hora de dormir y que ya no la fastidiaba en absoluto. El problema es que ese día no lo estaba haciendo.

Esa era sólo una de las varias cosas que la mantenían despierta esa noche, el inicio del verano en la universidad al día siguiente, y cursar anatomía general por tercera vez eran los otros protagonistas de ese periodo de insomnio tan espectacularmente oportuno. 

El tiempo seguía pasando y ella miraba el techo, dibujaba figuras con su mente, buscaba formas en el grano de la madera, de vez en cuando su mente se iba por un momento en alguna memoria lejana del día que había pasado, todo esto mientras otro pequeño pedazo de su mente le recordaba que cada minuto era un minuto de sueño desperdiciado, una pequeña gota de efectividad que no estaría presente el día de mañana.

De pronto se dio cuenta que su cabeza le dolía, era leve pero poco a poco aumentaba, le recordaba a uno de esos tipos que van en sus carros con la música a todo volumen, una pequeña molestia que empieza a lo lejos y que poco a poco se va acercando, lastimando sus neuronas.

Decidió bajar a buscar una pastilla, la escalera de madera chillaba con cada paso, odiaba ese sonido; buscó su pastilla, sirvió el vaso de agua y se regresó. De nuevo el chillido de los escalones, pero había algo diferente, un ruido que no estaba allí antes, no podía decir que era con exactitud, así que decidió ignorarlo y se acostó de nuevo.

-Ahora si, a dormir- Se dijo, como tratando de convencer a alguien más.

Pensó que desde que había vuelto debía haber pasado una media hora, aunque al ver el reloj vio que sólo eran 5 minutos, la relatividad del tiempo le abofeteaba, y como toda buena bofetada, le quitó cualquier sueño que pudiera tener.

El dolor no se había ido, seguía ahí y cada vez más cercano, más encima de ella, sentía como una vena en su frente palpitaba. Le dio calor y se quitó la sabana, se sentía incomoda y se movía, le volvió a dar frio, todo en cuestión de minutos. De repente su mente empezó a divagar, pero no era en el día que pasó, no, estaba pensando en la vena en su frente, esos pequeños canales de sangre. Se asustó del palpitar, ¿Que haría si esa vena estallaba? Ella estaba sola, ahí mismo se quedaría. Se olvidó de la vena al instante, estaba sola, ¿Y si el ruido que escucho no era sólo un ruido cualquiera? ¿Y si era alguien, un ladrón? Sentía que la angustia la iba a terminar de matar si la migraña no lo hacía primero.

Se paró a revisar, sus pies moviéndose lentamente por el piso sin levantarse, el miedo de conseguir algo más que su casa vacía le distraía de la migraña. Bajó muy lentamente por la escalera, su peso casi todo sobre las barandas para no hacer ningún sonido. Llegó a la cocina, vio la sala, se asomó por la ventana que daba al patio, no había nadie, la casa estaba vacía, no había ningún ladrón.

Se calmó, y al instante volvió la vena a palpitar, marcando el ritmo de la migraña. Por un momento consideró patear un mueble sólo para que le doliera algo más que la cabeza, sentía rabia, no estaba haciendo nada productivo, seguro cuando tuviera que estudiar se dormiría sin problema.

Se resignó a no poder dormir, revisó su libreta, si no dormiría al menos adelantaría algo de estudio. Empezó por las uniones celulares y los tipos de tejidos, luego repaso el tejido epitelial, el tema que más odiaba.
-¿Para qué lees algo que conoces tan bien? - Le preguntó

-No sé, sólo quiero pasar anatomía esta vez- Respondió ella.

Se acordó que estaba sola, quiso gritar pero no pudo.

-Cálmate, no te voy a hacer nada- Le dijo la voz en un tono calmado.

-¿Dónde estás? - Le preguntó a la voz, saber quién era no le importaba.

-No te preocupes, todo está bien- Respondió en su tono calmado.

-¿Qué quieres?-

-Hablar-

-¿Ah?- Preguntó.

