Estas fueron las palabras que quedaron marcadas en la memoria de Sofía, esa oración , era lo que recordaba cada vez que alguien mencionaba su nombre, cada vez que alguien contaba algo que tuviera que ver con el. Todos los días pensaba en el y cada vez que lo hacia su voz sonaba en su memoria repitiéndolo una y otra vez, lo extrañaba terriblemente.
Era muy difícil para ella estar sin el, y aunque la vida no termino y ella ponía buena cara y seguía, en sus momentos de soledad lo recordaba, de nuevo esa oración la perseguía.
Décadas de matrimonio y muchos viajes tuvieron, pero ella no conseguía entender porque nunca la llevo a un lugar que solo ellos conocieran, tuvieron hijos muy jóvenes pero aun cuando crecieron no lo hicieron. En el momento no lo pensó, solo este ultimo año, solo después de su muerte fue que ella volvió a recordar, y a desear entender, a desear haber preguntado.
Hay que entender que Sofía adoraba inmensamente a Carlos, y el a ella, era un amor como debía ser, un amor en extremo real, un amor que en buenas y malas se hacia presente y vivo, no era un flujo intenso e interminable de pasión, era mas profundo, iba mas allá.
-¡Mamá!, vamos, tenemos que ir al banco- Le gritaba desde la cocina Ana.
Ana era la mayor de 5 hijos de Sofía y Carlos, si bien su amor era mas profundo que una simple fuente de pasión no se podría decir que esta no estuvo presente en todos sus años juntos, esto era sobretodo una fuente de molestia e inquietud para los padres de Sofía, pero eso es otra historia.
-Ya voy, estoy bajando- Le respondió en un tono angustiado.
Odiaba que la apuraran, lo toleraba porque era su hija, y aun así le desagradaba, Ana siempre había sido así, desde pequeña todo fue una carrera, una competencia, amaba a su hija pero no podía evitar pensar que era un ejemplo viviente de una personalidad tipo A tratando de dominar todo a su alrededor.
-Vamos mamá que es tarde ya, hay que ir al banco a ver que dejo papa en esa dichosa cajita de deposito-
La angustia de Sofía se transformo en ansiedad, la caja, al fin podría ver que tenia, desde que murió Carlos han tratado de ver sus contenidos, pero entre problemas sucesorales y parte de la familia Carlos que decidieron intervenir esperando encontrar objetos de valor en ella hicieron que les tomara todo un año poder abrirla, por suerte ya estaba resuelto todo.
Se montaron en el carro, Sofía no manejaba, nunca le gusto. Ana, quien tenia un par de niños pequeños aprovechaba que hoy estaba sola para poner la música que quisiera al volumen que quisiera y esto, para Sofía, significaba escuchar un sin fin de canciones que variaban desde un Gustavo Cerati que desde que despertó no dejaba de escribir canciones hasta los Rolling Stones que de alguna forma sobrenatural seguían vivos a pesar de tocar casi los 100, esta música no le molestaba, le recordaba mucho a Carlos. El amaba a esos artistas y ella con el tiempo había aprendido a quererlos también. Nunca olvidaba que cuando Carlos aprendió a tocar guitarra lo primero que hizo fue aparecer en su cuarto cantándole "Me quedo aqui" cantaba horrible, y no tocaba muy bien, pero como le gustaba ese hombre desafinado.
-¿Estas emocionada? Deberías estarlo, bastante costo conseguir abrir la bendita caja, vamos a ver que dejo papá allí, me emociona un poco pensar que podemos conseguir, ¿Que puede ser tan importante como para que lo guardara y solo nos enteráramos después de que se muriera?- Decía Ana a 5 palabras por segundo, tomando pequeños espacios para tomar aire y seguir hablando, que pulmones tenia ella.
-Si, si estoy emocionada mi amor- Le respondió suavemente.
Ana no la escucho, seguía hablándole, preguntándose cosas, se supone que hablaba con ella pero la mayoría de las cosas se las respondía ella sola, hacia teorías y las desarmaba de nuevo, se le ocurrían posibilidades solo para desacreditarlas cuando otra se le apareciera. Igual a su padre, hablaban y hablaban, Sofía no podía evitar querer que Ana la acompañara, se sentía un poco culpable, no quería que sus demás hijos pensaran que tenia algún favoritismo, pero ella era la mas parecida a Carlos y se lo recordaba en cada pequeña manía que compartiera con su difunto padre.
-Aja, aquí estamos, vamos mamá- Dijo Ana la ansiedad se sentía en su voz.
Entraron al banco, hacia frió pero el corazón acelerado de Sofía no le dejaba sentir mas nada que la emoción de abrir la caja.
-Buenas tardes, ¿Puedo ayudarla?- Le pregunto un empleado del banco.
Iba a responder pero salto Ana primero.
-Si, vinimos a abrir la caja yo llame vamos rápido por favor, es la caja numero 020411-
-Eh, muy buen, ya las llevo- Respondió intimidado el hombre.
Entraron en un pequeño cuarto y a los cinco minutos otro empleado del banco les entrego una pequeña caja, que luego abrió con una llave de bronce que parecía tener al menos unas cuantas décadas.
En la caja estaba una hoja de papel doblada en un cuadrado casi perfecto y fotos viejas.
Le dio las fotos a Ana y agarro el papel, al desdoblarlo consiguió que eran dos hojas de papel escritas a mano, se sentó y empezó a leer.
Mi amor te escribo esta carta para que sepas que aunque no estoy no me he ido, si me permites un momento de egoísmo te quisiera decir que me alegra que fui yo el que se fue primero, tu siempre fuiste mas fuerte y a mi me hubiera dolido mucho vivir en un mundo sin tus ojos acompañándome, durante nuestros años te escribí y te dije muchas cosas, pero en mi ausencia quiero que al leer este poema recuerdes que a ti te queda camino y que nunca estas sola, Benedetti lo dijo muy bien.
El resto de la primera hoja estaba escrita en verso, la letra de Carlos que generalmente era aparatosa y descuidada se hizo mas fina, buscando forzar una letra delicada aunque desafortunadamente fallando en lograrlo.
No te rindas,
aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros
y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda,
y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas, quitar los cerrojos, abandonar las murallas
que te protegieron. vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa,
ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento, aún hay
fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.
Porque ésta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás sola.
Porque yo te quiero.
Continuo en la siguiente hoja.
Dile a las niñas cuanto las quiero, son pedacitos de ti que ame casi tanto como a ti, (la parte de casi tanto como a ti puedes omitirla cuando se lo digas).
Esta carta te la escribo porque por mucho que quiera no puedo controlar que va a pasar, es una carta para que recuerdes todo nuestro amor, es una carta que deberias guardar y leer cuando te sientas sola, porque yo estaré ahí cada vez que la leas. Esta carta es solo para ti, y solo debes leerla tu, cada vez que la leas te iras a otro lugar, a un lugar donde solo estemos tu y yo, un lugar que solo tu y yo sabemos donde queda.
Te amo como a la vida misma.
Cerro la carta y respiro.
-¿Que dice mamá?- Pregunto Ana.
-Es para mi corazón, solo yo debo leerlo, palabras de tu padre- Le respondió.
No dijo mas nada.
Esa noche antes de dormir Sofía leyó de nuevo la carta.
-Vayamos a un lugar donde podamos estar solos, vayamos juntos a un lugar que solo tu y yo conozcamos-
-Voy contigo bebe- Le respondió ella.
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