-Te vas Alfonsina con tu soledad, que poemas nuevos fuiste a buscar-
Su voz era maravillosa, cada vez que escuchaba como cantaba se enamoraba un poco mas.
-Esta canción es muy triste ¿No te parece?- Pregunto delicadamente.
-Pero en tu voz queda hermosa- Le respondió.
-Bueno, en ese caso seguiré cantándola si no te molesta-
Mientras ella continuaba su mente viajaba, cada nota, cada dulce sonido de su voz le imponía un trance cada vez mas profundo.
-¿Tu sabes sobre quien es esta canción?- Le pregunto a el.
-Sobre una Alfonsina- Le respondió con un tono que debió sonar gracioso, pero salio imbécil.
El silencio se apodero un momento del lugar, un silencio que enfriaba el momento, trato de salvarlo.
-Eh, no, no lo se- Dijo con una sonrisa incomoda.
-Alfonsina Storni se llamaba ¿La conoces?-
-Creo haber escuchado de ella, ¿Era conocida de Quiroga?-
-Ah, ese si es un hombre que escribía cosas tristes- Le respondió.
El parque en el que estaban se vaciaba poco a poco, el con su guitarra y ella con su voz habían ido a pasar el rato, esperar que anocheciera, ver la luna y cuantas estrellas la luz de la ciudad dejara verse. Se conocían de toda su vida, sus padres eran amigos, el hermano mayor de ella trabajaba para el padre de el, en fin una historia larga en donde uno siempre miraba al otro sin tomarse el tiempo de realmente verse.
-Sábado fue y capricho el beso dado, capricho de varón, audaz y fino, mas fue dulce el capricho masculino a este mi corazón, lobezno alado- Recito ella, como en trance, lo miraba directo a los ojos, pero no estaba allí, se notaba que estaba en otro mundo.
-¿Que?- Fue lo único que logro responder, no sabia que estaba pasando.
-Es un pedacito de un poema de Alfonsina, a mi me gusta mucho- Le dijo suavemente.
Por un momento pensó en besarle, vino de la nada, la ternura de su voz le saco de toda lógica por un momento.
-No sabia que te gustaba esta mujer-
-Alfonsina- Le dijo
-Si, si, Alfonsina- Le respondió nerviosamente.
-Es un poema de amor, pero, no se, al final ella se entrega a quien le escribe, aunque el no esta dispuesto, o tal vez no puede entregarse también a ella- Le dijo.
-Tal vez el no sabe que se esta entregando, puede que si lo supiera se entregara también- Dijo el, buscando excusar a todo su genero.
-El sabe que ella se esta entregando, ¡Ella se lo dice claramente!- Respondió levantando la voz.
-A ver cuando se lo dice-
-En los últimos versos, dice así-
Inmediatamente tomo posición, respiro profundo y volvió al trance mientras mantenía contacto directo con los ojos de el. Se dio cuenta que tal vez no se iba a otro mundo y lo dejaba, solo tal vez el contacto visual debía hacer función de puente y llevárselo también.
-Ah y me resisto, mas me tienes toda, tu, que jamas seras del todo mío- Le recito.
El trance se fue y su mirada se disperso un momento, rápidamente volvió y le miro con un tácito ¿Ves? esperando respuesta.
-Bueno, aun creo que no le han dado oportunidad- Le dijo desafiante.
-¿Como puedes decir eso, acaso no ves que si no es de ella es de otra?- Le respondió, su tono un poco agresivo.
-Pero no sabes que respondió, el se merece su poema también, estas asumiendo que es de otra, tal vez simplemente esta ocupado, y aunque fuera de otra, ¿Quien dice que el no se entregaría luego de la confesión de ella? Tal vez el podría enamorarse de ella también y Nietzsche decía que todo amor tiene locura, pero toda locura tiene un poco de razón- Le dijo cuidando su tono de voz, no quería sonar imbécil de nuevo.
-¿Dices entonces que enamorarse de ella que se le entrega es una locura?- Cada vez parecía tenerle un poco mas de rabia.
-¡Claro que no! Solo digo, aunque fuera una locura tal vez, de haber amor, el se hubiera entregado, sin importar que pensaran, tal vez a pesar del sufrir de la mujer con la que ya estaba, si es que esa mujer en cuestión existía, no hay mucha lógica que acatar cuando el amor esta y es real, Nietzsche también decía que todo lo que se hace por amor esta mas allá del bien y el mal- Le dijo en el tono mas calmado que pudo.
-¿Nietzsche no enloqueció lentamente por la sífilis?- Le pregunto en un tono casi desagradable.
-Eso no lo sabe nadie, ademas, esta señora Alfonsina según la canción se suicido lanzándose al mar, y tu estas tomando uno de sus poemas bien a pecho, no se supone que critiques la vida del artista por como acabo, es su arte la que debes tomar y apreciar o despreciar a tu gusto-
-Tienes razón- Le dijo en voz baja, se sentía regañada.
-Piensa por un momento que hagas algo hermoso, que vivas algo hermoso, y eso quede plasmado en palabras, o en una canción, un libro, un poema, una pintura, una memoria, un sentimiento piensa que eso hermoso que has creado quieres compartirlo, ahora imagina que mucho después de tu muerte, alguien desprecie ese algo hermoso sin saber que es, solo basado en los errores que cometiste en vida, despreciando ese pedazo de ti que quedo en el mundo, mucho después de que te fuiste.- Le dijo
Mientras decía esto era el quien estaba en trance, pero no podía conectar con los ojos, instintivamente su mano toco la de ella y fue todo lo que necesitaba, mientras le hablaba se iban, ninguno de los dos noto que dejo de hablar y solo se miraban callado, el sol ya no estaba allí, en su lugar una luna gigantesca les recordaba la hora. Los dos volvieron a la tierra, ambos temían decir algo que convirtiera a aquel silencio majestuoso en uno incomodo.
-¿Si ves lo que digo?- Dijo casi susurrando, la voz le salia entrecortada.
-Creo que es un buen momento para callarse- Le dijo, su voz de vuelta a ese tono tierno y suave que adoraba.
De repente sintió tener el valor de intentar besarle, al mismo tiempo que ella. Se lanzaron al vacio, esperaban la suavidad del beso del otro, pero el impulso de los dos fue demasiado y solo se dieron un golpe cara contra cara, luego de la sorpresa solo rieron.
-Ehh, perdón Adriana, tal vez no era buena idea- Dijo el con una risa nerviosa.
-Daniel, escucha, te diré otros versos que me gustan de Alfonsina- Dijo mientras se preparaba para el trance
Esta vez no solo busco la conexión con sus ojos, tomo sus manos y se junto a el, era un trance completo, los dos dejaron en el parque sus cuerpos mientras sus conciencias volaban mas y mas arriba.
-Donde lo deba yo poner, mi corazón no ha de querer. Cuando le diga yo que si, dirá que no, contrario a mí. bravo león, mi corazón, tiene apetitos, no razón.-
No pudo reaccionar, ella lo estaba besando, soltó su guitarra y la tomo, la luna ya estaba sobre ellos, el tiempo pasaba sin dejar rastro entre el trance de amor que vivían, el silencio majestuoso lo callo todo.
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