Lorenzo I era rey de un pequeño reino en lo que hoy en día es España, su reino no era nada particularmente interesante, había una pequeña capital, unas cuantas granjas, una plaza central y una taberna en cada poblado, nada fuera de lo normal en ese reino, pero quien se queja si tiene comida y bebida cuando lo quiere.
El rey había heredado de su padre todo lo que necesitaba para gobernar, grandes riquezas, un gran ejercito, un castillo hermoso y bien construido, hasta un pequeño viñedo en la frontera del reino. Pero esto a Lorenzo no le causaba ni gracia ni tristeza, el rey gris le decían, un hombre al que todo le daba igual.
El reino, que en un intento de solidaridad a su rey, era igual de gris y aburrido, tuvo un momento de emoción cuando una tarde de Abril el rey recibió una visita de duque de un reino vecino y se enamoro de una de sus sirvientas, la cual, cabe mencionar, acepto muy gustosamente el afecto que el mandatario le daba.
¡Escándalo en el pequeño reino gris!, el rey enamorado y a punto de casarse con una sirvienta.
-Tiene poca clase- decía la esposa del dueño de la taberna.
-No sabe usar los cubiertos- decía la jefa de sirvientas del castillo.
-Pero tiene excelente gusto en hombres- decía en voz baja el siempre particular dueño de la tienda de perfumes.
Pronto estuvieron casados, el rey, como todo hombre con bolsillos profundos y amor desmedido, la baño en joyas y vestidos, y la sirvienta, como toda mujer no muy enamorada pero convencida con la profundidad de bolsillos de su amado, mantenía al rey en un estricto régimen de palabras dulces, miradas profundas y noches salvajes.
El pueblo con el tiempo volvió a su estado gris e indiferente, después de un tiempo deja de divertir llamar zorra sin clase a la reina, y rumores sobre un posible ojo de vidrio o un sexto dedo en su pie izquierdo murieron rápidamente ya que el rey en su amor loco y febril por su reina acostumbraba caminar con ella por la capital para que todos la vieran. Pasaría un año exactamente para que el reino tuviera una distracción nueva, una que cambiaría a todo el reino a lo ancho y largo.
La reina estaba embarazada, y su barriga, si bien se supone que sea grande por el pequeño príncipe, era exageradamente grande.
-Una barriga horrenda- decían las señoras en el mercado de verduras de la capital.
-Esta ladeada hacia la izquierda- comentaba una de las nodrizas en los cuartos de las sirvientas.
-Pero que dicha poder quedar en estado y crear vida- decía el dueño de la perfumería a un carnicero que lo veía muy extrañado.
Cuentan que cuando fue a dar a luz la reina, el trabajo de parto duro hasta mes y medio, y cuando termino el rey tenia no solo uno, sino seis herederos, primero cuatro varones, luego una hembra y de ultimo otro varón.
Con todo dicho y hecho la reina muy exhausta tomo una profunda bocanada de aire y muy apropiadamente dijo:
-Uff, ya termine-
Muy apropiadamente porque al decirlo cayó muerta al instante, en efecto había terminado.
El rey estaba inconsolable, tan inconsolable que se fue de inmediato a su habitación y dejo a las nodrizas con los pequeños herederos, aun sin nombrar.
Al día siguiente el rey decidió dar un discurso al pueblo de la capital, sentó a sus herederos en pequeñas sillas para bebes reales -Reales de realeza porque no había duda de que realmente fueran sillas- en el balcón del castillo que daba a la plaza y se apoyo de la baranda para hablar.
-Como podrán ver, mi reina, la madre de estos pequeños herederos, murió en trabajo de parto-
-Una desgracia verdadera, era una mujer encantadora- le decía la esposa del dueño de la taberna a una mujer a su lado
-Era muy amable con todas nosotras- le comentaba la jefa de las sirvientas a una de las nodrizas
-Oh... pobre rey se ve... tan solo- decía entre sollozos el dueño de la perfumería mientras abrazaba al muy incomodo carnicero
Les hablo hoy para que sepan, que como los antiguos reyes, elegí acompañar a mi reina a la tumba.
Todo el pueblo quedo muy impresionado por estas palabras, sobretodo los historiadores que, a pesar de años de estudiar y escribir lo que pasaba, nunca habían escuchado de estos reyes que se mataban al morir su cónyuge, bueno, tal ves la mayor sorpresa la llevo el dueño de la perfumería que al escuchar las palabras colapso de la pura impresión.
A continuación el rey, que a estas alturas en su tristeza y desesperación no tenia muy presente, ni lo mejor para sus hijos, ni para el reino, le repartió la herencia a sus pequeños.
-¡Al primogénito, mi titulo, el sera el nuevo rey!-
Una nodriza levanto al niño para que lo viera el pueblo y este, aun sorprendidos, gritaron su apoyo.
-¡Al segundo mis tierras y al tercero mis riquezas, al cuarto los establos reales!-
De nuevo el pueblo aprobó con gritos y silbidos, solo el tesorero del reino noto que podría ser problemática la repartición y al instante decidió acercarse al tercer heredero en busca de trabajo.
-¡Y a mi única hija, mis ejércitos!-
El pueblo a estas alturas ya solo aprobaban ciegamente a lo que dijera su rey, no se imaginaban que habiendo dicho esto iba a sacar una daga y se la clavaría en el corazón. Hubo un silencio sorprendido en todo el público presente, y el dueño de la perfumería que acaba de volver en sí se desmayo de nuevo.
En toda la sorpresa de la situación, una de las nodrizas, la mas tímida de todas se acerco al rey y le dijo:
-Su majestad, se le olvido su ultimo hijo, a el no le ha dejado nada-
-Cierto- dijo el rey
Trato de pensar en que dejarle, pero es terriblemente difícil concentrarse cuando se tiene una daga clavada en el corazón, finalmente se dio cuenta que no quedaba nada mas para dar.
-Debió haber tomado algo para el-
Esas fueron las ultimas palabras del rey Lorenzo I, un poco injusta la noción de que un recién nacido deba o si quiera pueda tomar algo, pero fueron palabras que concuerdan con la vida que llevaría este sexto heredero, fuera o no de el, este sexto príncipe tomaría lo que quisiera y lo haría propio.
Al primer príncipe lo acogió el concejo real, al segundo se lo llevo la jefa de las nodrizas a un viñedo que ahora era de el, el tercero fue encomendado al tesorero real quien desapareció con dinero y príncipe al día siguiente, el cuarto al administrador de los establos a las afueras de la capital, a la quinta, la única niña se la llevo el general del ejercito a una de las barracas fronterizas donde seria criada, y al sexto príncipe... Al sexto príncipe se lo llevo la pequeña nodriza tímida a su casa en la parte pobre de la capital.
Así comenzaba la vida del sexto príncipe, y la decaída del pequeño reino, que ahora tenia un rey nuevo sin riquezas ni tierras, sin ejercito para defenderse y sin caballos para moverse.
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