-Que yo sólo quiera hablarte te parece una locura, pero hace un momento pensabas que la vena en tu frente podía reventar y te ibas a morir sola en tu cama, dime algo, ¿Cuál te parece más extraña?-

-Eres una persona que se metió en mi casa para hablarme, sigue siendo extraño que tu sólo quieras hablarme- Le dijo con un poco de indignación.

-Está bien, puede tener razón, pero aun así, yo sólo quiero hablarte- Dijo la voz, su tono cada vez más suave y encantador.

No entendía que estaba pasando, estaba aterrada, quería correr pero sus piernas no respondían y sus pulmones se apretaban si intentaba gritar.

-Te dije que no te iba a hacer nada, ¿Porque tienes tanto miedo? ¿Siempre eres así de desconfiada?-

-Disculpa, ¿Sabes que te metiste en mi casa?-

-Sigues con lo mismo, háblame de algo más, como por ejemplo ¿Qué tal te fue hoy?-

No sabía que hizo hoy, no podía pensarlo, no podía pensar en otra cosa que no fuera que había alguien ahí, que no se podía mover y que el aire no estaba haciendo ruido.

-Por favor, sólo cálmate y háblame, estas tan asustada que no te mueves- La voz aunque encantadora estaba obviamente irritándose.

Ella decidió respirar y tratar de relajarse, inmediatamente la angustia que tan violentamente la tenía tomada se desvaneció. Empezó a contarle una historia inventada por ella, no lo hacía por maldad o porque no quería que la voz supiera de su día, sólo no recordaba nada, decidió jugar a que era una profesora de medicina. Le contó desde su desayuno hasta su viaje mañanero en su hermoso Mustang del 69, le relató la interesante clase que dio donde cada tejido se unía a otro y  bailaban en pareja frente a ella, sus misterios revelados; sobre como almorzaba con los profesores y luego iba al hospital unas horas para su consulta, y como al final volvía a su casa cansada.

Al terminar se sentía mucho mejor, el roce de la sabana le dio cosquillas en la pierna, se sentó bien, escuchaba a lo lejos el sonido del aire acondicionado, su cabeza ya no dolía.

-¿Ves lo bien que te hace hablar?- Le dijo la voz más encantadora que nunca.

-Sí, pero ahora voy a estar trasnochada mañana, no dormí nada- Le respondió.

Se sentía muy cansada, escuchó el largo suspiro de la voz que le hablaba.

-Anda, duérmete entonces-

Escuchó como abrió la puerta y la cerro detrás de él, finalmente se durmió.

Afuera de la habitación el doctor León tomaba notas, la profesora recordaba claramente su antigua rutina, pero todavía no lograba sacarla de su trastorno. Había sufrido un brote psicótico a causa del estrés. Era cruel e irónico ver a una señora de esa edad, una doctora brillante además, reducida a una fantasía donde todavía era estudiante.

La paciente sale de su fantasía brevemente si interrumpo el sonido del aire acondicionado defectuoso que grabé cuando visité su casa. La rutina de su locura se deteriora poco a poco y la migraña ataca rápidamente. Indudablemente hablar la calma, pero no es una solución permanente al problema. A pesar de los tratamientos la doctora sigue atrapada en alguna mañana cualquiera de sus días de estudiante, se necesita más estudio.

-Volveré a intentarlo mañana- Pensó el doctor para sí.

jueves, 29 de agosto de 2013

Una carta de amor

Te escribo esta carta porque no se me ocurre que mas hacer, no me siento capaz de hablarte directamente y en mi posición el amor que te tengo suena tan alto como los susurros de una pareja de adolescentes escondiéndose de los adultos. No tengo mucho dinero, no tengo mucho poder, pero lo que tengo por ti es suficiente para llevarme. No lo puedo negar, te amo, realmente te adoro.

No siempre hemos tenido la relación perfecta, más de una vez he profesado mi odio por ti antes de darme cuenta de que te juzgaba a través de los ojos de personas que poco saben de amar. Te he querido dejar, buscar otra que me abrigue y me trate mejor, otra que me ofrezca más de lo que tu me das.

