viernes, 7 de marzo de 2014

El príncipe ladrón

Pasaron unos 10 años cuando Lorenzo llego a dar con un pequeño reino junto al mar, ahí había un hombre que según los rumores, vivía en una gran torre, y era uno de los hombres mas ricos del continente.

Era un reino extraño, eso lo noto el príncipe desde que llego, resulta que el antiguo rey de aquel territorio disfrutaba mucho la bebida y la fiesta, y en un ataque de estupidez -Y con ayuda de un sirviente ligeramente psicótico- decidió decretar que estaba prohibido prohibir en el reino. No vivió mucho para ver como funcionaba aquello para el, pues al decretarlo un cierto sirviente decidió clavarle una navaja en la garganta y como nada estaba prohibido, nadie hizo nada para detenerlo.

Así que este reino no tenia rey, tenia muchos herederos que, por miedo a compartir destino con el antiguo rey liberal, no aceptaban el cargo. Entre todo esto se encontraba este personaje misterioso, tenia una de las mas grandes riquezas existentes, pero como vivía en un reino donde todo era legal, vivía en una total y absoluta paranoia.

El blanco era obvio, iba a robar al hombre de la torre, como hacerlo, bueno ese ya era otro detalle. Con los años robando Lorenzo había aprendido a analizar debilidades en vigilancia, ventanas para entrar, paredes que trepar, posibles vías de escape, todo con solo sentarse a observar el lugar que pretendía robar.

Eran muchos los guardias en la entrada principal así que tendría que entrar por el patio trasero, el muro no se veía particularmente alto, podía treparse, aun asi no era lo suficiente bajo el muro para poder ver hacia adentro así que tendría que buscar donde se guardaba el oro una vez dentro. Solo tenia que concretar como y cuando entrar.

Paso una semana evaluando posibilidades, y en esa semana pudo notar una particularidad en la torre en el centro de toda la propiedad. Durante el día parecía que no hubiera vida en ella pero tan pronto oscurecía todas las ventanas abrían y luces de muchas velas alumbraban un cuarto en el primer piso de la torre, el que tenia una ventana al patio trasero.

Al principio no tenia muy claro que significado tenia esto, así que por precaución se tomo una semana extra para buscar cuanto información pudiera al respecto, pero en el pueblo parecía que nadie podía ayudarle, en el castillo del reino, donde la mayoría de los herederos al trono vivían en un encierro absoluto, solo podían decirle que el hombre era tan rico como exclusivo -Y el hombre era obscenamente rico- así que nunca salia de su torre.

Lorenzo pensó que no iba a conseguir nada, hasta que un día saliendo de la taberna local vio a un viejo vagabundo tirado en la esquina y, acordándose de su tiempo de pedigüeño, le dio unas monedas y se lo llevo a darle algo de comer.

Era un hombre pequeño y muy viejo, y veía a Lorenzo en los ojos como si lo conociera pero sin saber de donde.

El señor comía mientras le contaba a Lorenzo la historia de como termino en ese estado -Los ancianos parecen disfrutar como beneficio de su edad, el derecho implícito de contarle su historia de vida a quien lo escuche- y Lorenzo, tal vez por distraerse, lo escuchaba.

-Yo era un gran contador años atrás, esos eran los tiempos, el contador real, por desgracia el rey que le ponía el adjetivo real a mi nombre decidió matarse por una sirviente y separar todo entre sus herederos, ese rey era un imbécil-

Lorenzo reconocía la historia, la contaban mucho en el reino de donde venia, recordaba en su infancia a cierto dueño de una perfumería que lo contaba entre sollozos y con mucha pasión.

-Decidí llevarme a uno de los herederos, era el contador ¿No?-

Lorenzo asentía calladamente.

