domingo, 9 de marzo de 2014

El príncipe guerrero

Luciano creció sin tener una idea de donde venia, y realmente muy poco le importaba.

Deben haber otros con una infancia menos mimada que la de Luciano, pero lo dudo mucho, el sabia que el reino donde lo criaron no era el suyo, y mientras crecía fue notando que era muy rico, mas adelante también se dio cuenta de que a pesar de sus riquezas, no tenia ninguna posición social, ninguna seguridad, la paranoia poco a poco se apropio de el cuando entendió que la lealtad no podía ser comprada del todo, su único y mayor atributo de importancia -Por triste que sea- era su oro, y haría todo lo posible para mantenerlo y, de ser posible, aumentarlo.

En el mundo hay y habrán muchas personas avariciosas, esto no es siempre del todo malo, pero Luciano era una de esas personas particulares que solo quería más por tener más, y así como era, no le importaba en lo mas mínimo a quien atropellaba para aumentar sus riquezas.

Con este objetivo de siempre tener mas oro, Luciano había, desde muy joven, contratado mercenarios que quemaran y atacaran granjas y villas, para que cuando sus habitantes las dejaran comprarlas a un precio menor y luego venderlas a un precio mucho mayor una vez que estos ataque misteriosamente desistían. Luciano se regia por un sistema para generar riquezas al que llamaremos cariñosamente "Capitalismo Sociopático" una suerte de el fin justifica los medios donde, siempre y cuando el fin tenga oro, los muertos en el camino lo valen.

Desde hace mas de un año Luciano tenia el ojo puesto en un viñedo que se encontraba entre una montaña alta y nevada y una costa soleada, en este viñedo ya no se hacia vino, porque se descubrió que había una forma de sacarle más oro a la propiedad plantando flores de nube. Una planta muy particular, era en zonas muy especificas que florecía, y con un proceso no muy complicado podía crearse tela a partir de ellas, algo muy provechoso en las manos adecuadas.

Como era tan lucrativo, estaba bien vigilado y no bastarían unos cuantos mercenarios para cerrar el negocio, por eso Luciano había contratado a un ejercito entero, uno con muy buena reputación, el mejor del continente y como era de esperarse, no salio barato.

Por esto su sorpresa al despertarse y no ver el dragón de oro con detalles en joyas que le había prometido a Lucia, la jefa de aquel ejercito.

-¡Mi dragón!-

Rápidamente agarro la espada que estaba en la pared y se lanzo contra el ladrón que se había escondido detrás de una vitrina de vidrio en el reflejo de supervivencia mas inútil jamas demostrado por un humano.

Lorenzo tenia en su mano un escudo para defenderse de la espada de este hombre, que era, por raro que fuera, muy parecido a el.

La pelea entre Lorenzo y Luciano no fue una de golpes certeros y bloqueos heroicos, ninguno dio un golpe critico y pueden tener por seguro que en ningún momento hubo un momento sorprendente. Ninguno de los dos sabia como, Luciano en algún momento había entrenado con la espada pero no era capaz de golpear con ella de alguna forma que bajar su valor de mercado, así que casi no lo hacia, mientras que Lorenzo se movía lentamente hacia la escalera manteniendo el escudo entre el y el hombre con la espada, cosa que realmente es lo mas importante que se debe hacer con un escudo.

Luciano entendió que no el solo no iba a poder detenerlo, y después de su ira inicial lo primero que se le ocurrió fue negociar, le contó al ladrón lo importante que era el dragón, que era la paga para el ejercito de Lucia, que no se lo podía llevar, pero después de un rato la negociación se acabo cuando Luciano recordó que tenia guardias a su servicio.

-¡Ayuda! ¡Guardias!-

Lorenzo no era ningún guerrero, acelero su paso y llego al segundo piso y se monto sobre la ventana, era una caída considerable, pero sabia que iba a tener que saltar si quería escaparse, el hombre de la torre seguía gritando por los guardias y llego al segundo piso con dos de ellos acompañándole.

El príncipe aun no había saltado, para aquellos que no han saltado de un segundo piso, no es una decisión que se toma a la ligera ni con mucha velocidad, pero una que Lorenzo tomo de todas formas para no convertirse en el príncipe difunto.

Se pego contra la copa de un árbol y cayó directo en un cumulo de paja, se fue corriendo tan rápido como pudo con sus bolsillos haciendo ruido de tanto oro que llevaba.

No pudieron alcanzarlo los guardias, Lorenzo salio de aquel pueblo exitoso y con dos certezas, no debía volver jamás a ese reino, y tenia que evitar a toda costa a la tal Lucia y a su ejercito.

Estaba muy agradecido con su suerte, no tuvo que probar suerte con el papel de guerrero, triunfante el príncipe se fue a disfrutar de sus ganancias después de un trabajo bien hecho.

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