Pero la verdad es que aunque otras me ofrezcan más, aunque otras sean mas razonables, aunque otras sean menos tempestuosas; otras, nunca han sido opción. Perdieron mi amor por no ser tú, por no llamarse como tú, por no verse como tú. En las miles de casualidades que llevaron a que todo sea como lo conocemos, otras, no corrieron la suerte de ser tan interesante, tan majestuosa, tan divertida como tú.

Sé que así como tú me has moldeado durante nuestro tiempo juntos yo también puedo afectarte. Aprovecho esta oportunidad para decirte que con cada respiro de mi ser buscaré que mi presencia en ti sea tan buena como lo has sido tu para mí. 


¿Cómo no amarte? Sí, eres impredecible pero, ¿Quién no quiere la emoción que esto trae?, ¿Cómo no amarte? Cuando puedo descubrirte algo nuevo cada día, ¿Cómo no amarte? Cuando se que puedes ser todo lo que cualquiera podría desear.

Sé que te han lastimado antes, y sé que estas vulnerable, pero no estoy solo en esto. Como yo te amo hay millones más. Como yo te amo siguen naciendo miles más, y como te amamos no seguiremos dejando que te lastimen más.

Esta carta que te escribo es producto de querer desesperadamente hacerte saber mi amor. De querer gritarlo, de que sepas lo especial que eres. Esta carta es por el sonido de las ranitas en la noche, por los atardeceres mas especiales del mundo, por las playas mas cálidas, por nuestro pequeño pedazo de paraíso.

Te amo Venezuela. 

lunes, 26 de agosto de 2013

Trance

-Te vas Alfonsina con tu soledad, que poemas nuevos fuiste a buscar-

Su voz era maravillosa, cada vez que escuchaba como cantaba se enamoraba un poco mas.

-Esta canción es muy triste ¿No te parece?- Pregunto delicadamente.

-Pero en tu voz queda hermosa- Le respondió.

-Bueno, en ese caso seguiré cantándola si no te molesta-

Mientras ella continuaba su mente viajaba, cada nota, cada dulce sonido de su voz le imponía un trance cada vez mas profundo.

-¿Tu sabes sobre quien es esta canción?- Le pregunto a el.

-Sobre una Alfonsina- Le respondió con un tono que debió sonar gracioso, pero salio imbécil.

El silencio se apodero un momento del lugar, un silencio que enfriaba el momento, trato de salvarlo.

-Eh, no, no lo se- Dijo con una sonrisa incomoda.

-Alfonsina Storni se llamaba ¿La conoces?-

-Creo haber escuchado de ella, ¿Era conocida de Quiroga?-

-Ah, ese si es un hombre que escribía cosas tristes- Le respondió.

El parque en el que estaban se vaciaba poco a poco, el con su guitarra y ella con su voz habían ido a pasar el rato, esperar que anocheciera, ver la luna y cuantas estrellas la luz de la ciudad dejara verse. Se conocían de toda su vida, sus padres eran amigos, el hermano mayor de ella trabajaba para el padre de el, en fin una historia larga en donde uno siempre miraba al otro sin tomarse el tiempo de realmente verse.

-Sábado fue y capricho el beso dado, capricho de varón, audaz y fino, mas fue dulce el capricho masculino a este mi corazón, lobezno alado- Recito ella, como en trance, lo miraba directo a los ojos, pero no estaba allí, se notaba que estaba en otro mundo.

-¿Que?- Fue lo único que logro responder, no sabia que estaba pasando.

-Es un pedacito de un poema de Alfonsina, a mi me gusta mucho- Le dijo suavemente.

Por un momento pensó en besarle, vino de la nada, la ternura de su voz le saco de toda lógica por un momento.

-No sabia que te gustaba esta mujer-

-Alfonsina- Le dijo

-Si, si, Alfonsina- Le respondió nerviosamente.

-Es un poema de amor, pero, no se, al final ella se entrega a quien le escribe, aunque el no esta dispuesto, o tal vez no puede entregarse también a ella- Le dijo.