-Me lleve a quien heredo la fortuna de aquel rey suicida, y me lo lleve rápidamente de ahí, era obvio que con todas las propiedades separadas los impuestos subirían y pronto tratarían de quitarle las riquezas al niño, así que me lo traje a este reino, veras el antiguo rey de acá era muy amigo mio, y extremadamente liberal, así que nunca me cobro ni un centavo en impuestos, por desgracia en este continente parece que los reyes son cada vez mas idiotas y terminan matándose por sus propias decisiones... Bueno no se puede esperar mucho de reyes que tienen unas tres generaciones casándose entre familia-

A estas alturas Lorenzo ya se había dado cuenta de su suerte, dio con probablemente el único ser en este reino que sabia quien era el hombre en la torre.

-Con el tiempo las riquezas del niño se expandieron y expandieron, pero me di cuenta que el no era muy normal, a todos nos gusta el oro, queremos lujos, comprar cosas, tener cierto estatus social, pero el... Ese niño solo quería tener mas oro por tenerlo, al pasar los años se ponía más y más paranoico, se mudo del tope de la torre al primer piso solo para poder vigilar sus riquezas, empezó a dormir durante los días para vigilar de noche el por su ventana, eventualmente me saco de la propiedad y me dejo en la calle convencido de que quería robarle todo-

Eso era, el dueño de la riqueza vivía en el primer piso de la torre y por eso estaba encendida de noche, no era muy común que viviera allí, generalmente los ricos viven en el tope de las torres, con las escaleras en espiral al sentido del reloj de forma que sea mas fácil para un diestro defender desde el tope al invasor.

Se notaba que a este hombre no le importaba en lo mas mínimo el estatus, el viejo contador tenia razón, solo quería oro por tener más oro, era el blanco perfecto para Lorenzo, rico y lo suficientemente desagradable como para no tener remordimientos.

-Pero no todo me ha ido mal desde que me boto, por un tiempo trabaje en la... ¿A donde te vas?-

No dijo una sola palabra, se paro y salio del local, al anciano no le causo tanta molestia de todas formas, todavía tenia un plato de comida por terminar.

Ya sabia por donde, como y cuando entrar, ahora solo necesitaba una vía de escape, pero después de tanto tiempo en ese pueblo y con necesidad de un poco de aventura decidió averiguarlo una vez adentro de la torre, por si acaso había puesto paja al rededor de los muros en caso de tener que saltar.

Tan pronto el sol se levanto aquella mañana Lorenzo empezó a trepar las paredes del patio trasero, entre los jardines se puso a buscar, usando la ventana del primer piso como referencia, el lugar donde podía estar el oro, pero solo veía 2 pozos de agua.

Quien lo diria, los guardias -Que generalmente no son la parte mas colaborativa en un robo- le dieron la respuestas, tres veces sacaron agua de uno de los pozos pero no se acercaron al segundo, era todo lo que el príncipe necesitaba para decidir, espero a que nadie viera y salto al pozo.

Como era de esperarlo, el pozo estaba seco, pero para nada vacío. Por suerte después de años de saltar de muros Lorenzo tenia una idea muy clara de como aterrizar sin romperse una pierna.

Metió cuanto oro pudo en su bolso y se dirigió a una puerta que estaba allí. Subió por las escaleras, unas escaleras de espiral, estaba en la torre.

Llego al primer piso y algo llamo su atención -Su atención de ladrón- al lado de la cama del misterioso dueño de la torre había un pedestal y encima de este un dragón de oro con detalles en jade y zafiro, era demasiado atractivo como para no llevárselo, al menos para Lorenzo, cuidadosamente lo tomo y lo guardo y mientras se acercaba a la escalera noto las espadas de adorno en las paredes y los escudos en vitrinas, tantas cosas que robar y tan poco espacio.

La distracción solo le hizo mayor la sorpresa cuando desde la cama escucho un grito.

-¡Mi dragón!-

Como reflejo, se escondió detras de una vitrina, no había notado al hombre en la cama, ahora que estaba de pie pudo verlo mas a detalle, fue grande su sorpresa ver que estaba robando a alguien idéntico a el.

Mas sorprendente fue la espada con detalles en diamantes con la que lo estaba amenazando ahora, rápidamente Lorenzo tomo un escudo de la vitrina para defenderse, si quería escapar, al príncipe ladrón le tocaría convertirse en un príncipe guerrero.


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