Los años pasaban y la nodriza por mucho que trabajaba no tenia mucho dinero para alimentar a un niño en crecimiento, le había puesto Lorenzo como su difunto padre -Ella no era muy creativa- pero jamas le había dicho de donde venia, es mas, cuando el pequeño Lorenzo le preguntaba sobre sus verdaderos padres, la tímida mujer simplemente se iba caminando, no por maldad, sino por nerviosismo, su respuesta cuando algo le incomodaba era huir, cabe mencionar que muchas cosas le incomodaban a ella.
Esta respuesta solo le sirvió mientras el príncipe era bebe, cuando este aprendió a caminar -En parte por tratar de alcanzarla cuando ella se iba- la nodriza decidió cerrarle puertas, luego de que el infante aprendiera a abrirlas y hasta a forzar cerraduras a la mujer no le quedo mas nada que correr para huir, lo que a su vez resulto en que el niño aprendiera a correr y con mucha rapidez.
La nodriza, por necesidad de comida, había vendido, primero su techo, y luego sus paredes, de forma que a ella y al príncipe solo les quedaba una cuadro de piso que llamar casa, lo cual puede ser muy inconveniente por aquello de las lluvias, pero ellos sobrevivían, con lo poco que tenían.
El reino por su parte cada día iba peor, el rey era solo un niño, y las decisiones por lo tanto las tomaba el consejo real, uno bastante corrupto por cierto, esto era solo uno de los muchos males, pues el antiguo rey en su ultimo acto, dejo a un reino que tenia un rey, pero que no tenia ejercito para defenderse, no tenia riquezas con las que ayudar al pueblo, no tenia tierras a las que sacarle provecho y ni siquiera tenia establos para el transporte del mandatario.
Por falta de un rey adulto y riquezas había fuerte corrupción y fuertes impuestos, por falta de ejercito las invasiones de piratas en las costas y mercenarios en las tierras eran cada vez mas común, por falta de tierras no había muchas formas de amasar riquezas para el pobre rey, así que, en definitiva, el difunto Lorenzo I en nombre del amor dejo mal parado a todo el reino.
Un buen día un colector de impuestos llego al cuadrito de suelo que la nodriza y el joven Lorenzo llamaban hogar, el hombre decía que le debían mucho dinero a la corona y por lo tanto le quitarían el terreno. La nodriza, naturalmente, reacciono huyendo, corrió tan rápido como pudo y el príncipe jamas la volvió a ver.
El niño, sin hogar, sin nodriza y sin comida se dio cuenta que, luego de ciertos días, el hambre puede ser realmente molesta, así que decidió, como buen niño, buscar un adulto que le diera algo de comer.
Camino por la capital y vio al carnicero y se le acerco con la timidez que tanto le había visto a la nodriza.
-Señor, ¿Me podría dar algo para comer?-
El carnicero ya lo había visto hace días y se notaba el hambre en la cara del niño, así que lo vio, tomo un profundo respiro y con una sonrisa le dijo.
-Vete de aquí antes de que te de unos golpes ¿Si?-
Lorenzo obedeció y se alejo rápidamente de ahí. Después de un rato dio con el mercado de verduras, donde una señora se le acerco y muy cariñosamente le dijo al oído.
-Corazón, si te veo agarrando algo, te mato-
El joven de nuevo obedeció, y un poco perturbado por lo pasivo-agresivo del pueblo decidió sentarse en una esquina a pedir limosna, el día paso lentamente y de poco en poco algo de dinero reunió. Recién llegada la noche se le acerco un hombre con un plato de comida, se le sentó al lado y se lo dio a Lorenzo.
Con el hambre que tenia no lo pensó dos veces, acababa de terminar el plato cuando se dio cuenta que el hombre con un cuchillo en la mano le estaba quitando el dinero que había reunido.
-Esta esquina en la que estas es la mía, y si te vuelvo a ver acá, bueno, solo imagínate lo que te puede llegar a pasar-
Era lo ultimo que necesitaba, por un momento canalizo a la nodriza que lo crió y decidió correr, correr fuera de la capital, irse lo mas lejos posible de ese pueblo de personas amargas y grises, corrió hasta que las piernas no dieron mas, para ese entonces ya estaba en medio de un bosque en las afueras de la ciudad, ahí al aire se echo a dormir -Para el no era nada extraño dormir al aire, por aquello de que su hogar no tenia ni paredes ni techo- y al despertar a la mañana siguiente decidió seguir alejándose de aquella ciudad.
Pasaron días y el hambre de nuevo acechaba al pequeño, lo ultimo que había comido era una ardilla que cometió el error de querer jugar con un niño que tenia días sin comer, por suerte a lo lejos escucho voces y cuidadosamente se acerco al lugar de donde provenían.
Era un campamento de leñadores, en medio de ellos una fogata con un gran pedazo de carne, el olor era hipnotizante para el pequeño vagabundo, el hambre lo torturaba, pero sabia -O pensaba que sabia por experiencias pasadas- que si se acercaba a pedir un poco lo que menos podía pasar era que le ofrecieran golpes de nuevo.
No, nunca más se arriesgaría a que lo amenazaran de nuevo solo por tratar de ser amable, en ese momento decidió que la única forma de comer esa noche, era robarse ese pedazo de carne que se cocinaba en la fogata.
Trepo un árbol -Cosa que había aprendido a hacer durante la persecución de la ardilla antes mencionada- y se sentó en una rama a planear el robo, y a esperar que la carne se cocinara un poco más.
Eventualmente movieron de la carne de la fogata y la pusieron en una mesa de madera, un pequeño momento de descuido del que la cortaría basto para Lorenzo que salto de su rama, cayó en la mesa y corrió con el pedazo de carne en sus manos. Trataron de alcanzarlo, pero los leñadores no habían tenido una nodriza como la del príncipe para aprender a correr así de rápido.
Esa noche el pequeño príncipe vagabundo no solo comió como no comía desde que tenia memoria, sino que además dejo atrás su etapa de vagabundo para convertirse en ladrón, desde aquel día fuera, o no fuera suyo, el joven Lorenzo tomaría cosas para el, tal como las ultimas palabras del padre que no conoció dictaban.
Esta nueva política de vida llevaría al príncipe por diversos reinos a lo largo del continente, con el tiempo se convirtió en un excelente ladrón, uno metódico y calculador.
Aun así Lorenzo siempre tenia un pesar en su mente, podía robar casi cualquier cosa que quisiera, pero no sabia de donde venia y mucho menos hacia a donde es que iba.
El príncipe ladrón seguiría su camino hasta que algo lo detuviera.
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