-Tal vez el no sabe que se esta entregando, puede que si lo supiera se entregara también- Dijo el, buscando excusar a todo su genero.

-El sabe que ella se esta entregando, ¡Ella se lo dice claramente!- Respondió levantando la voz.

-A ver cuando se lo dice-

-En los últimos versos, dice así-

Inmediatamente tomo posición, respiro profundo y volvió al trance mientras mantenía contacto directo con los ojos de el. Se dio cuenta que tal vez no se iba a otro mundo y lo dejaba, solo tal vez el contacto visual debía hacer función de puente y llevárselo también.

-Ah y me resisto, mas me tienes toda, tu, que jamas seras del todo mío- Le recito.

El trance se fue y su mirada se disperso un momento, rápidamente volvió y le miro con un tácito ¿Ves? esperando respuesta.

-Bueno, aun creo que no le han dado oportunidad- Le dijo desafiante.

-¿Como puedes decir eso, acaso no ves que si no es de ella es de otra?- Le respondió, su tono un poco agresivo.

-Pero no sabes que respondió, el se merece su poema también, estas asumiendo que es de otra, tal vez simplemente esta ocupado, y aunque fuera de otra, ¿Quien dice que el no se entregaría luego de la confesión de ella? Tal vez el podría enamorarse de ella también y Nietzsche decía que todo amor tiene locura, pero toda locura tiene un poco de razón- Le dijo cuidando su tono de voz, no quería sonar imbécil de nuevo.

-¿Dices entonces que enamorarse de ella que se le entrega es una locura?- Cada vez parecía tenerle un poco mas de rabia.

-¡Claro que no! Solo digo, aunque fuera una locura tal vez, de haber amor, el se hubiera entregado, sin importar que pensaran, tal vez a pesar del sufrir de la mujer con la que ya estaba, si es que esa mujer en cuestión existía, no hay mucha lógica que acatar cuando el amor esta y es real, Nietzsche también decía que todo lo que se hace por amor esta mas allá del bien y el mal- Le dijo en el tono mas calmado que pudo.

-¿Nietzsche no enloqueció lentamente por la sífilis?- Le pregunto en un tono casi desagradable.

-Eso no lo sabe nadie, ademas, esta señora Alfonsina según la canción se suicido lanzándose al mar, y tu estas tomando uno de sus poemas bien a pecho, no se supone que critiques la vida del artista por como acabo, es su arte la que debes tomar y apreciar o despreciar a tu gusto-

-Tienes razón- Le dijo en voz baja, se sentía regañada.

-Piensa por un momento que hagas algo hermoso, que vivas algo hermoso, y eso quede plasmado en palabras, o en una canción, un libro, un poema, una pintura, una memoria, un sentimiento piensa que eso hermoso que has creado quieres compartirlo, ahora imagina que mucho después de tu muerte, alguien desprecie ese algo hermoso sin saber que es, solo basado en los errores que cometiste en vida, despreciando ese pedazo de ti que quedo en el mundo, mucho después de que te fuiste.- Le dijo

Mientras decía esto era el quien estaba en trance, pero no podía conectar con los ojos, instintivamente su mano toco la de ella y fue todo lo que necesitaba, mientras le hablaba se iban, ninguno de los dos noto que dejo de hablar y solo se miraban callado, el sol ya no estaba allí, en su lugar una luna gigantesca les recordaba la hora. Los dos volvieron a la tierra, ambos temían decir algo que convirtiera a aquel silencio majestuoso en uno incomodo.

-¿Si ves lo que digo?- Dijo casi susurrando, la voz le salia entrecortada.

-Creo que es un buen momento para callarse- Le dijo, su voz de vuelta a ese tono tierno y suave que adoraba.

De repente sintió tener el valor de intentar besarle, al mismo tiempo que ella. Se lanzaron al vacio, esperaban la suavidad del beso del otro, pero el impulso de los dos fue demasiado y solo se dieron un golpe cara contra cara, luego de la sorpresa solo rieron.

-Ehh, perdón Adriana, tal vez no era buena idea- Dijo el con una risa nerviosa.

-Daniel, escucha, te diré otros versos que me gustan de Alfonsina- Dijo mientras se preparaba para el trance

Esta vez no solo busco la conexión con sus ojos, tomo sus manos y se junto a el, era un trance completo, los dos dejaron en el parque sus cuerpos mientras sus conciencias volaban mas y mas arriba.

-Donde lo deba yo poner, mi corazón no ha de querer. Cuando le diga yo que si, dirá que no, contrario a mí. bravo león, mi corazón, tiene apetitos, no razón.-

No pudo reaccionar, ella lo estaba besando, soltó su guitarra y la tomo, la luna ya estaba sobre ellos, el tiempo pasaba sin dejar rastro entre el trance de amor que vivían, el silencio majestuoso lo callo todo.


domingo, 25 de agosto de 2013

El esclavo de los susurros.

-Disfruta lo que tienes- Decía la voz a su lado.

No podía girar la cabeza, estaba amarrado a una silla, y aunque pudiera girar el resto del cuarto estaba oscuro.

-¿Quien eres tu? Déjame en paz- Dijo, su voz no sonó como el quería, el forcejeo contra las amarras no le permitía concentrarse en sonar amenazador.

-Tu sabes quien soy- Le respondió.

El suelo se abrió debajo de el y cayo al vació, inmóvil aun sentía como el viento a su alrededor le anunciaba su caída aunque el no pudiera percibirla con sus ojos por lo oscuro del lugar, después de unos segundo la silla se desplomaba y seguido a eso sus piernas, no sintió dolor, solo el impacto.

Abrió los ojos, estaba en su cama, sus manos aferradas a los bordes del colchón como si su vida dependiera de ello. Respiro profundo, como quien sale del agua después de jugar a aguantar la respiración.

-¿Todo bien?- Le pregunto Diana.

La miro fijamente, lo veía desde la puerta del baño, seguro despertó antes que el, ella siempre se paraba antes que el.

-Si, todo esta bien, solamente tuve un sueño desagradable- Le respondió sin querer entrar en detalles.

Se paro de la cama y se vio en el espejo del closet, acostumbraba hacer eso, no tenia razón alguna para hacerlo, ninguna que el supiera al menos. Diana entraba de nuevo al baño y abría la ducha, la puerta estaba abierta, el sonido del agua contra el suelo del baño fue todo lo que necesitaba el subconsciente de aquel hombre para romper su concentración y girar inmediatamente su cabeza hacia donde se encontraba ella.

Desde que la conocía la había querido para el, ella era una mujer hermosa, piel blanca y delicada, unos ojos hipnotizante y una boca que parecía una delicada y fina cereza que reposaba en un campo blanco de nieve, pero no era su belleza lo que lo hacia perder la razón cuando estaba con ella, eso ayudaba por supuesto, pero era algo en su voz, era el tono en el que hablaba, era firme pero delicada, imponía con una suavidad y una ternura que hacían que cualquiera obedeciera, cuando Diana le susurraba en la oreja el dejaba de ser el y se convertía en esclavo de ella.

Se sentó de nuevo en la cama y se concentro de nuevo en el espejo.

-¿Porque te tienes que ir?- Le pregunto de la forma mas encantadora que pudo.

-Tengo que irme, sabes cual es nuestro arreglo- Le respondió.

-Pero, pero podemos pasar mas tiempo juntos, podemos hacer tantas cosas- Dijo, estaba al borde de suplicarle que no se fuera.

-Por favor basta ya Adán, sabes que esto es lo que podemos tener, disfruta lo que tienes- Le dijo fríamente Diana.

Sintió un vacío en el pecho, una sensación de caída se apodero de su ser.

-Tu sabes quien soy, y porque no puedo- Le reiteraba, tratando tal vez de justificarse.

Desde que la conocía la había querido para el, pero había fallado, Diana nunca fue de el, Diana la esposa del jefe, Diana la mujer que al susurrarle a su oído lo convertía en su esclavo, Adán era su juguete, su prisionero, su joven enamorado, su nombre lo condenaba a sufrir gustosamente por aquella mujer a obedecer sus deseos.

Se fue del cuarto, pronto tendría que irse el, aquel hotel era lujoso y por lo tanto costoso, un gasto que un recién graduado a penas podía cubrir. El seguiría llevándola allí cada viernes, tal vez algún día la convencería, mientras tanto, continuara sus intentos.

-Disfruta lo que tienes- Se murmuro para si mismo mientras miraba su reflejo en el espejo.

sábado, 24 de agosto de 2013

El prisionero

El sonido de la guitarra retumbaba en su mente, buscaba lo que fuera, lo que pudiera de alguna forma quitarle de su mente a esa mujer. A esa mujer que amaba tanto, a esa mujer que siendo mas joven que el no había vivido todo lo que el y a pesar de eso en algunos casos sabia mucho mas, tres años significan mas de lo que uno cree.

No le ha hecho nada, nada que el pueda decir con seguridad al menos, y es que el no puede decir nada en el momento, esta preso de sus emociones, ese vehículo del desastre impulsado por hormonas y químicos que violentamente le cambian el humor. El se vanagloria de un temple firme y razonable, de guiar sus emociones, pero esta fallando, no esta guiando nada, el es el que esta siendo guiado por lo que siente, por las malévolas e irracionales imágenes que se aparecen en su mente incesantemente una y otra vez. La odia, la ama, la extraña, un festival de ideas, de una u otra forma ella no abandona su mente.

Que puede hacer el hombre que ama la calma cuando lo único que quiere es pasión con su amada. No le gusta perder pero ella y su amor lo derrotan en cada oportunidad posible, tal vez es una derrota placentera, pero no deja de ser derrota por ello. Algunos dicen que pensar es ser, otros dicen sufrir es ser, o que nuestro sentir demarca nuestro ser.

 Dejemos algo claro, pensar en frió es bueno para no lastimarnos, pero pensar en caliente es bueno para el alma. Solo aquel que haya vivido un momento tan cargado de emoción, tan pasional, tan irracional que este quede marcado en su memoria, ineludible, quemando sus sinapsis con recuerdos que pueden ser tanto dolorosos como felices pero que sin duda explotan de pasión, solo aquel que tenga una memoria de ese momento donde lo importante era el alma y no el cuerpo, solo aquel puede decir que ha amado.

El amor esta marginalizado a una amistad, a una relación, a un gusto y puede ser mucho mas que solo eso, amor para mi es vivir, esos pequeños momentos en donde no entra el pensamiento lógico sino la pasión, donde no hace falta mas explicación de nada, donde irracionalmente queremos algo, y esto sea lo que sea nos llena de sentido y dirección. Vive y ama dicen muchos, y estoy en desacuerdo, vivir es amar.

Regresando al tema de que es el ser, en mi opinión Descartes tiene la razón "Corgito Ergo Sum" pienso luego existo, mas existir no es vivir, de ahí mi afirmación anterior, pensando en frió somos, pero solo amando podemos vivir.

Para el esta mujer es su momento de pasión, su deseo irracional, el objeto de su locura hecho mujer, una mujer que vive, respira y suda amor, a su alrededor nada tiene sentido, los momentos de rabia lo hacen explotar, las tristezas lo desarman y las felicidades lo exaltan. Vive sumergido en este amor, y volátil como es, lo ama. Por eso la piensa, por eso la odia, por eso la ama y la extraña. Es el prisionero voluntario que vive su dulce condena de no querer pensar lógicamente, de vivir de verdad, una pasión que le abriga del frió quemandolo vivo, es el prisionero voluntario que extraña a su carcelera.

Al final todo prisionero vivo o muerto deja algún día su celda pero, sin duda, la preferencia de este prisionero en particular es bastante clara.

8 cosas que suspira el que desea

La noche y el día pasaron casi sin razón frente a el, no sentía nada, estaba en un estado neutral donde todo era brillante y blanco. Se reía sin emoción, lloraba sin sentirse nada. Mucho paso por su mente, mucho odio, hacia el, hacia ella, hacia todo, pero el no podía, no  podía odiar era una mentira porque como estaba el amor y el odio se habían desvanecido en una sola cosas inexplicable e inerte, algo muerto que solo estaba ahí, su cadáver mirándolo, acusándolo de no haber hecho todo por salvarlo.

-Lo intente- Se decía para si mismo.

Se trataba de justificar, de perdonar, trataba de dejarse claro que el no era culpable de su situación, pero el sabia que si lo era, sin duda tenia que serlo, tal vez no tendrá toda la culpa pero sabe que no esta exento, sabe que entre dos nunca es solo es uno el que tiene la culpa.

Tomaba turnos para justificarse el y luego para justificarla a ella, en toda honestidad, el no sabia que había pasado, no tenia lógica, el caos era lo que dominaba todos los momentos ese día, esa desagradable y mortal falta de simetría que le atacaba el alma. Pobre el idiota que busca control y simetría en su vida, pero el, el deseaba con toda su fuerza conseguirla, esa, era el mas grande de sus sufrimientos, seguido de cerca de ese vació que dejo ella cuando pidió la libertad que el no sabia que le estaba arrebatando.

La extraña, desea saber de ella, no importa cuanto trate inútilmente de distraerse todo vuelve a ella como una enferma autopista circular. Deseo, esa es la palabra clave, la desea, pero no es lo único que desea y lo sabe. Buscando algo de catarsis decide hacer una lista, en vano, el piensa que eso lo ayudara, piensa que si alguien la lee lo entenderá, en el mejor de los casos piensa que si ella lo lee y nota como esta lo recibirá otra vez. La esperanza siempre muere al ultimo.

-La amo- Dijo suavemente, había tratado de decirlo en una oración elaborada y hermosa, algo que impresionara, pero no podía, estaba muy agobiado por ese cadáver emocional que lo miraba acusadoramente, que no le dejaba sentir nada mas que frió. Con ese te amo que jamas fue escuchado empezó a escribir.

8 cosas que deseo

  1. La voz que por años fue el motivo de mi locura, que este a mi lado, que me abrigue con su risa y me abrace con su amor.
  2. El calor de su cuerpo ante el mio, la felicidad de sus caricias y la tranquilidad que me da acariciar su suave piel.
  3. Las palabras y la forma de enamorarla de nuevo, de hacerla sonreír como antes lo hacia, de emocionarla como antes lo lograba.
  4. La intensidad de esos hermosos ojos que sobre mi me hacen tan feliz.
  5. La emoción del día anterior a verla, el sobresalto de corazón, el enamoramiento que me tomaba todos los jueves.
  6. Un beso de ella, la otra dueña de aquellos besos, aquellos te amo sin palabras.
  7. Que mi amor no pese, quitarme lo que tenga, que pueda mostrarle que su libertad y sonrisa es motivo de dicha en mi.
  8. La fuerza de entender que si se acabo y es mas feliz sin mi, dejarla ir a su felicidad.
Al escribir la octava sintió de nuevo, estaba triste, estaba solo, ya no quería simetría, quería que la mas ilógicas de las consecuencias lo llevara a ella, quería que el universo se doblara a su voluntad y le diera lo que quería, la amaba y por un momento quiso morirse para honrar a Sabina, "Un amor que mata nunca muere" pero, de nuevo, la amaba y mientras existiera la posibilidad de su felicidad, aun lejos de el buscaría la fuerza de sobrellevar su perdida.

No se sentía mejor, no hay soluciones fáciles en la vida. 

No me siento mejor...


domingo, 18 de agosto de 2013

Reestructurado

Un cambio que creo que me merezco, dejare de escribir en mis momentos de ira para compartir un poco mas de las historias que creo en mis momentos de calma.

jueves, 6 de junio de 2013

Sin pertenencia


La responsabilidad

Desde que soy niño se me ha recordado incesantemente lo importante de las responsabilidades, son parte integral de la libertad, esta, a pesar de ser pintada como un ideal casi salido de un libro sobre anarquía donde todos hacen lo que quieren y a quien quieren en el momento que lo quieren, es un balance ideal de derechos y comodidades frente a una serie de deberes que de no ser cumplidos vendrán a buscarte cual sabueso del infierno pues tu libertad se acaba en el momento que tu falta de compromiso con la responsabilidad afecta la libertad de otro ser.

Habiendo salido de ese pequeño trance moralista regreso a mi punto, las responsabilidades son esas obligaciones que en su mayoría se nos son impuestas, pues si, nosotros no elegimos en que familia nacemos, ni elegimos como se nos cría, no elegimos el idioma que hablamos ni el país en el que nacemos y en algunos casos contados ya en esta época no se elige ni la profesión que se desempeñara.

Aceptables e inaceptables.

En la mayoría de estos casos estas responsabilidades impuestas son aceptables, uno aprende a amar a la familia que se le eligió o se le deja, aprovecha los beneficios que pueda obtener de su crianza o se repudia hasta en el ultimo caso se puede dejar la profesión impuesta, pues si es cierto que las responsabilidades fueron impuestas en nuestra condición de seres libres podemos decidir repudiar dicha responsabilidad si los derechos obtenidos no muestran un balance adecuado. Al contrario de esto hay responsabilidades impuestas que son en su esencia inaceptables, en estos prácticamente 15 años de revolución que he vivido se me ha impuesto una responsabilidad monumental por el grupo que, con ideologías torcidas, gobiernan en mi país. Pues se me impuso la responsabilidad de elegir partida en un territorio agudamente parcializado políticamente. 

El hombre sin pertenencia.

No queda mal recordar a quien se tome el tiempo de leer esto que cuando empezó la mal llamada revolución yo solo contaba con 6 años, pero recuerdo y nunca olvidare que desde el principio la polarización se sentía, al menos en mi mundo; aunque este fuera el mundo reducido de un niño de 6 años que poco sabe del mundo que lo rodea, como si fuera algo natural recuerdo los comentario que hacia uno de mis compañeros.
-Mi mama dice que el presidente es un ladrón- Comentario que en mi mente pintaba la imagen caricaturesca del ahora difunto presidente vestido de negro con un pasamontañas entrando sin permiso por la ventana de alguien. Fue así como creciendo vi con mis propios ojos el odio de una parte por la otra y la pequeña pero siempre uniforme migración anual de la parte revolucionaria a la otra ,que llamaremos los contrarios. Esta migración se daba sin excusa y aquellos que migraban siempre miraban hacia atrás y a su asociación con una mezcla de nostalgia por lo que pudo ser y repugnancia propia por haber creído que podía ser.
 
Pude ver como mi familia afectos al sistema fueron abusados por los contrarios en cada oportunidad, de forma tan grave que hasta un cambio de escuela me toco ver por los ideales políticos de mi familia, hasta que un día decepcionados ellos mismo se convirtieron en contrarios, el tiempo y un evento tanto doloroso como indignante los llevo a cambiar. Me refiero a ellos como distintos a mi no porque piense algo malo de ellos, sino por la diferencia clave entre mi familia y yo, si bien ellos eligieron un partido y luego eligieron otro en su condición de seres libres, yo que crecí observando no elegí y aun me cuesta la elección. Lo que he vivido en estos tiempos me han llevado a una suerte de nihilismo político en donde poco espero de quien este en el poder.

No me siento parte del pueblo que defiende este gobierno, y no me siento parte de los contrarios, en efecto no siento que pertenezco, estoy atrapado en un desacuerdo perpetuo, no tengo pertenencia.

Una ayuda siempre sera bien agradecida, algún consejo, alguna opción que me ayude a pertenecer me encuentro en un estado lamentable, los afectos al gobierno tienen "patria", los contrarios tienen "esperanza" ¿Y yo? Yo solo tengo palabras.